Paralelos de las políticas neoliberales

Este diario dialoga con un joven puertorriqueño, quien describe el panorama al que se resisten los universitarios de su patria, un problema que también se replicaba en estos días en Gran Bretaña

Autor:

Yailin Orta Rivera

PRETORIA, Sudáfrica, 14 de diciembre.— Frederick Cortés Díaz sintió un golpe seco y punzante en su estómago cuando en horas de la mañana de este martes conoció la noticia de que sus amigos y compañeros de la Universidad de Puerto Rico (UPR) anunciaron que irán a una huelga indefinida, hasta que se elimine el incremento de 800 dólares a la matrícula y se retire a la policía de los recintos de ese centro.

A más de 10 000 kilómetros de su tierra, la ansiedad por conocer detalles de lo que está sucediendo  crecía en espiral en este joven de 21 años, que cuando entablamos diálogo vestía tenis, un pantalón desenfadado y pulóver con el rostro del subcomandante Marcos, a quien considera uno de los íconos de sus luchas como universitario.

Frederick, quien asiste a la cita de Pretoria como representante de las banderas que levanta la juventud de izquierda de Puerto Rico, junto a Roberto Guzmán, estudiante de la Escuela Latinoamericana de Medicina e integrante de la delegación cubana, se alistaba para comenzar la jornada cuando recibió el mensaje electrónico de un amigo que lo puso —de forma casi telegráfica— al corriente de lo acontecido.

En el texto le precisaba que Omar Ramírez, presidente del Consejo General de Estudiantes de Río Piedras, después de varias horas de intenso debate con el presidente de la UPR, José Ramón de la Torre, y dirigentes de diez de los 11 recintos de esa institución, no lograron llegar a un consenso, por lo que propusieron como camino implantar el voto de huelga.

—¿Frente a qué sentimientos te colocó esta noticia?

—Primero sentí temor por la suerte de mis compañeros, por el desenlace que puede tener esta situación, y después comprendí que, con la fuerza de un huracán, debía trasladar a los participantes en el Festival las causas de nuestro movimiento universitario.

Mientras el estudiante de 4to. año de Ciencias Políticas responde a las preguntas de esta reportera, por su mirada entran los sueños de sus conterráneos: «Es inaceptable que la educación esté en manos de los neoliberales, quienes creen que este servicio —que es además un derecho para todos los pueblos—, también tiene que abultar sus sucias arcas.

«Ver que se está convocando a una manifestación me inundó de un especial orgullo, porque se constatan la fuerza y la moral de mis amigos de lucha, quienes no se han dejado amedrentar por la amenaza de violencia y están defendiendo —en el tono con que debe hacerse— el derecho a la educación pública y no solamente para aquellos que puedan costearla.

«Tan justa es nuestra causa, que ya he podido ver a través de las redes sociales a los amigos que en un principio se mostraban más vacilantes y que en las condiciones actuales se han sumado, escribiendo mensajes de apoyo a nuestro movimiento estudiantil, y eso ya es una señal de cómo se ha masificado la conciencia sobre esta problemática».

Desde que completó su visión sobre lo que le habían transmitido capsularmente por correo, lo inunda también la vergüenza de saber que, poco antes de tomada la decisión final, el Tribunal Supremo de Puerto Rico emitió una regulación desautorizando a los estudiantes de la UPR a manifestarse y protestar libremente para exigir sus derechos, al tiempo que le entregó a las autoridades universitarias la facultad de reglamentar las expresiones de rechazo que se generen.

Como para denunciarlos sin cansancio, este delegado a la cita de Sudáfrica nos advierte de los peligros que corren sus compatriotas: «Las imágenes de la prensa puertorriqueña reflejan que en los predios de la UPR han intervenido unidades represivas especializadas y se han desplegado otras, como la antidisturbios, la canina y la montada (a caballo)».

Nos revela además que los temores se acrecientan por el incierto desenlace que puede tener este episodio: «Cualquiera que haya sido testigo de la ocupación de la policía cuando estableció un cuartel dentro de los predios de la Universidad durante el paro de 48 horas del 7 y 8 de diciembre, encabezado por los estudiantes con el objetivo de hacer presión a la Administración y al Gobierno para que derogaran esta cuota, que aumentaría considerablemente el costo de los estudios, puede entender la magnitud del peligro que aprecio».

Confiesa el coordinador y portavoz del Comité de Acción de la Facultad de Educación que los tonos de este hecho se han elevado, pues el jefe del cuerpo armado, José Figueroa, ya ha anticipado la posibilidad de establecer cuarteles en los recintos universitarios.

—Al escucharte comparto la impresión de que se bordea un abismo… ¿Qué reacción ha tenido el pueblo frente a estas desatinadas posiciones?

—Miles de puertorriqueños están reclamando la salida de la policía de la UPR y denunciaron la inseguridad prevaleciente en el país. Y estuve al tanto de que María Gisela Rosado, presidenta de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios, responsabilizó a las autoridades gubernamentales de cualquier situación de violencia en nuestros recintos.

«Por eso es tan importante sumar voces en un espacio como este, porque los estudiantes estamos reclamando nuestro legítimo derecho, y no impedirán nuestros propósitos con sus botas represivas.

«No apagarán nuestra voz, y ya lo demostramos durante la huelga de 60 días que mantuvimos durante los meses precedentes, que se extendió de abril a junio, en la que luchamos porque se le eximiera del pago de la matrícula a los deportistas, artistas y estudiantes del Cuadro de Honor (los que obtienen los promedios más altos), objetivo que logramos, así como pudimos aplazar hasta estas fechas el aumento en el costo de la matrícula, por lo cual hoy volvemos nuevamente a manifestarnos».

—¿Cómo valoras esta coyuntura en la historia del movimiento estudiantil de Puerto Rico?

—Es decisiva, porque no solamente se está defendiendo el futuro de la educación, sino el del país. Si no hay un sistema de Educación accesible a todos se forma una masa desinformada, incapaz de reaccionar frente a los tentáculos de la intervención extranjera, que presiona cada día más para aumentar sus jugosas ganancias en mi patria.

—¿Cuáles son tus aspiraciones como miembro del movimiento juvenil de izquierda puertorriqueño?

—Que la realidad de mi país pronto cambie: que sea libre y socialista, y que sea posible alcanzar la autonomía y tener un co-gobierno con los sectores que componen la Universidad.

«Deseo también que sea posible la equidad entre los géneros, la justicia ambiental, la solidaridad internacional y la unidad de las fuerzas progresistas.

«Por eso en este Festival me pronunciaré por la autodeterminación y descolonización del pueblo de Puerto Rico, y pediré el apoyo internacional al movimiento estudiantil para exigir la excarcelación de los Cinco Héroes presos injustamente en cárceles norteamericanas, como lo están nuestros compatriotas Oscar López Rivera y Avelino González Claudio».

—Una batalla semejante a la de ustedes libraron, contra equipados cuerpos represivos, estudiantes universitarios y sus profesores en Gran Bretaña. ¿Qué opinión te suscita esta coincidencia?

—Este fenómeno demuestra que no se trata de un problema de ubicación geográfica, sino que tiene como raíz la aplicación de las descabelladas políticas neoliberales en el mundo, que pasan a manos privadas algo tan humano e indispensable como la educación.

«Ellos pretenden que solo los ricos tengan derecho a los títulos universitarios; por eso esta es una de las más urgentes batallas por las cuales tenemos que unirnos los jóvenes».

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