Ese vuelo de alas largas

Liudmila Álamo, primera secretaria de la UJC, quien encabeza la delegación cubana a Pretoria, dialoga sobre los agudos problemas de este mundo, que debe despejar con fuerza de cíclopes la juventud progresista

Autor:

Yailin Orta Rivera

PRETORIA, Sudáfrica, diciembre 2010.— Los que se arriesgaron a vaticinar el fin de la historia y el inicio de la eternidad del capitalismo como modelo universal, han quedado desarmados con la fuerza interior que por estos días conecta a la juventud progresista mundial.

Quien se asome al XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se celebra en Sudáfrica, podrá asistir a un encuentro pródigo en argumentos que nacen del corazón, y a una pasión que escapa a toda actitud mansa hacia el imperialismo.

Los actores del futuro que a no pocos preocupa, han hecho vibrar las tribunas en los primeros días de trabajo en Pretoria, con el propósito de sacudirse definitivamente de los agudos problemas que pone el capitalismo sobre sus hombros.

Liudmila Álamo, primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas, quien encabeza la delegación de la Isla en estas jornadas cargadas de prisa, accedió a hablar de ese vuelo de alas largas que tiene que emprender la juventud progresista para despejar el futuro.

—En la agenda de los festivales siempre ha estado presente la lucha por la paz mundial pero, como advierte Fidel, esta —como nunca antes— se ha visto muy amenazada. ¿Puede este movimiento influir en la movilización internacional frente a un dilema semejante?

—Estamos convencidos de que sí, de que la influencia del movimiento juvenil progresista es determinante en este tema. La voz de los jóvenes, aunque algunos la pretendan silenciar o presentarla carente de argumentos serios, siempre será escuchada por la fuerza que tiene.

«No debemos olvidar que las grandes manifestaciones juveniles, en otros momentos de la historia, condujeron a cambiar políticas, a transformar escenarios. Solo bastaría recordar el movimiento de protesta de los jóvenes norteamericanos al frente de una parte importante de ese pueblo en contra de la guerra imperialista en Vietnam. Tampoco debemos olvidar que es a los jóvenes a quienes más nos interesa un mundo de paz y progreso».

—La heterogeneidad de fuerzas que componen este movimiento hace más difícil impulsar propósitos. ¿Cuánto ha pesado el liderazgo de las organizaciones juveniles cubanas en la solidificación de un evento que traspasó su momento de recomposición después de la caída del muro de Berlín?

—Creo que nuestro liderazgo como organización juvenil se lo debemos a uno mayor, que es el que ha desempeñado la Revolución Cubana dentro del ámbito de la izquierda y de los movimientos progresistas del mundo.

«Precisamente por lo que Cuba representa para los pueblos que luchan por sus derechos es que la Unión de Jóvenes Comunistas es vista como ente aglutinador de los reclamos juveniles en el marco del movimiento de los festivales y en otros espacios afines.

«No debe olvidarse que fue nuestro país, y especialmente nuestro Comandante en Jefe, quien evitó que muriera este hermoso movimiento. Y esa es hoy nuestra principal meta, que sigan vivos y profundice en su alcance y contenido político».

—El mundo puso sus ojos intensamente sobre Sudáfrica este mismo año, a propósito del Mundial de fútbol, sin embargo es evidente el fuerte desbalance mediático que se aprecia entre ambos eventos internacionales…

—El recién finalizado Mundial de fútbol fue además de una fiesta de ese universal deporte, un espectáculo comercial de enormes proporciones, donde los intereses monetarios de los grandes medios de información son colosales, y esos medios están todos en manos de grandes oligarquías capitalistas que han convertido al deporte en un negocio.

«Esos mismos medios no reaccionan igual cuando se trata de divulgar los verdaderos problemas que hoy tiene el mundo. Mantienen un silencio vergonzoso ante un evento como este que reúne a miles de jóvenes de todo el planeta, porque lo que aquí se denuncia a ellos no les conviene que la humanidad lo conozca, pues los verdaderos dueños del poder mediático son a su vez los responsables de los males fundamentales que amenazan a la juventud mundial.

«Este es un ejemplo elocuente de la falacia en que se convierte la libertad de prensa en manos de esos señores».

—El Festival surgió en un momento en el que existía un sistema mundial socialista, incluso las sedes de estas citas eran regularmente países de esa comunidad. ¿Cuáles son, en su opinión, los desafíos de un movimiento que tiene que actuar en un universo con otras características?

—Tenemos grandes desafíos, pero el principal es preservar la especie humana, amenazada seriamente por el peligro de una guerra nuclear y por la debacle que puede provocar el cambio climático; ambos fenómenos producidos por la insostenible sociedad de consumo que pretenden presentarnos como modelo único para los pueblos.

«Ante esta realidad debemos fortalecer los movimientos juveniles y estudiantiles de izquierda en todo el mundo, para que ganen espacio y se amplíen sus influencias. Nos corresponde además defender las causas de los pueblos tanto de América, vinculados con el ALBA, como los de otras regiones.

«Otro de los grandes retos que tenemos es que se levante el bloqueo genocida a que está sometido nuestro país y que se haga justicia con los cinco hermanos que hoy cumplen injusta prisión en cárceles norteamericanas».

—No pocos pronosticaron que con la caída del campo socialista también se desplomarían los movimientos progresistas del mundo. ¿A qué cree que se deba que los jóvenes sigan apostando por una iniciativa como esta?

—Considero que después de ese primer momento, que podemos llamar de euforia de la derecha mundial y desconcierto de los movimientos progresistas y revolucionarios, ha despertado una conciencia de la realidad oscura a que el capitalismo pretende conducir a toda la humanidad.

«Este entorno es apreciado por todos, y los jóvenes, en primera fila, han comprendido que la apuesta es por un mundo mejor, más equitativo, racional y justo, que no podrá construirse sobre las bases enfermas del consumismo, la xenofobia y las guerras.

«Por todas estas razones es que seguimos convocándonos en citas como estas, porque creemos que nuestras ideas triunfarán».

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