Calderas, donde Bolívar le regaló su caballo a Martí

En la quietud de un pueblo andino, misiones sociales cubanas hacen bueno el dicho de «una mano lava a la otra y las dos lavan la cara»

Autor:

Juana Carrasco Martín

CALDERAS, Barinas.— Al llano, en Apure y Cojedes, primero lo vi desolado y agrietado por la inclemente seca donde deambulaba un ganado sediento, en puro hueso y pellejo. Luego lo recorrí inundado, y entonces las reses apenas emergían la cabeza, nadando en busca de un mínimo metro de más que les permitiera descansar y subsistir. Entre estos dos extremos de la dura naturaleza, una tercera visita, esta vez a Barinas, dio el balance climático adecuado, y se veía verde brillante, esplendoroso en su horizonte de tierra y cielo —abierta una, despejado el otro—, donde pastaban los animales en la tranquila y calurosa soledad de una sabana infinita.

Al llano, Rómulo Gallegos lo describió como «Tierra de hondo silencio virgen de voz humana, de la soledad profunda, del paisaje majestuoso que se pierde de no ser contemplado…». Y hemos tenido esa suerte, la de descubrirlo y conocer a un pueblo que sabe como pocos contar, cantar y bailar amores y desamores, faenas, mitos, juegos y alegrías.

A este asombro, uno más le acompaña: Barinas no es solo el llano, tiene más que cuando las tribus Varyná, en el valle del río Santo Domingo, se extendían hacia las estribaciones de la cordillera andina. Barinas es también Los Andes, y hasta allí llegamos por una carretera estrecha, de acentuadas pendientes y curvas, donde un par de deslaves por las lluvias recientes nos hacen detenernos en la subida porque trabajan hombres y máquinas para reparar —definitivamente, si la naturaleza así lo quiere—, lo que han destruido días antes con su fuerza y empuje cuando bajan las aguas de las montañas en los páramos de Calderas que terminan dando sus aguas al Apure.

Las alturas suelen llegar hasta los 3 500 metros, pero la comunidad de Calderas, el pueblito más andino de Barinas y que da nombre a la parroquia de 28 caseríos, se alza a 900 metros sobre el nivel del mar, entre esas majestuosas moles donde florece un bosque tupido, sombra de los cafetales que, aseguran los lugareños, da el café de mejor aroma y sabor cosechado en toda Venezuela. Y de verdad que era bueno, hecho como preferimos degustarlo los cubanos: caliente, amargo y fuerte; así nos lo brindaron los ocho colaboradores de las misiones Cultura Corazón Adentro y la Deportiva Barrio Adentro que nos esperaban con una muchachada bullanguera, dispuesta a demostrar creatividad y talento, cultivados por los equipos de trabajo que también integran activistas venezolanos…

«Entre montañas», una fiesta

Las cuerdas de la guitarra, el cuatro y el violín —los instrumentos preferidos de los caldereños— se escucharon en la Casa de la Cultura Avelino Moreno, su fundador, situada en una bella casona colonial de dos plantas, en la esquina colindante a la de la azul iglesia del pueblo que abre sus puertas hacia la Plaza Bolívar, de grandes árboles con troncos cuajados de orquídeas.

Un joropo bien zapateado por una pareja de pequeños que apenas levantaban una cuarta del suelo, bellas voces infantiles, títeres que hicieron reír de lo lindo, declamadores y grupos de baile, mostraron lo que a Carmen Yuraima Morón «la motiva a seguir adelante».

Caldereña de pura cepa, la activista venezolana que trabaja mano a mano con los instructores cubanos, no deja de mostrar orgullo por las tradiciones y la cultura de su terruño y sus artistas, y menciona a Don Avelino y al ensayista, poeta, cuentista, periodista y economista Orlando Araujo. Ella afirma que la entidad ha ganado mucho con la atención que se le presta por el Gobierno Bolivariano.

Como parte de ese cuidado espiritual apunta que la presencia de la Misión Cultura Corazón Adentro «ha contribuido bastante al realce y fortalecimiento de nuestra cultura. Para mí ha sido una experiencia muy bonita, una historia compartida con personas de otro país», y se congratula de que «mi primer encuentro ha sido con cubanos como Yadeline Muñoz, la instructora de danza», y menciona como elemento de los logros «el apoyo mutuo y también el de los padres que permiten a sus hijos participar».

Cinco talleres, tres en la comunidad, uno escolar y otro en la Casa de la Cultura, en los que participan más de 400 personas de todas las edades, son los escenarios en que se desenvuelven las actividades del grupo de Corazón Adentro en Calderas, y para la licenciada Carmen Yuraima constituyen los centros de donde parte su deseo de crear.

Al presidente Chávez le da las gracias por esta oportunidad, y dice su aspiración mayor: «Rescatar nuestra cultura, lo andino, lo artesanal», y habla de la Danza del Santo Domingo de Calderas, de la Danza del Café, del uso del violín... Siente que para su pueblo «ha nacido una nueva oportunidad, y también ha crecido tanta hermandad».

Con un futbolista santiaguero

Onel Seguí González extraña «a la familia, a la Patria, al barrio que es eso, la familia». Y habla de la calle Habana, a una cuadra del Moncada, en su querida Santiago de Cuba. Sin embargo, en los 18 meses que lleva como colaborador de la Misión Barrio Adentro Deportivo en Venezuela, lo rodea un ambiente que lo lleva también a caminar por calles adoquinadas, de puertas abiertas, balcones florecidos, techados de rojas tejas y algunas empinadas calles de escaleras, muy parecidas a su Padre Pico.

Sobre todo, para paliar la añoranza cuenta con sus compañeros de misión, todos ellos, porque en Calderas se ha forjado la integración verdadera, «una nueva familia, y nos llevamos muy bien, más el trabajo unido que lo hace también más eficiente.

«Todas las misiones tienen gran aceptación, y en Calderas había material humano, talento con deseos de practicar, pero les faltaba la ayuda técnica. En eso me siento útil», dice el «futbolista hasta que me lesioné», que ahora imparte por igual bailoterapia, fútbol de salón, voleibol, ajedrez y el fútbol de su querencia.

Luego que les señala a algunos de los alumnos más pequeñitos varias movidas en el tablero de trebejos, Onel cuenta con orgullo que «Calderas fue campeón del estado compitiendo por Barinas en el fútbol sub-20; y contamos con varios jugadores en la primera categoría de Venezuela». Con razón siente el disfrute de su labor, y vuelve a prestarle la atención que a diario da a quienes sueña ver convertidos en Grandes Maestros o estrellas del deporte universal.

Un médico cubano de 24 horas

Igual de solícito es el doctor Yusuan Pérez Vargas, un bayamés, médico de Barrio Adentro con ocho meses de servicio en Calderas, supuestamente para atender solo a este poblado y sus 3 000 habitantes.

«Trabajo con dos enfermeras de urgencia, ellas alternativamente y yo todos los días de ocho a cinco, pero cuando hay urgencia me buscan a la hora que sea», y esto lo corrobora Bernard Schulser, un caficultor exitoso que además de afirmar «producimos buen café para el pueblo», habla del doctor Vargas: «te digo que a cualquier hora entran y salen enfermos de su casa y allí los atiende, fuera del horario de atención en el hospital del pueblo.

«La Misión Barrio Adentro comenzó con los módulos, la atención primaria, que solucionó bárbaramente en los campos, en los caseríos, en los barrios donde nunca se había visto un médico, como no fuera que a algún doctor venezolano se le ocurriera meterse en la política; entonces sí iban a buscar los votos», nos dice Bernard.

«Imagínate la felicidad y el alivio para una madre soltera, que no tiene el apoyo del padre, que vive en un ranchito y el niño con fiebre hasta convulsionar; antes solo podía ponerle pañitos de agua y ahora puede ir a la esquina de la casa donde tiene la atención de un médico y le dan el diagnóstico y le dan gratis la medicina». Pero Bernard tiene también su preocupación:

«En Calderas estamos felices a medias, pues tenemos un médico nada más, y somos casi 14 000 habitantes, porque el doctor Vargas atiende a todos los caseríos; tenemos el espacio físico de un hospital y debíamos contar con más personal médico. Cuando nos reunimos los caficultores en las mesas de salud yo lo digo, gracias a Dios que los caldereños somos un pueblo sano y no nos enfermamos mucho, porque el día que se nos ocurra enfermarnos todos, no sé qué va a pasar con el hermano médico cubano; yo sé que el doctor Vargas va a pasar 78 horas sin dormir, atendiéndonos a todos».

El bayamés Yusuan supo ganarse pronto la confianza de esta población, en su mayoría campesina, que estaba acostumbrada ya a la doctora que inauguró acá el servicio de Barrio Adentro y «dejó muy buen precedente. Ella se hacía querer y hablaba mucho con los pacientes… Las personas llegan mal, pero cuando ven que uno los atiende con esmero y profesionalidad y se sienten bien, ya ellos son tuyos para siempre…».

Así, con la sencillez de lo cotidiano, se dan las manos caldereños y cubanos. Fuimos testigos y nos hizo recordar uno de los breves y geniales cuentos del hijo ilustre Orlando Araujo, quien ni siquiera conoció esta faceta nueva de su pueblito de ensueño:

El caballo de Bolívar

«Bolívar jamás tuvo un caballo: tiene un pueblo. Uno tenía y era del color del trigo y se lo regaló a José Martí. Cuando murió Martí se lo regaló a un argentino y el argentino a un chileno y el chileno a un jinete que venía de Nicaragua y el jinete de Nicaragua no lo desensilló: Bolívar cabalga todavía».

 

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