Nuevos aires soplan desde Egipto

El rumbo que toma El Cairo preocupa a Israel por su orientación antisionista. Tel Aviv también teme la pérdida del gas que hasta el momento le compraba a su vecino a precios irrisorios, y una posible reconciliación egipcia con Irán

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Cada vez es mayor la inquietud de las autoridades israelíes por la actitud antisionista que ha ido tomando el Gobierno de transición de El Cairo, como respuesta, en gran medida, a las demandas del pueblo egipcio. La ruptura de relaciones con Israel es una exigencia popular que se incrementó durante la crisis que depuso a Hosni Mubarak.

Los temores que sacudieron al régimen sionista apenas iniciadas las revueltas contra el ex gobernante —incondicional aliado de Israel y de Estados Unidos— ya toman matices de alarma, ante la sucesión de medidas del Gobierno interino que indican una inminente crisis en las relaciones con El Cairo y ponen en juego el precario equilibrio de Medio Oriente donde, durante décadas, Egipto ha sido una pieza importante en el mantenimiento de la hegemonía sionista.

Una de las mayores discrepancias quedó develada una vez que dirigentes de los palestinos Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) y Al-Fatah llegaron a un pacto de reconciliación en El Cairo. El papel protagónico de Egipto como mediador tomó por sorpresa a Israel y a Estados Unidos, que no imaginaron que los transitorios sucesores de Mubarak llegaran a tanto, aunque ya había señales de que nada sería igual.

El propio primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desestimó el acuerdo y lo calificó de «tremendo golpe para la paz y gran victoria para el terrorismo». Poco después, Egipto daría otro estacazo que irritaría bastante a Netanyahu y su gabinete: la apertura del cruce hacia Gaza en Rafah, cerrado durante los últimos cuatro años como parte del bloqueo israelí a ese enclave, respaldado por Occidente y con el objetivo de debilitar a Hamas, el grupo que gobierna Gaza desde 2007.

La reapertura del paso fronterizo de Rafah es una medida que esperaban desde hace mucho los palestinos. Por supuesto, si alivia el bloqueo impuesto por Israel, era de esperarse que levantara ronchas en el gabinete de Benjamin Netanyahu.

Según lo anunciado por el ministro de Relaciones Exteriores egipcio, Nabil al Arabi —uno de los mayores impulsores del distanciamiento de El Cairo con Israel—, el paso fronterizo se abriría en lo adelante todos los días, con la excepción de los viernes y los días feriados. La medida concierne a la circulación de personas, pero no de bienes o mercancías, dice una fuente de la seguridad egipcia.

Las mujeres palestinas de cualquier edad estarán exentas de visado, al igual que los hombres de menos de 18 años o de más de 40, mientras quienes fluctúen entre esas edades necesitarán una autorización de los servicios de seguridad egipcios.

La exención se aplica también a los palestinos que quieran estudiar en Egipto, siempre y cuando puedan demostrar que han sido admitidos en una universidad.

Esta es la primera vez desde hace más de un siglo que grupos enteros de palestinos de la Franja de Gaza pueden  viajar a Egipto sin permiso. Según la radio pública israelí, cerca de mil personas cruzarán a diario el paso de Rafah en los dos sentidos.

El giro de Egipto en su política exterior respecto a Palestina no tiene medias tintas. Nabil al Arabi no se ha andado con tapujos. La situación del pueblo vecino es una preocupación del movimiento político social que acabó con Mubarak, y que aún sigue presionando en las calles y plazas para que se cumplan sus demandas. Prueba de ello son las multitudinarias manifestaciones fuera de la Embajada israelí en El Cairo, en solidaridad con la causa de los palestinos. Muchos de los egipcios ven como vergonzante el papel que  había desempeñado su país como fiel aliado del sionismo.

Un sondeo publicado a finales de abril por Pew Research Centre mostró que un 54 por ciento de los egipcios apoya la anulación del tratado de paz de 1979 con Israel, y solo un 36 por ciento quiere que se mantenga. Según Pew, el 80 por ciento de los egipcios tienen una «opinión desfavorable» sobre Estados Unidos, y el 60 no confía en el jefe de la Casa Blanca, Barack Obama.

Otra encuesta, de Gallup, devela que el 68 por ciento de los egipcios están a favor de que Washington presione a su socio Israel para que detenga los asentamientos de colonos en Jerusalén Este y Cisjordania.

En ese sentido, el canciller Al Arabi ha dejado bien claro el apoyo de Egipto a cualquier iniciativa de paz sobre la base de una solución de dos Estados —uno palestino y otro israelí—, de acuerdo con las resoluciones internacionales y con vistas a poner fin de manera total y sin retraso al conflicto. No quiere una solución parcial ni falsa, como hasta el momento ha estado proponiendo Israel para dar a entender que quiere la paz, cuando realmente lo que está tratando de hacer es imponer su colonización.

El actual titular de la diplomacia y otros dirigentes egipcios incluso han considerado al régimen sionista como enemigo del país.

Con la mira en Irán y el gas

Otra decisión del Gobierno provisional egipcio que le pone los pelos de punta al régimen sionista es su disposición a reanudar las relaciones diplomáticas con Irán. Hasta el momento, al igual que con el tema palestino, El Cairo había sido para Israel y Estados Unidos un fuerte y estable aliado en el tema nuclear iraní…

La caída de Mubarak fue una noticia recibida con júbilo en Teherán, que siempre criticó al Egipto de Mubarak su papel de perro guardián de los intereses norteamericanos e israelíes en el Medio Oriente, al firmar el tratado de paz con Tel Aviv (Camp David, 1978) y otorgarle asilo político al depuesto Sha de Persia, Mohamad Reza Pahlavi.

Una de las señales que dio cuenta de este acercamiento tuvo lugar en febrero pasado, cuando Egipto autorizó el paso de dos buques de guerra iraníes por el Canal de Suez con destino al Mediterráneo, algo que no ocurría desde 1979.

Esa decisión provocó malestar en el ejecutivo de Tel Aviv, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, calificó la travesía de los barcos iraníes de «provocación», al tiempo que la marina de guerra sionista fue puesta en estado de alerta.

Por si fuera poco, el Gobierno provisional egipcio advirtió que se revisarían los acuerdos de gas natural que tiene con otros Estados, principalmente con Israel y Jordania, lo que podría aumentar los ingresos del país entre 3 000 y 4 000 millones de dólares.

Israel sería golpeado duramente por una medida de este tipo, dado que los suministros de gas de Egipto suponen el 40 por ciento del total de su importación del combustible y, según se estima, el único yacimiento gasífero israelí actualmente en explotación estaría agotado en 2013.

El acuerdo con Israel fue un asunto muy polémico durante el mandato de Mubarak, pues la oposición sospechaba que el precio del combustible que se vendía a Tel Aviv era inferior al del mercado.

Incluso se ha filtrado información sobre presuntas comisiones multimillonarias que recibieron Gamal y Alaa Mubarak, los hijos del depuesto presidente egipcio, y varios empresarios de su entorno, por la venta de gas a Israel a precios bajos.

Hoy, Gamal y Alaa están siendo investigados por conseguir comisiones y beneficios económicos con la venta de gas a Israel, entre otros negocios oscuros, malversación de fondos, y por su implicación en la represión de las protestas contra su padre.

En el cobro de comisiones por la exportación de gas natural también se encuentra envuelto el ex ministro de Petróleo de Egipto, Sameh Fahmi, quien, según sospecha la Fiscalía, autorizó la venta del combustible a Israel y a otros seis países europeos a precios artificialmente bajos, por un monto que causó pérdidas por valor de 3 000 millones de libras egipcias (más de 500 millones de dólares) en solo cinco años.

En diciembre de 2010, cuatro empresas israelíes firmaron acuerdos de compra de gas egipcio por un período de 20 años, a un monto evaluado entre 5 000 y 10 000 millones de dólares. Con esos nuevos contratos, el grupo israelo-egipcio East Mediterranean Gas (EMG), que ya había suscrito una serie de convenios con empresas israelíes desde 2005, suministraría al Estado hebreo 6 000 millones de metros cúbicos de gas por un valor de 19 000 millones de dólares.

Con esta provisión, que debía comenzar en el primer semestre de 2011, Israel esperaba poner en funcionamiento tres centrales eléctricas privadas.

Por el momento, Tel Aviv trata de ponerse las pilas. Cada vez más inquieto por la suspensión del gas natural egipcio, el ministro de Infraestructuras, Ouzi Landau, ha considerado urgente la necesidad de acelerar la explotación en Tamar y Leviathan, dos yacimientos gasíferos muy prometedores descubiertos recientemente frente a las costas israelíes.

Las perspectivas de las relaciones entre Egipto e Israel y Estados Unidos, de seguro será uno de los temas más abordados durante la carrera electoral, prevista para el próximo otoño. Y el pueblo egipcio, ávido de justicia hará valer sus demandas con mayor fuerza en ese momento.

Egipto apuesta por recuperar su protagonismo en la región, pero en sentido contrario a como lo había hecho durante la dictadura de Mubarak. Si hasta entonces su papel consistía en ser el soporte del sionismo, hoy parece estar consciente de que esta es una mancha en su expediente que solo puede obstaculizar su liderazgo, sobre todo en un conflicto tan cardinal para la paz en la región como el israelo-palestino. Por eso, poner a raya a Tel Aviv sería un buen comienzo… ¡Muy necesario!

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