Este domingo, Marcha de la Juventud Patriótica y Antiimperialista

A Chávez, Venezuela dedica esta fiesta, la del Bicentenario y la de escuchar y ver a su valiente y constante Comandante-Presidente

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— Son muchas las muestras de cariño, pero ninguna más tierna y apreciada que la de los niños y niñas, y ellos desfilaron, cantaron, bailaron, pintaron, compitieron y jugaron este sábado en Un arcoíris de amor para Chávez, que llevó a «pregoneros» y «precursores» del Semillero de la Patria desde la estación del Metro de Bellas Artes hasta la Plaza de los Museos.

Era un festejo más de la gran fiesta que recorre a la Venezuela que celebra el Bicentenario del inicio de su lucha por la independencia —la que todavía continúa—, y que se une —después de la angustia y la incertidumbre por la salud de Chávez— a la alegría de haber visto y escuchado a su Presidente-Comandante.

Lo pudieron escuchar atentos al mediodía del viernes, y les volvió el alma al cuerpo, porque repetían unos y otros: «Ese sí es él, contando todo, riendo y haciéndonos reír». Luego, cuando ya era de noche, en la transmisión en directo de la Mesa Redonda de Cuba, aquella llamada telefónica suya, narrando más de una anécdota y de cómo sucedió todo, detalle a detalle…

Y la repetición, esa misma noche. Lo volvieron a escuchar, para sentir de nuevo esa voz de siempre, fuerte, firme, llena de temple, vigor y optimismo, que a cada minuto les alegraba más el corazón, y no solo a ellos les saltaba de emoción con ese Fidel médico y ese Chávez paciente disciplinado, convocando a sus ministros al trabajo creador de su Gobierno.

Sin embargo, este sábado, el convite era a la felicidad y a confiar en el futuro. La esquina de Bellas Artes, en la Avenida México, era tomada por más de 600 Semilleros de la Patria: niños y adolescentes del Distrito Capital y los estados Vargas y Miranda. Allí se alegraban y alegraban la vida, maravillados con los «zanqueros» y las estatuas vivientes de Bolívar, Miranda, Manuelita y Juana la Avanzadora. «¿Son de verdad?», preguntaban tres con cara de pillos, incrédulos de que fueran de carne y hueso con tanta inmovilidad.

Y no olvidaban el requerimiento al que habían acudido, correspondiendo al amor que hacia ellos tiene el líder de una Revolución que les ha garantizado sus derechos. Así lo expresó Litbell Díaz, la presidenta del Instituto de los Derechos de Niños y Adolescentes, y de la Misión Niños del Barrio.

«¡Chávez, te quiero!», gritó uno que apenas levantaba una cuarta del suelo y hasta se le dificultaba sostener la pancarta donde un corazón encerraba «Te esperamos para seguir creciendo a tu lado». Otros decían «Te extrañamos, Comandante»; «Esperamos tu retorno»; «Tú eres nuestra luz»; «Eres ejemplo de valentía y constancia»; «Somos tu huracán de amor»; y la afirmación convincente de «Tenemos Chávez para rato».

Marcharon con esa carga de alegría y de consignas, al son de los tambores, siguiendo a los malabaristas hasta la Plaza de los Museos, donde competían los taewandocas infantiles, y pintaban un arcoíris de amor para Chávez que tenía como gran tesoro, al final, su corazón.

Cantaron joropo desde el escenario los que pidieron rezar por el Comandante, llegados desde su querida y linda Barinas, siguiendo el armonioso sonido de arpa, cuatro y maracas, y bailaban algunos cuando llegaron los jóvenes invitando a todos a una vuelta al ruedo de la Plaza, al ritmo de bombo y tambores con un «Eh, ah, sépanlo “sifrinos”, Chávez no se va».

Más temprano en la mañana, en la Plaza El Venezolano, niños, niñas y adolescentes ya habían realizado un mural y una tarjeta gigante donde plasmaron sus manitas para formar un arcoíris que será entregado al líder de su Revolución cuando retorne a Venezuela. Representando a los más de 30 000 organizados en el Semillero de la Patria, elevaron globos de colores al cielo en señal de amor a Chávez y a la Cuba que se lo cuida y resguarda con igual ternura.

La gran fiesta seguirá por estos días, traducida en conciertos, exposiciones, presentación de libros, publicaciones de documentos relacionados con la independencia, marchas, puestas en escena que devuelven la historia, festejos populares, restauración de teatros, nuevas obras, embellecimiento de avenidas y plazas, y el gran desfile Bicentenario del 5 de julio. Toda una toma cultural de Caracas y de todo el país.

Pero lo más próximo en la gran fiesta patria nacional ocurrirá este domingo: la Marcha de la Juventud Patriótica y Antiimperialista, desde la Plaza Madariaga en la barriada de El Paraíso, hasta la Plaza Miranda.

Al mismo tiempo, el país sigue en construcción. Las calles continúan asfaltándose en Caracas como parte del Buen Vivir que preconiza el presidente Hugo Chávez; los ministros recorren la nación entregando créditos y equipos de trabajo para la Gran Misión AgroVenezuela; y también llegan las llaves de nuevos apartamentos a los más necesitados, como fruto ya de la Misión Vivienda Venezuela, que debe construir 153 000 este año.

Chávez pidió multiplicar el trabajo y unidad. Muchos aquí responden al llamado y le cumplen. También sus compañeros de armas, como lo plasmaron este sábado durante los ascensos de 164 generales y oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Cuando estoy por poner el punto final, el vicepresidente Elías Jaua, desde la Plaza de las Tres Gracias, inaugura La Canción Necesaria, exhorta a estar juntos «en la nueva batalla a la que nos ha convocado la vida y nos ha convocado la historia», y le recomienda en casi regaño al Presidente: cuídese y cumpla las órdenes de los médicos.

El mensaje es para el Comandante Chávez: sepa que todo su esfuerzo ha valido la pena.

Se lo dice desde el centro de la Patria, en una unidad que nada ni nadie podrá romper.

Así están todos aquí: niños, hombres y mujeres, ocupados de su salud y también optimistas, siempre resteados con Chávez, como buenos hijos de Bolívar, el hombre de las dificultades, y también el que a 200 años, ve recoger sus frutos de independencia e integridad en la Patria Grande, también sueño y obra en construcción de Hugo Rafael Chávez Frías.

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