Venezuela: con aprender a leer y escribir no basta

Las misiones sociales han dejado huella en los colaboradores cubanos de la educación

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— Aprender a leer y a escribir, un sueño para millones en el mundo, fue una realidad cumplida para 1 482 000 adultos venezolanos que en un lapso de dos años lograron ese empeño. En esa campaña, decenas de profesores cubanos asesoraron a 129 000 alfabetizadores venezolanos, maestros y facilitadores nacionales, que ejecutaron un método creado en la solidaria Isla caribeña, el Yo sí puedo.

A aquella labor desplegada desde la Misión Robinson no se le puso freno por el éxito primero, todo lo contrario, fue el motor impulsor que tiene prolongación en el Yo sí puedo seguir, el programa que aspira a llevar a toda la población apta a un nivel de sexto grado, y donde también se siente la asesoría cubana.

Por supuesto, tampoco es la meta final, simplemente un peldaño básico en la escalera que asciende por la Misión Ribas para alcanzar el bachillerato o la enseñanza de una profesión técnica, y por la Misión Sucre, que les permita un título universitario.

Este 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización, cuando Venezuela celebra sus éxitos y persiste en el seguimiento a ese proceso esencial para el desarrollo socio-económico a que aspira para dar el mayor bienestar y calidad de vida a sus hijos, nos acercamos a la máster en Pedagogía Gladys Vázquez Figueroa, una brava mujer bayamesa coordinadora de la Misión educativa cubana en Venezuela, quien suma a su vasta experiencia en el campo de la enseñanza, más de año y medio en esta tarea internacionalista en la Patria de uno de los más grandes educadores de este continente, Simón Rodríguez, el maestro del niño Bolívar.

Coincidiendo con el Día de la Alfabetización, la profe Gladys, como todos le dicen con cariño y respeto, recuerda que  «la Misión cubana inició sus actividades aquí como parte del Convenio Cuba-Venezuela en el año 2003, cuando arribaron 156 cubanos que compartieron con las estructuras venezolanas, con los profesores venezolanos, la experiencia del Yo sí puedo, y a partir de ahí se iniciaron todas las actividades de la gran campaña que se realizó en este país para declararlo en el año 2005 como el segundo territorio de América Latina libre de analfabetismo. Esto constituyó una victoria para este pueblo».

La batalla, que se tradujo en millón y medio de alfabetizados, evoca la educadora, se prolongó en una nueva por el sexto grado.

«Esta larga actividad y quehacer de intercambio científico, pedagógico, a partir de los logros de la pedagogía cubana, permite hablar hoy de 555 000 venezolanos que alcanzan el sexto como nivel escolar mínimo y nos estemos proponiendo en esta dirección, en los años 2011 y 2012, una significativa cifra que permita elevar la escolarización de estas poblaciones.

«Precisamente, hoy estamos enfrascados en la del sexto grado, que libramos en los centros de trabajo, en las guarniciones militares, centros penitenciarios y poblaciones indígenas, en todos los municipios y en todos los espacios donde nos ha sido posible llegar, de conjunto con la estructura venezolana —queremos significar que nuestra labor es de asesoría, de intercambio—, con esta gran masa de docentes profesionales venezolanos que también poseen ya una experiencia pedagógica y una riqueza en la labor científica educacional»,  puntualiza.

Venezuela apenas tiene un 0.10 por ciento de iletrados, por lo que supera la meta exigida por la UNESCO que da un índice posible de cuatro por ciento. Lo más importante es que ese trabajo integral cubano-venezolano ha permitido la inclusión de una ciudadanía relegada hasta entonces, discriminada, y condenada a la pobreza por su ignorancia.

«Hemos enriquecido nuestra pedagogía y hemos podido compartir con los colegas venezolanos. El compromiso que tenemos de cara al 2012 es fuerte y todos los profesores cubanos estamos dispuestos a cumplir con Fidel, con Raúl, con Chávez para asegurar el éxito de la misión educativa cubana en Venezuela. Nuestro agradecimiento al pueblo de Venezuela por habernos permitido compartir y disfrutar esta gran experiencia», concluye la pedagoga en un sentir que sabemos compartido por todos y cada uno de los educadores cubanos con mucho para celebrar.

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