Las tensiones de un diálogo

La búsqueda de soluciones conjuntas para la desnuclearización de la península coreana no es tan fácil cuando Washington exige condiciones previas para cualquier paso de avance, sin tener en cuenta las demandas de Pyongyang sobre la posibilidad de existencia de armamento nuclear en el sur

Autor:

Nyliam Vázquez García

Cuando se anunció una reunión entre la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y Estados Unidos en Ginebra, algunos se apresuraron en vaticinar un pronto reinicio de las conversaciones a seis bandas. Lo cierto es que a corto plazo no se vislumbra que esto ocurra, aunque ciertamente hay indicios de que el mecanismo negociador, interrumpido en diciembre de 2008, vuelva a funcionar.

La búsqueda de soluciones conjuntas para la desnuclearización de la península coreana es el objetivo. En ello participan también Corea del Sur, Rusia, Japón, y la República Popular China como principal mediador. Sin embargo, no es tan fácil cuando Washington exige condiciones previas para cualquier paso de avance, sin tener en cuenta las demandas de Pyongyang sobre la posibilidad de existencia de armamento nuclear en el sur, en el entorno de la península.

Por estos días la prensa se ha hecho eco de que las máximas autoridades de Pyongyang han reiterado su disposición a reiniciar las conversaciones a seis bandas. Y aunque no ha sido suficiente para hacer avanzar el diálogo bilateral con EE.UU. en Ginebra, por lo menos se ha roto la inercia. En cualquier variante, tal y como reconocieron los estadounidenses luego del encuentro de dos días, son muchas las diferencias entre ambas partes.

Un vocero de la Cancillería norcoreana informó este jueves que durante la cita se profundizó la comprensión de las respectivas posiciones, y se manifestó el compromiso de continuar los contactos. Por su parte, Stephen Bosworth, enviado especial de EE.UU. para la política sobre la RPDC, se apuró en calificar las conversaciones como «positivas y constructivas».

Asimismo reconoció que todavía hay «muchas diferencias y que no todas pueden ser superadas rápidamente», lo cual fue su manera de corroborar que el diálogo concluyó sin acuerdos concretos. Aun así, expertos destacan que la segunda reunión sostenida por Washington y Pyongyang en menos de tres meses, apunta a un más sólido interés para sentarse nuevamente en las hexapartitas. No es fácil. Para Corea del Norte constituye una prioridad garantizar en cualquier acuerdo un suministro energético estable. EE.UU., por su parte, busca reducir el poder de disuasión nuclear alcanzado por los norcoreanos. El resto de los países, cada uno con sus intereses particulares, apuestan de conjunto por la estabilidad en la región, una vez avance el diálogo y se logren acuerdos. Esto último, clave para que cada cual se concentre en su desarrollo.

A estas alturas, y luego de tantos intentos desde que en 2003, por iniciativa de China, se iniciaran las conversaciones a seis bandas, lo que está claro es que con imposiciones no es posible salir del atolladero; sobre todo por EE.UU., que al parecer no conoce otro método, en su autoproclamado papel de gendarme mundial y salvador del mundo.

No se puede olvidar que si la Casa Blanca hubiese cumplido los acuerdos de 1994, en los que se comprometió a fabricar dos reactores nucleares de agua ligera en la RPDC para paliar la escasez de combustible que golpea a esa nación, seguro hoy la historia sería bien distinta. El pretexto invariable para el incumplimiento estadounidense ha sido la supuesta amenaza que representa el avance del programa atómico de Pyongyang.

Los hechos destacan la inflexibilidad de los políticos estadounidenses, quienes no sopesan en su justa medida las necesidades de los norcoreanos. Aun así, lo ocurrido esta semana tal vez sea el primer paso para cambiar la estrategia. Todavía está por ver hasta dónde están dispuestos a ceder unos y otros. Un primer paso es algo.

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