Palestina refuerza necesidad de reformar la ONU

Las presiones de Washington, que desde un inicio amenazó con vetar la aspiración Palestina de ingresar a esa organización mundial, forzaron el respaldo de sus aliados europeos, los cuales, anunciaron su abstención si se llegaba a una votación del asunto

Autor:

Juventud Rebelde

La cuestión del ingreso de Palestina a Naciones Unidas volvió a evidenciar el imperio de unos pocos países sobre la voluntad de una abrumadora mayoría que desde hace 18 años reclama una reforma de la organización mundial, informa PL.

Una comisión del Consejo de Seguridad no logró consenso para emitir una conclusión sobre la solicitud de admisión del nuevo Estado Palestino, presentada por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, el pasado 23 de septiembre.

Ese cuerpo está integrado por 15 miembros, cinco de ellos de manera vitalicia y con el privilegio del veto, también de por vida (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China).

Las presiones de Washington, que desde un inicio amenazó con vetar la aspiración Palestina si fuera necesario, forzaron el respaldo de sus aliados europeos, los cuales, con aparente moderación, anunciaron su abstención si se llegaba a una votación del asunto.

Justo cuando el mundo acaba de recibir a su habitante número siete mil millones, un grupo de siete naciones que solo suman 582 millones de personas impidieron un objetivo respaldado por Estados que agrupan a casi todo el resto de la humanidad.

Dentro del Consejo de Seguridad, el reclamo palestino fue rechazado de manera abierta por Estados Unidos, con una población de 313 millones según las cifras más recientes del Fondo de Población de la ONU.

En tanto, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Colombia, Portugal y Bosnia y Herzegovina (con una masa demográfica en conjunto de 269 millones) se inclinaban por la abstención.

Por el otro lado, la petición palestina fue apoyada por China, Rusia, India, Brasil, Líbano, Sudáfrica, Gabón y Nigeria, países que en total cuentan con una población superior a los tres mil 100 millones de habitantes.

Esas cifras no incluyen otros varios miles de millones de personas de cerca de 130 Estados que no pertenecen al Consejo, pero sí a la Asamblea General, foro que la Carta de la ONU define como el máximo órgano y que hoy cuenta con 193 miembros.

Son los mismos países que el pasado 1 de noviembre admitieron a Palestina en la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), donde no existe Consejo de Seguridad ni derecho al veto.

Ese ingreso fue respaldado en una votación abierta con 107 votos a favor, 14 en contra (entre ellos Estados Unidos e Israel) y 52 abstenciones y fue respondida por Washington con la suspensión de sus aportes financieros a esa agencia, como represalia.

Lo sucedido el pasado viernes en el Consejo de Seguridad ratifica la validez de los añejos reclamos de la comunidad internacional por una profunda y urgente reforma de ese órgano que lo convierta en una instancia más representativa, democrática y transparente.

Tres días antes de la presentación de las conclusiones de la comisión sobre el ingreso de Palestina, esa demanda colmó un debate de la Asamblea General dedicado a la  Cuestión de la representación equitativa en el Consejo de Seguridad y del aumento del número de sus miembros y cuestiones conexas.

En esa discusión, las delegaciones de Cuba, Venezuela, Brasil, República Dominicana, entre otras de América Latina, subrayaron la necesidad de salir de la retórica de los últimos años y de avanzar hacia una reforma verdadera de la ONU.

Todas se pronunciaron por una transformación que convierta al Consejo de Seguridad en una instancia más representativa, democrática y transparente.

Para eso propusieron una ampliación de ese cuerpo de sus actuales 15 integrantes, tanto en la categoría de miembros permanentes como en la de temporales, para garantizar una mayor representación de África, Asia y América Latina y el Caribe.

Con relación al derecho del veto, la mayoría de las propuestas exigen su eliminación o uso limitado con miras a su total erradicación por constituir un mecanismo opuesto al principio de la igualdad soberana de los Estados.

Se trata de cambios dirigidos a la democratización de una organización en la que una minoría puede impedir el ingreso de un nuevo Estado con amplio reconocimiento internacional.

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