Alerta sanitaria en región chilena por brote de hantavirus

El hanta es un virus que se aloja en algunos ratones silvestres, como el llamado colilargo y que se trasmite a los seres humanos, ocasionándoles fiebre hemorrágica con síndrome renal o el conocido como síndrome pulmonar, ambos con un alto índice de mortalidad

Autor:

Juventud Rebelde

SANTIAGO DE CHILE, febrero 6.— El Ministerio de Salud de Chile dispuso a partir de hoy alerta sanitaria en la centrosureña región del Bío Bío, debido a un brote de hantavirus en la zona.

La medida fue decretada tras la muerte por el referido mal de dos internos de una cárcel de ese punto de la geografía nacional y la constatación de otros tres reos con los síntomas de la enfermedad.

«Sería extremadamente raro que no fuera hanta», señaló el titular de Salud, Jaime Mañalich, luego de acotar que habrá que esperar el resultado de las pruebas clínicas para confirmarlo.

Subrayó que «hay un brote evidentemente» del peligroso virus y que el propósito de la emergencia sanitaria es fortalecer en la región el control de la población de roedores, el bloqueo de los ingresos de los drenajes provenientes del penal y reforzar la limpieza de maleza en la región.

Precisó asimismo que aunque la enfermedad está localizada hasta el momento en torno al recinto penitenciario El Manzano, la alerta está vigente para todo el Bío Bío, unos 500 kilómetros al sur de Santiago.

El hanta es un virus que se aloja en algunos ratones silvestres, como el llamado colilargo y que se trasmite a los seres humanos, ocasionándoles fiebre hemorrágica con síndrome renal o el conocido como síndrome pulmonar, ambos con un alto índice de mortalidad.

El contagio puede ocurrir al respirar aire contaminado con heces, orina y saliva de ratones infectados o al manipular los roedores o alimentos, aguas o lugares donde ya esté presente la infección. También por la mordedura directa del ratón.

La enfermedad se presenta inicialmente con síntomas similares a los de una gripe normal: fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, náuseas, vómitos y dolor de estómago.

En algunos casos la enfermedad se agrava, agregándose dificultad para respirar, problemas circulatorios y cardíacos.

El promedio de las personas que mueren una vez contraído el mal oscila entre el 30 y 40 por ciento.

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