Chávez, hombre y símbolo

Masas populares venezolanas se radicalizan aun más en el propósito de lograr una abrumadora victoria para Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 7 de octubre

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— La intervención quirúrgica a la que se someterá el presidente Hugo Chávez la próxima semana ha hecho florecer entre los venezolanos un sentimiento doble: por un lado dan muestras de cariño y solidaridad al estadista; y por otro se radicalizan aun más en la defensa del programa político, económico, social y moral que encarna el líder bolivariano.

Son dos expresiones de un mismo valor: el sentir revolucionario de las masas populares y de no pocos miembros de la clase media. Constituye, además, prueba de la conciencia y la responsabilidad ideológica sembrada a lo largo de 13 años por el mandatario venezolano y el proceso en sí.

Chávez encabeza una revolución sustancial y única. Se ha logrado siguiendo —como él dice— «el juego político» de la democracia burguesa. Ha tenido que enfrentar las más duras y drásticas embestidas de los poderes hegemónicos mundiales y la oligarquía local. Y ha salido airosa, con él y las multitudes.

Contrario a cualquier otra revolución en la historia —todas violentas y severas, al menos en sus inicios—, esta se ha ido construyendo sin despojar a quienes la adversan de sus herramientas para combatirla desde dentro. Y han echado mano a ellas sin conmiseración ni escrúpulo. Mas no lo han podido lograr. Y parece un imposible.

Desde este martes, cuando el Jefe de Estado anunció que debía regresar al quirófano por una lesión de dos centímetros de diámetro en el mismo lugar de donde se le extrajo en junio un tumor cancerígeno, el pueblo ha salido a las calles o acudido a las redes sociales para apoyar el liderazgo.

Pero no se trata precisa, o solamente, de un acto solidario ante su trance de salud. No es un episodio dramático lo que se está viviendo en Venezuela.

Sobre el suceso médico en sí, la tendencia de opinión entre la población es que el paciente saldrá airoso (y él mismo se ha encargado de reforzar esa percepción en las últimas 72 horas).

A todas luces, el estadista aún ha de desempeñar un papel crucial en el desarrollo de un proyecto de país que tiene todas las potencialidades para convertirse en un hito mundial de solidaridad, humanismo, democracia, progreso y bienestar.

Más que la enfermedad, lo que está en la mira de las fuerzas revolucionarias venezolanas son las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Es decir, garantizar el triunfo abrumador de Chávez.

Ese fue el sentir que presidió anoche Un canto por la vida, un encuentro en el teatro Teresa Carreño convocado por el Gran Polo Patriótico, que sirvió para saludar al Presidente, que viajará hoy a Cuba para iniciar la preparación para la intervención quirúrgica.

Él mismo hizo el anuncio ayer en la mañana, en carta enviada a la Asamblea Nacional.

Pasado el mediodía, el mandatario también dirigió una sesión de su Consejo de Ministros, donde aprobó un grupo de decisiones para reforzar programas sociales como los dirigidos a la edificación de viviendas y a las familias con embarazadas, menores de edad o personas discapacitadas en situación de pobreza extrema.

En la misma reunión aprobó una serie de medidas financieras para favorecer al sector agropecuario, entre estas la firma de una ley para crear el Fondo Ezequiel Zamora, que se dedicará al despegue de las políticas de autosuficiencia alimentaria.

La misma obliga a los bancos privados a cumplir con la parte que les corresponde en la cartera crediticia agrícola, so pena de ser nacionalizados si no cumplen con ella. Fue una decisión real, firme, pero también emblemática: una muestra de la energía, la salud y la fortaleza del proceso revolucionario.

Para las mayorías, en Chávez confluyen tanto el hombre como el símbolo. También la acción. Lo realizado y lo por venir. El socialismo bolivariano ha alcanzado su consolidación y madurez. Las masas populares lo saben. No parecen dispuestas a renunciar a él.

 

 

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