Secreto de más de mil kilómetros

Un documental revela cómo un comando boliviano sacó hasta Chile a los tres guerrilleros cubanos sobrevivientes de la tropa del Che, durante 25 días de travesía clandestina, hace 44 años

Autor:

Luis Hernández Serrano

El Rescate es el título del apasionante documental sobre los luchadores bolivianos que hicieron posible la salida de la selva hasta el territorio chileno de los tres guerrilleros cubanos sobrevivientes de la tropa del Che en Bolivia, desde fines de diciembre de 1967, hasta el 22 de febrero de 1968.

Sus realizadores fueron los jóvenes Liván y Leandro González Cupull, y los asesores sus padres, los investigadores y escritores Adys Cupull y Froilán González. El material, en primicia, fue presentado por sus autores en la ciudad de Puerto Padre, Las Tunas, en la Casa del Alba cultural en la capital, y en el Conjunto Monumentario al Che y sus compañeros de guerrilla en Santa Clara. Próximamente se exhibirá en otros sitios cubanos y en Bolivia.

Pocas personas menores de 50 años conocen o recuerdan cómo fueron rescatados los cubanos sobrevivientes de la guerrilla del Comandante Ernesto Guevara —Harry Villegas Tamayo, «Pombo»; Leonardo Tamayo Núñez, «Urbano», y Dariel Alarcón Ramírez, «Benigno» —quien traicionó las ideas del Che—, misión clandestina cumplida con éxito, sin que fueran detectados por el enemigo.

En el rescate participaron 15 revolucionarios de diferentes lugares de Bolivia, mediante una acción planeada, iniciada y desarrollada de modo riguroso —algunos de ellos sin conocerse—, formados en un comando operativo secreto, casi en zafarrancho de combate, a lo largo de más de mil riesgosos kilómetros de tensa marcha.

Tal acción hacía realidad las palabras del principal protagonista del complicado rescate, Inti Peredo Leigue, quien en su libro Mi campaña con el Che, publicado en 1969, argumentó:

«Deliberadamente nunca hemos explicado nuestra salida del monte, porque ello pone en peligro la vida de varios campesinos y sus familiares, que se la jugaron enteros por nosotros, así como honestos revolucionarios de la ciudad. Ellos comprendieron el sentido de nuestra lucha y, arriesgando lo poco que tienen, crearon las condiciones para que pudiéramos iniciar la etapa de la reestructuración del Ejército de Liberación Nacional (ELN)».

Y añadiría Inti a renglón seguido: «Algún día no lejano habrá que hacerles justicia».

Los creadores del referido documental —realizadores y asesores— lograron entrevistar en tierra boliviana a 11 de los 15 integrantes del valeroso comando revolucionario clandestino que rescató a los sobrevivientes de la guerrilla. Estos últimos, después de romper de forma audaz siete cercos militares, se establecieron varios días en un lugar confiable y seguro de la región de San Isidro, en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, a 14O kilómetros de La Higuera, donde radicaba la escuelita en que fue asesinado el Che, el 9 de octubre de 1967.

Desde el intrincado paraje escogido, los llevaron ocultos a Cochabamba, durante unos 250 kilómetros de peligrosa travesía. Unos 15 días después los trasladaron, igualmente en secreto, hacia La Paz, a unos 450 kilómetros, y con posterioridad recorrieron 203 kilómetros más hasta un abrupto sitio de Oruro.

Este fue el nuevo punto de partida y para, a través de las frías y desoladas pampas del altiplano boliviano, llegar hasta la frontera con Chile, luego de transitar cuidadosamente otros 180 kilómetros.

Recorrido secreto

Tal como se aprecia en el documental, Conrado Sahonero fue uno de los choferes principales del operativo dirigido por Inti, acompañado por Francisco Mejía, «el Sapo Mejía», con el concurso además de Roberto Arnez y Ernesto Guzmán, desde San Isidro hasta Cochabamba, burlando con astucia y valentía el asedio enemigo.

En Cochabamba se ocuparon de recibirlos Gustavo Giacoma, Juan Coronel Quiroga, Roberto Pol Caballero y Hugo Murillo, quienes los repartieron en camión, con mucho sigilo y cuidado, hacia las casas particulares de seguridad seleccionadas con anterioridad.

De Cochabamba a La Paz, en una vagoneta de seis asientos, los guías bolivianos Miguel Ballón, Jorge Pol y Enrique Ortega (este con el seudónimo de Víctor Guerra) trasladaron a los sobrevivientes cubanos con las mismas medidas.

De La Paz hacia Oruro viajaron los tres guerrilleros cubanos en otro tipo de carro, junto a los guías del comando Moisés Arena, y de Oruro hasta la frontera con Chile fueron acompañados por Efraín Quicañez y Estanislao Villca.

El nivel de estricta compartimentación clandestina del referido grupo comando fue tal que, por ejemplo, ni el chofer Sahonero, ni «el Sapo Mejía», conocían el lugar hacia donde llevaban a los guerrilleros sobrevivientes, ni mucho menos su destino final.

Su tarea fue recogerlos en distintos puntos, como el caso de un apartado y lejano puente de una vieja carretera, y más tarde recibieron las contraseñas necesarias para dejarlos en un denominado Parque de La Torre.

Allí los esperaba el dueño de la finca adonde iban a llevarlos provisionalmente, y este detalle preciso lo conocía solo Hugo Murillo. Este se ocupó de avisar a otro compañero de la red prevista por el mismo comando, de modo tal que no se filtrara de ninguna manera con exactitud la ruta de la compleja operación de salida del país de los tres combatientes cubanos.

Inicio del rescate

El rescate propiamente dicho, como se ve en el filme, se concibió iniciarlo el 23 de diciembre de 1967. Se haría con el auxilio combinado de un grupo de miembros de la Juventud boliviana, pero por razones ajenas a la voluntad de los principales organizadores, no se logró a tiempo el contacto acordado. De inmediato se preparó un segundo grupo y salieron a las tres de la tarde del 28 de diciembre, dispuestos a abandonar la tierra boliviana a toda costa.

Para burlar la vigilancia desatada por el ejército y las fuerzas de seguridad del enemigo, los combatientes del Che emplearon un camión conseguido y habilitado por el comando.

Tal vehículo aparentaba trasladar solo bolos de madera de la selva. Sin embargo, tales bolos, en el centro de la cama del vehículo, fueron recortados inteligentemente de tal modo que en un «hueco» o «compartimento» —que no se podía apreciar desde afuera, ni por un lado ni desde arriba— se ocultaron los guerrilleros, hasta llegar el 4 de enero de 1968 a un puente situado antes del poblado de San Isidro.

Un boliviano conocido por «el Gran Clavelito» era el dueño del camión, manejado por Conrado Sahonero, a quien Arnez le dijo que a las diez de la noche en ese puente alguien lo estaría esperando en una moto.

Poco después, Juan Coronel recibió al vehículo en el Parque de La Torre, donde se encontró por primera y única vez con el chofer. ¡Nunca más lo vio! No sabía quién era, cómo se llamaba, de qué parte de Bolivia procedía, ni para quién trabajaba.

Los tres cubanos y sus guías bolivianos correspondientes tuvieron que atravesar un río, seguir por tierra a pie y subir luego a un camión con otro chofer también desconocido. En medio del recorrido por este tramo, sintieron miedo de que el ejército o los cuerpos de seguridad detuvieran el vehículo y les pidieran sus respectivos documentos.

Pero por el severo frío y la densa niebla reinantes, los controles militares no ejecutaron la inquietante pesquisa. De esta forma pudieron arribar al punto de entrada al esperado altiplano.

Uno de los lugares seguros donde estuvieron varias horas refugiados fue la casa de David Adriazola.

Los tres guerrilleros cubanos —luego de mil kilómetros de travesía secreta durante 25 días— arribaron a un lugar llamado Camiñas, del territorio chileno, donde ya los esperaban.

Salvador Allende —entonces senador de Chile— designó a su hija Beatriz para organizar el recibimiento en su tierra a los tres cubanos. Moisés Arena, «Arbolito», hizo contacto con el chileno Elmo Catalán, y el 22 de febrero de 1968 la misión del comando revolucionario encabezado por Inti Peredo Leigue había sido cabalmente cumplida.

Vencieron numerosos obstáculos

Los miembros del equipo clandestino, formado por los guías bolivianos y los sobrevivientes cubanos, vencieron de modo espectacular numerosos obstáculos, evadieron complicados controles militares y desafiaron en esas tensas circunstancias el hostil clima de frío, heladas y constantes lluvias, ascendiendo además a elevadas alturas.

Adys Cupull, Froilán y sus hijos Liván y Leandro pudieron recoger el testimonio directo de compañeros bolivianos, entre ellos María Márquez —viuda del doctor José Decker—; Damiana Mendoza,  Marcos Farfán (hijo de Josefina Farjat), así como Efraín Quicañez y  Antonio Peredo Leigue, hermano de los conocidos guerrilleros Coco e Inti.

Según Adys y Froilán, el documental rinde homenaje además a los revolucionarios que no pudieron esperar estos días: al mismo Inti, a David Adriazola Veizaga, Estanislao Villca, Rodolfo Saldaña, Jesús Lara, Francisco Mejía, Conrado Sahonero, Josefina Farjat, Moisés Arena y Hugo Murillo.

Miembros del comando secreto

Los 15 bolivianos del campo y la ciudad que integraron aquel comando secreto fueron Inti Peredo Leigue, Conrado Sahonero, Francisco Mejía, Roberto Arnez, Ernesto Guzmán, Gustavo Giacoma, Juan Coronel Quiroga, Roberto Pol, Hugo Bonilla, Miguel Ballón, Jorge Pol, Enrique Ortega, Moisés Arena, Efraín Quicañez y Estanislao Villca.

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