El crimen israelí en Gaza: cada día nuevos horrores

De los más de 150 muertos, al menos la mitad son civiles, y una veintena son niños. Los heridos superan los mil y los hospitales de la ciudad no dan abasto

Autor:

Juana Carrasco Martín

Casas y edificios se derrumban bajo el impacto de las mortíferas bombas de la aviación israelí y deja atrapados a sus vecinos. Los misiles están barriendo la Franja de Gaza, entrampada por aire, mar y tierra, cerrado el paso que conduce del territorio palestino ocupado hasta el Estado de Israel, donde en los límites fronterizos se concentran los vehículos blindados y las tropas dispuestas a un asalto mayor.

El lunes hubo volantes de advertencia: no hay un sitio seguro para los palestinos. Lo saben desde hace ocho días de escalada que el Estado sionista ha denominado cínicamente Operación Pilar de la Defensa.

La familia Al-Daolou ya no hace caso, simplemente 11 de sus miembros, incluidos cuatro niños y cuatro mujeres —la madre, la abuela, la bisabuela y una tía de los pequeños— están entre los muertos en el atardecer de un domingo, ajeno por completo al amor que le señala el proverbio después de un sábado de sol. Tampoco ese día de la semana fue iluminado en Gaza, por el contrario, el humo negro cubre la ciudad y también otras poblaciones del territorio, o lo oculta el polvo que levantan los buldózeres que excavan en busca de cuerpos, sus restos, o los sobrevivientes.

Mezquitas o iglesias, el Banco Nacional Islamista, la estación de policía de Al-Tuffah y las viviendas aledañas, el edificio de los medios de información locales e internacionales, el complejo de gobierno de Hamas, hospitales, escuelas y campos deportivos, campesinos camino al mercado con sus productos, vendedores de agua purificada, un muchacho de diez años y su padre reparando el techo de su vivienda en Jabalya, un hombre de 31 años con retardo mental parado cerca de su casa en Saja’iyya. Todos, instalaciones y personas tienen algo en común: han sido el blanco de los misiles y las bombas de la aviación israelí.

Son apenas algunos de los descritos por informaciones de prensa, o en los blogs de los cibernautas, o en los mensajes en las redes sociales de aterrados e indignados testigos de un crimen de lesa humanidad, sin fin ni castigo.

El martes, Benjamín Netanyahu y su Gobierno rehusó responder a un pedido de tregua. No la da, no la quiere, no responde a sus intereses siniestros…

…Castigar a un pueblo que se atreve a resistir, a sus autoridades dispuestas a llevar ante la ONU su petición de que Palestina sea un Estado miembro de la organización mundial y para lo que cuenta con el apoyo de numerosos países.

…Buscar el apoyo de una ciudadanía, que consiente el crimen, para reelegirse en el poder en los comicios adelantados de comienzos de 2013, amparándose en la unidad necesaria ante una seguridad nacional supuestamente amenazada.

De los más de 150 muertos, al menos la mitad son civiles, y una veintena son niños. Los heridos superan los mil y los hospitales de Gaza no dan abasto y carecen de medicamentos e instrumental para salvar las vidas.

El crimen se multiplica y tiene cómplices: un Washington que ha vetado una y otra vez cualquier resolución del Consejo de Seguridad que afecte o intente condenar a Israel, y que además le suministra las armas asesinas.

Sin embargo, el miércoles se ha intentado cerrar las puertas del infierno. En El Cairo, se anuncia por Egipto y EE.UU. que entró en vigor un alto al fuego entre Israel y Hamas. ¡Ojalá!

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