Unidad, lucha, batalla y victoria (+ Fotos)

Como Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez recibió el honor de su investidura, y todo el amor del pueblo

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— La caravana marchó rápido. Su paso por la ciudad que tanto le amó fue fugaz, como esas estrellas a las que se les pide un deseo antes de que se apaguen rápido. Esta vez ocurrió lo mismo, pero sin los ojos cerrados, ni en silencio.

Ya Hugo Chávez es un ícono, el Apóstol de los pobres de Nuestra América. Aunque... más que deseos a pedir, lo que predominó fueron compromisos a cumplir, ante todo unas de sus órdenes: «unidad, lucha, batalla y victoria».

Será por él y por ellos: por el pueblo y su camino hacia un mundo mejor. Ese que sí es posible. El que él desanduvo, fue construyendo y aún falta por terminar.

***

Este viernes era como si Chávez, en su camino, se estuviera reencarnando en las decenas de miles de personas que, a pesar de la brevedad de su paso, salieron a darle otro hasta luego.

Las avenidas se volvieron a llenar de pueblo, desde el Paseo de Los Próceres —donde le dio un hasta pronto a su Casa de los Sueños Azules, la Academia Militar de Fuerte Tiuna—, hasta su Cuartel de la Montaña, a unos 15 kilómetros de distancia.

Allí, en unas de las alturas de la Caracas que tanto lo quiso —que no solo lo amó, sino que lloró y rió junto a él muchas veces, y hasta su sangre dio—, reposará hasta que, más temprano que tarde, vaya a hacerle compañía a su maestro, a su inspiración, a su guía, a Simón Bolívar, en el Panteón Nacional.

Simón y Hugo son continuidad. Uno empezó la obra; el otro la retomó, y ahora al pueblo corresponde concluirla.

***

Ayer quise despedirme de Chávez sobre una colina de la carretera de la parroquia 23 de Enero que sube reptante desde la plaza Alí Primera, a la entrada de la barriada, hasta el Cuartel 4 de Febrero o de la Montaña, según le gustaba decir a él.

Como me lo esperaba, volví a encontrarme allí con algunos de los parroquianos con los que conversé aquí días atrás.

El primero que salió a mi paso fue Omar Ramón González Gota, uno de los fundadores del 23.

—Te estaba buscando, sabía que ibas a regresar —me dice sacando de su bolsillo un mapa astronómico con la Cruz del Sur. ¿Recuerdas lo que te dije, que la Revolución Bolivariana tenía ahora cuatro raíces, Bolívar, Ezequiel Zamora, Simón Rodríguez, y ahora mi Comandante Chávez?

—Sí —le respondo.

—Pues mira, esta es la Cruz del Sur. ¿Son cuatro estrellas, no?

—Sí —le reitero prestándole más atención a lo que me quería explicar.

—Entonces, es un designio. Este es el destino de Venezuela.

—Es un símil interesante, bonito —le comento.

—No, no es ni símil ni metáfora. Es lo que es. El destino.

—Pero las estrellas tienen muchas lecturas. Son cuatro ¿no?

—¡Claro, claro! —le enfatizo.

—¿No entiendes, verdad?

—...

—Mira, mírala bien. Es la Cruz del Sur.

—...

—Para Venezuela son Bolívar, el General del Pueblo Soberano, Simón Rodríguez y mi Comandante Presidente. Pero para América Latina y el Caribe, las cuatro estrellas de la Cruz del Sur tienen otro significado, a mi entender: la primera representa a Bolívar, la segunda a Martí, la tercera a Fidel y la cuarta a Chávez. ¿Entiendes? ¡Esos son nuestros guías, hermano! Cada uno es guía y discípulo del otro, Bolívar es el maestro de Martí; los dos, de Fidel; y ellos tres, de mi Comandante, ¿entiendes, hermano? Esos hombres son seres de luz. Los faros de Nuestra América, hermano.

Siempre con Chávez

«Lo mejor que podía ocurrir era traer al Comandante para acá. Fue un gran luchador por la patria, un apóstol del pueblo. Siempre debe estar junto a su pueblo, y aquí, porque la parroquia 23 de Enero lo ha apoyado muchísimo. Él es mi héroe. Nosotros estamos a “full” con los mandatos que hizo y los logros que impulsó. No está físicamente, por esa enfermedad que lo atacó tan fuerte, pero está en su espíritu y en sus enseñanzas. Aquí lo vamos a cuidar como él se merece.», Yelitza Geraldín Barragán, 21 años, estudiante de idiomas. Habitante de la Parroquia 23 de enero.

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