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En desarrollo un potencial unificador

Cuba, como presidente pro témpore, encamina los pasos para fortalecer el funcionamiento de la organización y dar cumplimiento al Plan de Acción trazado por el grupo para 2013

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Siglos de historia, guerras, divisiones, dictaduras, imposición de modelos neoliberales, de intervención hegemónica imperialista, saqueos, despojos, marginación, exclusión social. Fue esa la realidad que vivió América Latina. Sin embargo, hoy el camino hacia el cambio radical de esa situación se está trazando.

Múltiples fueron los intentos por materializar el sueño de Simón Bolívar y José Martí, de convertir Latinoamérica y el Caribe en una sola Patria; el alumbramiento de un conglomerado unitario como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), pasa de ser una utopía a convertirse en un hecho palpable que apunta hacia el éxito.

Frente a un escenario mundial marcado por crisis económicas, guerras y los retos del desarrollo sostenible, los 33 países independientes de América Latina y el Caribe, convocados por el presidente venezolano Hugo Chávez Frías, decidieron, el 2 y 3 de diciembre de 2011, dar forma a un espacio hacia la completa unidad que les permita concertar posiciones.

Sin la presencia de Estados Unidos y Canadá —naciones del continente con diferente historia, cultura y proyección socio-económica y política—, la propuesta de Celac significó una posición distinta a la que se venía plasmando en Latinoamérica y el Caribe hasta el momento, porque llegaba con los principios de la igualdad soberana, el respeto, la democracia, la cooperación, la complementariedad, la solidaridad y en el diálogo permanente que promueva la paz y la seguridad regional.

El carácter trascendental del foro ha sido destacado por los líderes de las naciones que la integran. En su discurso ante la reunión fundacional en Caracas, el Presidente cubano Raúl Castro afirmó: «…reivindicamos más de dos siglos de luchas y esperanzas. Llegar tan lejos nos ha costado esfuerzo, pero también sangre y sacrificio».

Bajo la dirección de Cuba

El nuevo bloque político continental, nutrido de experiencias integradoras a nivel subregional como el Alba, Unasur, Caricom y el Grupo de Río, entre otros, transita por su segundo año de vida bajo la presidencia pro témpore de Cuba, condición que durante sus primeros 12 meses había ocupado Chile.

En la Cumbre celebrada en Santiago de Chile, en enero pasado, la nación cubana asumió lo que semanas antes ya había apuntado el Presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional, al afirmar que constituía, «además de un alto honor, una gran responsabilidad a la que consagraremos los mayores esfuerzos y energías».

Y en ese sentido se trabaja. Según explicó el viceministro cubano de Relaciones Exteriores Abelardo Moreno, al término de la V Reunión de Coordinadores Nacionales de la Celac, celebrada en La Habana los días 9 y 10 de mayo últimos, las labores del grupo se encaminan hoy hacia dos rumbos: uno a lo interno para promover la integración regional en el continente; y otro para fortalecer la conciliación de posiciones de los Estados miembros ante hechos internacionales.

«Nos guía el propósito de promover actos y hechos que contribuyan a consolidar la Celac como grupo más eficiente», sentenció entonces Moreno.

Elaborado a partir de las contribuciones de todos los países y detallando los pasos a dar en aras de fortalecer el funcionamiento de la organización, el Plan de Acción trazado por el grupo para 2013, incluye áreas priorizadas como el desarrollo social, la reducción de las desigualdades, las finanzas, el medio ambiente, la agricultura familiar, la ciencia y la tecnología, el transporte y la industrialización.

En la búsqueda de un espacio internacional, el bloque incrementa el trabajo para materializar la cooperación con países como Rusia, India y China, así como la promoción de relaciones con grandes organizaciones como la Unión Africana; y trabaja por la cooperación con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).

Precisamente en este sentido, según emanó de la última cita  de La Habana, ya se confirmó una visita de la troika ampliada de la Celac a Moscú, para finales de mayo.

Esta se sumará a las cuatro reuniones de alto nivel ya realizadas bajo la dirección cubana: la de Ministros de Educación, en La Habana; la de los titulares de Cultura, en Surinam; el grupo de Trabajo sobre Medio Ambiente, en Ecuador; y la de cancilleres de la troika ampliada, también realizada en la Isla el pasado abril.

Venezuela acogerá en julio próximo una reunión ministerial de la Celac que tendrá como tema central la erradicación del hambre y la pobreza en nuestra región.

La diversidad dentro del grupo

Un aspecto de vital importancia y en el que existe comprensión general, es acerca de la necesidad de brindar especial atención a los países del Caribe, principalmente en temas como el enfrentamiento al cambio climático.

La Declaración de Caracas sustenta la construcción de la unidad en la diversidad, avala la solidaridad como un elemento consustancial a la construcción de la Celac, y esto implica darles un tratamiento especial a países que están en desventaja en relación con otros.

Por eso, la troika, integrada por Cuba en su condición de presidente actual; Chile, saliente de esa responsabilidad; y Costa Rica, que la asumirá en 2014, se amplió con la presencia de Haití como representante actual de los países de la Caricom.

Sin embargo, vivimos hoy solo el comienzo de esta unión de la América Nuestra, y hay que solidificarla, porque constituye el momento institucional más importante en 200 años, un mecanismo de integración joven, con muchos y nuevos retos, con la tarea urgente de convertirse en la alternativa encaminada a velar por los intereses, los recursos, el desarrollo y el bienestar hacia adentro de los pueblos de la región.

Unidos, desde nuestras diferencias, podemos escalar espacios ambiciosos hasta llegar a emerger como nueva potencia económica y comercial del mundo —la gran fuerza en el sector petrolero y ambiental podría sostener esta afirmación, sin dudas. Y también como una alternativa política frente al hegemonismo del Norte.

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