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Un largo camino por delante

El Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) alcanzaron un acuerdo sobre desarrollo agrario integral, punto uno de la agenda en busca de la paz

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Titulares de la prensa colombiana y del mundo acaparó este lunes la noticia dada a conocer el domingo en La Habana: el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) alcanzaron un acuerdo sobre desarrollo agrario integral, punto uno de la agenda en busca de la paz.

Se llegó a ese consenso tras seis meses de conversaciones en torno al problema núcleo central del conflicto armado en esa nación, que ya sobrepasa la media centuria.

Si bien es cierto que ambas partes mostraron desde el inicio de los diálogos en noviembre de 2012, muestras claras de su voluntad de avanzar en las conversaciones y en el compromiso con la paz por la vía del diálogo, muchos veían con escepticismo la conclusión de este punto.

El tema de la tierra, junto al de la participación política de la insurgencia una vez desmovilizada, la lucha contra el narcotráfico, y el reconocimiento a las víctimas de la guerra, constituyen los tópicos básicos de la agenda a seguir para recorrer el camino a la paz.

La reacción de recelo se sustenta en décadas de tentativas infructuosas de negociación sin lograr ni un acuerdo tangible como el que ahora se anunció.

Este alcance, sin dudas, aportará confianza entre las dos delegaciones, porque demuestra, además del deseo de llevar al país por el camino de paz, que cuentan con una metodología de trabajo funcional.

Trascendental también es el hecho de que, por primera vez en este medio año de deliberaciones, las partes ocuparon un mismo escenario para dar a conocer la noticia a la prensa. Acompañados de los representantes de los países que actúan como garantes y acompañantes (Cuba y Noruega, en el primer caso, y Venezuela y Chile, en el segundo), los representantes entraron a la Sala del Palacio de Convenciones de La Habana para exponer, en menos de una hora, el histórico primer paso.

Gran optimismo generó la noticia dentro y fuera del país sudamericano. Desde las primeras horas de la tarde del domingo, las redes sociales fueron el escenario principal donde los colombianos expresaron su satisfacción por los primeros resultados.

El presidente Juan Manuel Santos, a quien sin dudas esta nueva decisión le dará un impulso positivo en su afán de reelegirse en los comicios de mayo de 2014, calificó el hecho de histórico y «un paso fundamental hacia un acuerdo final» al conflicto que, según cifras oficiales, ha provocado 600 000 muertos y 15 000 desaparecidos. A través de su cuenta en Twitter, Santos anunció que continuarán el proceso, con prudencia y responsabilidad.

«Hoy el país se llena de esperanza. Esperamos que los derechos negados a los habitantes rurales de Colombia por fin sean reconocidos» expresó, por su parte, la ex senadora colombiana Piedad Córdoba.

En un comunicado difundido por Naciones Unidas, el secretario general, Ban Ki-moon, consideró que se trata de un logro significativo. El entendimiento, dijo, constituye un importante paso.

Aunque no faltan quienes le apuestan a su fracaso. El ex presidente colombiano, Álvaro Uribe, fuerte detractor del proceso, no escondió su descontento al asegurar que el Gobierno ha premiado a «terroristas», en referencia a la insurgencia.

Si bien queda mucho camino por recorrer y, según han reiterado las partes «nada está acordado hasta que todo esté acordado», es decir, que los consensos sobre cada punto de la agenda no se aplicarán mientras no exista un acuerdo de paz definitivo, se evidencia una positiva voluntad de avance.

Hay que ser realistas y prudentes. Aunque se haya vencido parte del tema más controvertido, los tópicos por discutir no dejan de serlo menos. Es un desafío gigante el que Colombia tiene por delante.

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