Se destaparon las letras

En el populoso barrio de Petare ha nacido una singular «bodega» cuyas despensas están repletas de bienes espirituales

Autor:

Osviel Castro Medel

PETARE, Miranda, Venezuela.— «El muñeco y Cochino fueron a México a ver a su amigo Pollito. Pollito se sorprendió cuando abrió la puerta y los vio, porque no los esperaba».

Así nos lee Yenaikel Aguilar, un niño de ocho años del barrio de San Blas, en Petare. El cuento lo escribió él mismo echando a volar su imaginación, después de escuchar las instrucciones de su profesora de Literatura.

Su relato termina en que los tres amigos, luego de dialogar un rato, partieron contentos y, caminando, «descubrieron el mundo».

Pero Yenaikel no es el único «escritor» en ciernes que habita por estos lares de cerros y recodos. Ese mismo día Antoine Reyes, Yonda Maibelson, Diana Femayor, Sudín Rivas, José Budillo, Diego Rafael Quintero y Yanderson Ramos —todos de entre ocho y diez años— nos leyeron historias o pensamientos nacidos de sus propias cabezas.

Escuchamos los cuentos La planta y la regadera, La mariposa, la niña y el saltamontes; y el poema El cielo, entre otras creaciones en las que había lenguaje todavía primario, aunque a ratos metafórico.

Un año atrás tal maravilla parecía un sueño, pero desde que, en un pequeño local, abrió la Bodega Cultural Renacer de los saberes, en La Ceiba, se destapó un río creativo entre estos niños y otras personas de la comunidad.

Belkis Sánchez Gil, una simpática camagüeyana, especialista en Literatura y Español, ha sido en los últimos seis meses la madrina intelectual de estos pequeños, descendientes de familias humildes y con no pocos problemas de convivencia.

«Buscamos que ellos creen sus obras y también que comiencen a tener ideas sobre la apreciación literaria», nos comenta mientras los muchachitos retozan a su alrededor con papeles escritos.

Y nos confiesa que no ha sido una tarea fácil, porque algunos, incluso, apenas dominaban el abecedario cuando despegó el proyecto. «Uno de los éxitos ha sido la promoción de la lectura. Ninguno de ellos tenía la costumbre de leer; ahora muchos están enamorados de los libros».

Más que palabras

No solo las letras han cautivado esta esquina de Petare. Yenaikel reconoce que «aquí aprendemos a escribir, memorizar, cantar, actuar, leemos, hacemos dibujos, casitas y cuentos».

Su testimonio remarca que en Renacer de los saberes también tienen cabida otras manifestaciones como la plástica y la música, que enriquecen el ambiente espiritual del barrio.

El día de nuestra visita, por ejemplo, apreciamos en las paredes unos murales con varios dibujos, surgidos en convocatorias de concursos sobre diferentes temáticas.

Al respecto, la animadora responsable de la bodega, la venezolana Mercedes León, explica que la institución promueve talleres, sanas competencias de creación entre los niños, danzas, tertulias y todo lo que multiplique su bienestar y el de los vecinos.

«El nombre de “bodega” se debe a que aquí se venden libros, los cuales valen desde uno hasta 45 bolívares; es decir, precios módicos. También se prestan obras valiosas para que las personas las consulten y aprendan. Entonces esto ya es más que una bodega».

Ella reconoce que muchos han aprendido allí a vencer la timidez o han mejorado el comportamiento social. «La labor de la profesora ha sido muy grande», dice con sinceridad no disimulada.

Por su parte, la poetisa popular Ana Gloria Palmer, expone que la bodega es solo un vértice del trabajo cultural desplegado por los cubanos en la República Bolivariana de Venezuela. «Ellos han sido unos hermanos que han hecho énfasis en que nuestro pueblo tiene un gran saber, un gran potencial que debemos explotar más. Que desde los pequeños espacios, como este, se puede construir un país mejor».

Relevo

Belkis no puede escuchar estos criterios que la emocionarían. Está sumergida ahora en la conversación con los niños, quienes le hacen preguntas sobre diversos temas.

Uno de ellos la abraza por la cintura mientras ella contesta. «Son muy amorosos», nos dice y subraya que dentro de ocho o nueve meses deberá retornar a Cuba. «Tenemos que ir preparando al relevo venezolano que continuará con los talleres cuando no estemos».

A la sazón, confiesa que ella también ha aprendido en el tiempo que lleva en este país y que —casi como el cuento de uno de sus alumnos— con esta experiencia que implica numerosos sacrificios sentimentales, ha descubierto otro mundo.

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