Las manos de EE.UU. y el ejército egipcio

Carlisle, un pequeño e histórico pueblo de Pennsylvania, es el nudo central de no pocas tramas convertidas en tragedias de pueblos

Autor:

Juana Carrasco Martín

El 73 por ciento de los votantes norteamericanos se oponen al involucramiento de Estados Unidos en Egipto. Lo dijo un Reporte Rasmussen, encuesta nacional dada a conocer hace unos días, que revela ese deseo de no inmiscuirse en los graves problemas del país del Norte de África. Pero, ¿acaso Washington no está entrometido desde hace mucho en esa nación y en esa región?

Esos estadounidenses preocupados están pensando en una nueva guerra donde sus soldados o sus drones hagan parte, y exponiendo sus criterios piensan que pueden detenerla. Sin embargo, si se llega a la raíz de los hacedores del golpe, la presencia de la mano del Pentágono es bien visible, cuando uno de sus más destacados alumnos, el general Abdel-Fattah al-Sisi, encabezó la asonada que derrocó al presidente electo Mohamed Mursi, abriendo las puertas al peligro de una guerra fratricida con manto de enfrentamiento religioso, que ya está a las puertas.

La paradoja es que Mursi fue quien puso al general Al-Sisi al frente del Ministerio de Defensa, porque se suponía que era un hombre cercano a sus posiciones, llevaba también como «aval» ser una persona «amistosa para Estados Unidos» y eso aseguraba al Gobierno salido de la votación de los egipcios buenas relaciones con la administración de Barack Obama. Al final, la puñalada por la espalda…

Lo que sí era cierto es ese afecto entre Al-Sisi y el Pentágono, obvio en quien fue preparado en Carlisle, un pequeño e histórico pueblo del estado de Pennsylvania, donde está ubicado el Colegio de Guerra del ejército de EE.UU. (US Army War College).

Por demás, Al-Sisi no es el único militar egipcio que ha pasado por esas aulas. Son bien conocidos los años de estrechos vínculos entre los militares estadounidenses y los egipcios, ataduras que tienen su origen en el largo lapso presidencial de Hosni Mubarak, quien solo fue defenestrado cuando perjudicaba más que beneficiaba la imagen estadounidense, y por tanto sus intereses.

El entrenamiento militar era o es una de las aristas de la colaboración Washington-El Cairo, que incluye además la venta de armas, a sabiendas de que con un Egipto como aliado firme, Estados Unidos garantizaba el balance árabe-israelí en sus amistades. En verdad, un presidente islamista como Mohamed Mursi, rompía el esquema de la estrategia imperial en la región, de ahí —en buena parte— su corta duración al frente del Gobierno en el país de los faraones.

Un comentario del periodista Jason Ditz en The Sentinel, indicaba que durante Mubarak el entrenamiento de EE.UU. se enfocaba en mantener silenciado por la fuerza al «extremismo islámico», cuyo partido estuvo prohibido y perseguido. Ditz agregaba en su argumentación el apoyo del Congreso norteamericano al golpe y las conferencias impartidas en el Colegio de Guerra expresando la esperanza de que la asonada de Al-Sisi «pueda ser vista como un ejemplo» en la región frente a la elección democrática de “radicales”».

Igual valoración ha hecho el periodista Rowan Scarborough en el diario The Washington Times, para quien el ejército egipcio está haciendo con los Hermanos Musulmanes lo que le han enseñado por décadas: mantener el poder de El Cairo lejos de las manos de los islamistas.

Las fuerzas armadas egipcias son las más poderosas de la región y solo rivalizan con ella los israelíes; constituyen, como bien se dice, un poder independiente dentro del Estado y tienen una influencia económica notable, lo que le da un papel protagónico en la política y las decisiones del Gobierno. Según el periodista Joshua Hammer «tanto como el 40 por ciento de la economía egipcia» está controlada por los militares.

Del colegio de guerra al bis a bis

Está claro entonces por qué van los militares egipcios a estudiar al Colegio de Guerra de Carlisle, como también ocurre con los líderes castrenses de otros países aliados de Washington. Se trata, evidentemente, de una inversión estratégica de EE.UU., de una construcción de «amistades» para futuro, como lo reconocía el mayor general Tony Cucolo, comandante y profesor en esa universidad militar, respecto al llamado programa de asociados que comenzó en la década de los años 70 del pasado siglo.

«Es crítico conocer que la voz en el otro final de la línea es alguien en el que confías porque te has pasado un año estudiando juntos, hablando sobre todo, desde Tucidides —el historiador y general ateniense— hasta la ética y los equipos deportivos favoritos».

Hablaba de la formación de lazos afectivos, y eso puede cobrarse cuando las crisis irrumpen en un país, subrayaba el periodista en su perspicaz análisis, refrendado por la cita del general Cucolo: «Sabes que tienes un amigo, o al menos un colega, al que puedes llamar para recibir datos situacionales más allá de la información conocida por los medios», a lo que añadía: «Ellos también tienen la habilidad de llamarte para consejo y orientación».

Anualmente, entre Washington y El Cairo hay sesiones de trabajo para la coordinación militar, que por lo general encabeza el secretario asistente de Defensa para los Asuntos de Seguridad Internacional. También se dan las conversaciones con el Jefe de la Junta de Jefes de Estado.

Las razones son más que decisivas para esos encuentros, Estados Unidos provee anualmente a las Fuerzas Armadas Egipcias de asistencia militar multimillonaria. En 2009 fue de 1 300 millones de dólares y en 2013 la suma ascendió a 1 390 millones de dólares.

En el año 2011, cuando ocurrían las protestas populares que culminaron con el régimen de Mubarak, y se daban también las reuniones bis a bis egipto-estadounidenses, el secretario asistente de Defensa, Alexander Vershbow, llamó a las dos docenas de militares egipcios que participaban en el encuentro en Washington a que «ejercieran moderación» ante los acontecimientos.

Vino el golpe de Estado que encabezó el general Al-Sisi, pero Washington no ha decidido aún darle ese calificativo, porque ello representaría cesar de inmediato el financimiento militar de quienes han sido sus mejores amigos en el mundo árabe.

Breve perfil de un general

Al-Sisi nació en 1954, se graduó de la academia militar egipcia en 1977, obtuvo su grado de máster en el US Army War College en 2006. Fue designado Comandante de la Región Militar Norte-Alejandría y Jefe de la Inteligencia Militar. Tras las presiones populares y militares que llevaron a la renuncia de Mubarak, tomó el poder la junta encabezada por el mariscal de campo Mohammed Hussein Tantawi, pero una de las primeras decisiones del presidente electo Mohamed Mursi fue sustituir los mandos militares y Al-Sisi sustituyó a Tantawi como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas egipcias desde agosto de 2012. Bajo su férreo puño también quedaron la presidencia del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa.

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