¿Dónde están las armas químicas?

Se acusa a Siria por empleo de armas químicas en su conflicto armado, pero no son pocos los que las han aplicado, y Estados Unidos cuenta todavía con uno de los mayores y más letales arsenales

Autor:

Juana Carrasco Martín

«El uso de armas químicas en cualquier lugar del mundo es una afrenta a la dignidad humana y una amenaza a la seguridad de la gente en todas partes. Tenemos el deber de preservar el mundo libre del temor de las armas químicas por nuestros hijos. Hoy se ha dado un importante paso para lograr ese objetivo». Se podría estar de acuerdo con las palabras dichas por Barack Obama, según el comunicado oficial emitido por la Casa Blanca en Washington, al conocerse el consenso logrado con Rusia sobre las armas químicas de Siria.

Sin embargo, es obligada una pregunta: ¿Tomarán igual camino de mostrarlas transparentemente al mundo y destruirlas en su totalidad las armas químicas, biológicas, nucleares, que están en los letales depósitos de otros países que hoy exigen «obediencia total del régimen de Al Assad»?

«No hay espacio para jueguitos», puntualizó el secretario de Estado John Kerry, cuando exigía prepotentemente esa «obediencia», durante sus declaraciones en la conferencia de prensa en Ginebra, donde se daba a conocer el acuerdo alcanzado entre Rusia y Estados Unidos para el desarme sirio de ese armamento. Por supuesto, este es un pacto a celebrar si ello va aparejado con conversaciones serias para lograr el fin de un conflicto devastador aupado por el Occidente y algunos países de la región, y que lleva ya 30 meses de desangramiento y destrucción.

Las guerras, cuando están motivadas por intereses espurios de potencias interventoras en busca de controles económicos o geopolíticos, escudados detrás de cualquier demanda sociopolítica, resultan condenables, y lamentablemente, los arsenales de muchas naciones —pobres, ricas o de cualquier tipo— se han ido engrosando a requerimiento de las grandes industrias bélicas, ganadoras en ese negocio de la muerte.

El diario Herald-Leader, de Kentucky, publicaba un reportaje interesante y muy a propósito del tema puesto sobre la mesa en el caso sirio, que titulaba Los químicos alegadamente utilizados en Siria son del tipo almacenado por EE.UU. en Kentucky.

Asegura el periodista Greg Kocher que se trata del mismo «agente nervioso» VX acumulado en el Depósito Blue Grass del Ejército en el condado de Madison, que al igual que el gas sarín está vetado por las Convenciones Internacionales.

Haciendo un poco de historia, en mayo de 1991, el entonces presidente George H. W. Bush se comprometió a que Estados Unidos renunciaría a utilizar armas químicas como castigo a quien las utilizara, y en 1993 se firmó la Convención de Armas Químicas que requiere que sean destruidas todos las armas de agentes químicos, sistemas para su empleo y destrucción de las facilidades para su producción, lo que debía realizarse para abril de 2012. En 2007 ya había destruido el 45 por ciento de sus almacenajes; sin embargo, no se ha cumplido el plazo de 2012.

Parece que el Pentágono sí está apto y tiene la anuencia mundial para mantener esos arsenales, que en el caso de Kentucky se proponen destruir cuando esté terminada la planta para ese propósito y que se supone sea en el año 2015, aunque —asegura el periódico estadounidense— solo será operacional para el 2020.

Se sigue extendiendo el plazo, porque tomará hasta 2023 destruir todo ese armamento, según ha informado Craig Williams, director del Grupo de Trabajo de las Armas Químicas, ciudadanos que monitorean el armamento de Madison y el almacenado en Pueblo, estado de Colorado.

En el caso del deposito de Pueblo, la instalación capaz de destruir sus armas químicas se esperaba que estuviera completada para 2012 y que comenzaría a funcionar entre 2015 y 2017.

A Williams y su grupo les preocupa la letalidad de esos proyectiles y cómo pueden afectar la seguridad de la comunidad local. En el depósito de Blue Grass las armas están almacenadas en recipientes que parecen botellas de vino sobre bases de madera, en bunkers de concreto y rodeado el terreno con vallas de alambre de cuchillas y señales que le advierten a cualquier intruso: «Está autorizado el uso de fuerza letal».

Según la Agencia de Materiales Químicos del Ejército, para enero de 2012 ya habían destruido el 89,75 por ciento de sus arsenales originales, contentivos de 31 100 toneladas métricas de agentes nerviosos y mostaza que había declarado en 1997.

Pero aún hoy las fuerzas armadas estadounidenses disponen del más moderno y peligroso armamento químico, con el añadido de que los contenedores o los proyectiles están en algunos casos afectados por la corrosión y por tanto alteradas las condiciones de su seguridad. De acuerdo a lo reconocido por EE.UU. siete de los nueve depósitos de ese armamento ya están fuera de servicio.

Una información de AP de hace un par de días comentaba que le ha tomado tres décadas a Estados Unidos destruir su propio arsenal de armas químicas, y las 3 000 toneladas que aún posee superan en tres veces lo que supuestamente tiene Siria.

El acuerdo entre Rusia y Estados Unidos anunciado este sábado, le da un año al Gobierno de Bashar al-Assad para que destruya las suyas, y una sola semana para que haga conocer qué tiene en sus santabárbaras químicas.

Otra pregunta necesaria está referida a tal armamento en manos de los mercenarios y grupos terroristas que operan en Siria. ¿Quién se las suministró? Al parecer llegaron por manos de terceros, y es bien sabido que Estados Unidos también almacenó desde hace décadas este tipo de proyectiles o contenedores entre sus aliados.

Cuando surgió la intensa campaña acusatoria contra Siria, también se conocieron las denuncias de las autoridades del país —que venían sucediéndose desde hacia meses, sin que los medios, la ONU y los luego muy preocupados Estados Unidos, las tomaran en cuenta.

Un reportaje de una periodista en uno de los barrios de la periferia de Damasco, donde había sucedido la contaminación por armas químicas, entrevistó al padre de uno de los «rebeldes», quien hizo una descripción de las armas que habían depositado en túneles su hijo y otros opositores armados que murieron en el manejo «accidental» de ese armamento. Parecían botellas, dijo el hombre, y en una foto entre las muchas tomadas y difundidas por esos días para propagandizar a las fuerzas adversarias a Al-Assad sencillamente parecían botellas…

Lo curioso es que Obama, en el discurso a la nación para argumentar su decisión de intervenir o castigar lo que se dice sucedió en Siria (aún sin esclarecer quién las empleó) dijo que en cualquier lugar donde se usen, amenaza a Estados Unidos y a su personal…

No hemos hablado del fósforo blanco, otra arma química que, si bien no entra en los gases nerviosos, mata o deja efectos discapacitantes en sus víctimas. Estados Unidos lo usó en Iraq —y no mencionemos los efectos del uranio empobrecido, que se han ido acumulando en suelo mesopotámico desde la guerra de Bush, el padre, y potenciaron su efecto con la guerra de Bush, el hijo. La heroica Falluja, a la que se llamó la Guernica de esa guerra, sufrió bajo el fósforo blanco, que causó un número desconocido de muertes y de lesionados, capaces de recordar el uso del napalm contra el pueblo vietnamita.

Lamentablemente, este es un tema donde muy pocos podrían tirar la primera piedra, pero sí es necesario, por el bien de la humanidad, por la construcción de un necesario mundo de paz, por la solución pacífica y diplomática de los conflictos, que el mundo exija la eliminación de todas las armas de destrucción masiva, que son muchas más que las que provocan la muerte silenciosa mediante la inhalación o el contacto…

La muerte silenciosa

El sarin, desarrollado en 1938 por químicos en la Alemania hitleriana como pesticida, puede ser inhalado como gas o absorbido a través de la piel, afecta el sistema nervioso, sobreestimula los músculos y los órganos vitales. Según los expertos, si se inhala en altas dosis sofoca a las víctimas al paralizar los músculos que rodean los pulmones; y si es a través de una gota puede matar a una persona promedio en solo cuestión de minutos.

Se recuerda que en el año 1995 un grupo terrorista japonés atacó el metro subterráneo de Tokio con sarin y al menos murieron 12 de las víctimas y otras cinco mil tuvieron que ser hospitalizadas.

El VX, desarrollaron también como pesticida por científicos británicos en 1959, tiene mayor potencia y una sola gota es suficiente para matar a una persona de complexión fuerte en solo segundos.

Se asegura que Iraq lo utilizó contra Irán en la guerra de 1980-1988, y también contra los kurdos en 1988.

Estados Unidos asegura que ellos nunca lo han usado en combate, pero lo tienen, y es bien conocida la prueba que hicieron en 1968 en Utah, cuando lo rociaron en el campo experimental de Dugway y mataron a miles de ovejas que pastaban en el lugar. Estados Unidos comenzó a fabricarlo en gran escala en 1961 durante la Guerra Fría. Por supuesto, el adversario donde probablemente se emplearía sería la entonces Unión Soviética.

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