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América Latina sin el Caribe no está completa

El Doctor Antonio F. Romero Gómez, presidente de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, conversó con Juventud Rebelde acerca de la recién conluida cita en La Habana de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

América Latina y el Caribe viven un cambio de época. La región protagoniza un suceso sin precedentes en su historia. La conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) constituye, en términos históricos, un hito en esta parte del planeta.

Este es el primer foro regional en el que se tiene claro, desde el principio, que Latinoamérica sin el Caribe no está completa, acota el Doctor Antonio F. Romero Gómez, presidente de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, en conversación con Juventud Rebelde.

Al hacer un balance de lo que ha significado la Celac, en sus dos años de existencia, específicamente para la zona del Caribe, Romero destaca que este mecanismo se afirma en su visión integradora, contrario a otros en los que participan países latinoamericanos convocados por potencias y que no incluyen a la región caribeña.

Un ejemplo clásico de ello, apunta, es la Cumbre Iberoamericana, que solamente incluye a 19 países latinoamericanos de raíz ibérica y donde no participan los caribeños.

Desde su fundación en Caracas, Venezuela, en diciembre de 2011, en la Celac se le dio un peso significativo a la inclusión del Caribe en todos los programas y agendas propios del mecanismo, con el objetivo de avanzar en términos de sus intereses legítimos. Tres aspectos, a juicio del especialista, fundamentan esta afirmación.

En primer lugar, dice, una muestra palpable es la inclusión en la presidencia pro témpore de la Celac, por decisión  soberana de los 33 Estados miembros, de la nación caribeña que ocupe la presidencia de turno en la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom), atendiendo así al requerimiento, en ese sentido, hecho por Trinidad y Tobago en la cita de Chile.

La decisión, aceptada bajo la presidencia pro témpore de Cuba, constituyó un hecho significativo dentro del ente regional. El Caribe estaba representado y quedaba claro que en  todas las consideraciones que se debatieran, se tendrían muy en cuenta la opinión de los caribeños.

Como segundo aspecto se destaca también que en la Declaración de Santiago se dedicaron dos párrafos a resaltar la importancia del Caribe para el presente y futuro de la Celac, así como se reconoció claramente el papel trascendental que la subregión había jugado en la independencia y en la formación de la identidad latinoamericana.

Se plantea además, como uno de los principios fundamentales del mecanismo, el imperativo de tener en cuenta, en todas sus acciones, las necesidades y los requerimientos de los países de economías pequeñas y de menor nivel de desarrollo, entre los cuales se incluyen las naciones caribeñas, merecedoras de un trato diferenciado.

En tercer lugar, ha sido importante la participación de la Secretaría de la Caricom en las reuniones que se realizan para afinar los diferentes mecanismos regionales y subregionales y de la propia agenda de la Celac, resalta Antonio Romero.

La recién concluida II Cumbre de la Celac confirmó el peso que tiene el Caribe en ese ente integracionista.

Cooperación: La palabra de orden

Conformada por 15 naciones pequeñas y vulnerables, no solo desde el punto de vista económico, sino también medioambiental, necesitadas y urgidas del soporte regional, las naciones caribeñas encuentran en la Celac y en su programa de trabajo, un foro donde se van concretando acciones que amplíen y diversifiquen las relaciones económicas y, sobre todo, la cooperación entre ellos y el resto de Latinoamérica.

«El ejemplo más acabado en este sentido lo vemos hoy en Haití. Allí existen los más exitosos programas de cooperación Sur-Sur entre países latinoamericanos, sobre todo con la participación de Cuba, Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina».

El Doctor Antonio Romero recuerda que en el  enfrentamiento a la crisis económica que estalla en el año 2008 y que sumió a buena parte del mundo en un gran abismo, América Latina prácticamente ha salido airosa, no así las naciones caribeñas.

«Sus economías han sufrido los embates de la crisis, lo que ha conllevado a retrocesos económicos sin precedentes en la mayoría de esos países en los últimos años, a diferencia de lo que pueden exhibir en términos macroeconómicos una parte de las economías latinoamericanas».

Varias acciones han tenido que llevar a cabo para enfrentar estas restricciones estructurales muy serias respecto al crecimiento, en este nuevo contexto internacional.

Una de ellas, resalta el estudioso, ha sido diversificar su matriz económica teniendo en cuenta  que es en Estados Unidos y Europa —principales actores de la crisis— donde estas naciones tienen concentradas la mayor parte de sus relaciones económicas externas, tanto comerciales como financieras, de inversión, de remesas y turismo, entre otras.

Pero, una de las mayores lecciones que están sacando ahora, es que hay que mirar un poco más al sur, y la Celac es el marco preciso para potenciar mucho más sus relaciones económicas con otras naciones latinoamericanas y representar a la Caricom en foros multilaterales para defender intereses comunes.

Esto, acota Romero, estaría en línea directa con una de las exigencias más importantes que desde hace tiempo están haciendo los países caribeños: la modificación de las reglas de la economía internacional para que se tengan en cuenta su vulnerabilidad y sus intereses de desarrollo.

Celac, Caricom y otros foros subregionales

En la Celac conviven una multiplicidad de órganos de cooperación a nivel regional y subregional que se han seguido desarrollando, sobre todo, a partir de los inicios de este siglo.

El Caribe está presente en varios de ellos. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), creada en 2008, cuenta en su membresía con dos países de la Caricom, Guyana y Suriname, ambas incorporadas de manera creciente en los trabajos del grupo en términos de cooperación en infraestructura, explotación de recursos naturales, seguridad y desarrollo social.

Por otro lado, Belice forma parte del Sistema de Integración Centroamericano (SICA). Esas tres naciones, dentro de esos dos mecanismos, se convierten en la ventana del Caribe dentro de Centro y Sudamérica, afirma el Doctor Antonio Romero.

Indispensable para el desarrollo de Dominica, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Surinam, ha sido su incorporación como miembros plenos a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA). Indudablemente, un esquema de integración alternativo que nada tiene que ver con los tradicionales, y que busca avanzar en términos de desarrollo e inclusión social, sobre la base de la complementariedad, la solidaridad, la cooperación, y no sustentados en el libre comercio.

Específicamente con Haití, nación con un estatus de invitado especial, el Alba tiene un plan integral de cooperación muy exitoso y reconocido por las propias autoridades de ese país.

Como parte de la filosofía de cooperación y complementariedad que distingue al Alba, Petrocaribe destaca como el esquema de cooperación energética que implica el mayor flujo de transferencia financiera para apoyar el desarrollo y del cual se benefician 13 de las naciones caribeñas, menos Barbados y Trinidad y Tobago.

Por lo tanto, hay multiplicidad de membresía de los países del Caribe en distintos esquemas de integración subregional y de todos ellos se privilegia la Caricom.

Es indispensable continuar unificando las subregiones y los bloques que hacia lo interno conforman la Celac. Su articulación será parte del camino imprescindible del mecanismo, siempre salvando y respetando las diferencias que nos caracterizan, argumenta Romero Gómez.

El Caribe forma parte de una sólida unión con Latinoamérica, no solo en términos geográficos, sino por fuertes lazos culturales, históricos y políticos.

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