Un «hombre apresurado» se hará cargo de Italia

Matteo Renzi, quien encabeza el Partido Democrático italiano y ahora recibe la encomienda de llenar el palacio de Gobierno de Chigi como primer ministro de Italia, ha prometido «cambios rápidos» cuando dijo: «Voy a ponerle toda la energía y el entusiasmo que tengo»

Autor:

Juana Carrasco Martín

Se afirma que piensa, habla y actúa rápido, y ahora que recibe la encomienda de llenar el palacio de Gobierno de Chigi como primer ministro de Italia, Matteo Renzi ha prometido «cambios rápidos» cuando dijo: «Voy a ponerle toda la energía y el entusiasmo que tengo».

Sin embargo, hace falta algo más que las intenciones del político de centroizquierda de apenas 39 años que encabeza el Partido Democrático italiano y hasta este lunes 17 de febrero era alcalde de la ciudad de Florencia.

Las reformas que asegura emprenderá en la Constitución, el sistema laboral y administrativo y el fisco son temas espinosos en una economía en crisis. También habría que ver cuáles son esas «reformas» para quien sucederá a Enrico Letta, quien fue obligado por su propio partido a renunciar cuando solo tenía diez meses al frente del Gobierno.

Por lo pronto, AFP le señalaba una dificultad a Renzi: «las reticencias de sus aliados de derecha y de sus amigos de izquierda» para que pueda encontrar los ministros para su equipo…

Sin embargo, ni corto ni perezoso, Renzi ya divulgó su cronograma para las reformas que aspira comenzar en este mismo mes de febrero y terminar en mayo, a lo que sumó —en el difícil y retumbante escenario político italiano, donde los primeros ministros no duran mucho en el cargo pues de 2000 a 2014 van siete—, su propia meta, llegar hasta 2018 en el palacio de Chigi.

Entre la muy plural alianza de Renzi está el Nuevo Centroderecha (NCD), que cuenta con 30 senadores en el Parlamento, votos imprescindibles para que avance cualquier propuesta, al punto que Angelino Alfano, su fundador, ya dijo sin tapujo alguno «si decimos no, el Gobierno de Renzi dura un día», y tras esta especie de ultimátum vendrán las exigencias que, por supuesto, tendrán mucho que ver con un pare a cualquier medida que huela a «izquierda».

Por tanto, el vaticinio más exacto afirma que Renzi va a estar muy ocupado en los próximos días en ese tejemaneje de buscarse el módulo que le ayude a gobernar en un país con un 13 por ciento de desempleo y que según el Fondo Monetario Internacional quedó después de Haití en crecimiento y con una década perdida.

Por su parte, la agencia de calificación de riesgo Fitch le mantiene pronósticos negativos a Italia y precisamente destaca la inestabilidad política como el mayor reto de esa nación, aunque sea la tercera mayor economía de la zona euro, porque su deuda pública es gigantesca, la industria está desmantelada y ya mencionamos a los millones sin trabajo, en especial su juventud.

Fitch le recortó la calificación soberana de Italia a la actual BBB+, aunque otra agencia evaluativa, la Moody’s, sacara a la península mediterránea de «negativo» a «estable».

Y no olvidar que para quienes ordenan en la zona euro, uno de los pasos a seguir para lograr salir de la recesión, se llama «realizar privatizaciones y reducir la burocracia a dimensiones soportables», lo que implicará de hecho más desempleo.

Otra de las primeras advertencias le llegó desde Bruselas, donde la Unión Europea (UE) dijo por lo claro que Italia debe mantener su déficit por debajo del 3 por ciento y el máximo de 60 por ciento de la deuda del Producto Bruto Interno. Todo bajo control, lo que significa en la práctica que no puede pasar por alto las reglas económicas del bloque, las que fija el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Por supuesto, encontrarse un ministro de Economía está entre los desafíos mayores y más inmediatos para Renzi, y con esos truenos desde la UE tendrá que hilar bien fino aunque haya calificado de «obsoleta» la regla del 3 por ciento para impulsar el crecimiento.

Entonces, ¿qué podrá hacer Matteo Renzi, a pesar de su «energía y entusiasmo»? Ojalá no tenga que cambiar esa percepción que declaró en su último discurso como alcalde de Florencia: «La política no es algo sucio ni feo, es realizar los sueños de la gente...»

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