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Frente a una cárcel que nunca más pisará Fernando

Desde Estados Unidos y dando cobertura a la excarcelación de Fernando González, la corresponsal de Telesur relata en exclusiva para los lectores de Juventud Rebelde lo sucedido este jueves a las puertas de la Prisión Federal de Safford

Autor:

Aissa García García

La madrugada es especialmente fría cualquier día en el desierto de Arizona, pero tal vez no lo fue ahora para Fernando. Estoy segura. Él, sus familiares, sus amigos, sus compatriotas que le admiran, y muchos otros en el mundo, llevaban más de una década esperando este día.

A las cuatro de la mañana, cuando se supone lo entregaron a las autoridades federales de migración, nosotros estábamos a varios metros de la entrada del Centro correccional federal de Safford, en Arizona, porque más cerca era terreno federal y no se nos permitió pararnos a grabar.

Un día antes los alguaciles del penal y policías de Safford nos habían pedido abandonar el lugar. Pero en cualquier caso, estábamos cerca de esa cárcel que nunca más tendrá que volver a pisar Fernando González Llort, un hombre de 50 años a quien su país le dio el título de héroe, y al que los pioneros reconocen por su fotografía y su nombre.

Y voy más allá. Tal vez a no pocos les costará creer que también en Miami encontramos por estos días muchos simpatizantes de los Cinco. Las nuevas hornadas de emigrados, me aseguraba un amigo, no quieren que nadie les ponga bombas en hoteles, en los aviones de Cubana, o altere con acciones violentas la vida cotidiana de su país de origen. Quienes han llegado en décadas recientes a la Florida pretenden regresar una y otra vez a la Isla.

Allí tampoco falta quien te cuente que los cinco cubanos fueron primero condenados por la prensa local de Miami y luego, sentenciados a largas condenas en la Corte del sur de la Florida, donde terroristas como Luis Posada Carrilles todavía hoy pueden andar sueltos por las calles y hasta asistir a eventos en universidades. Y fue en esa ciudad de alta hostilidad para Cuba donde Fernando González Llort y otros cuatro cubanos fueron enjuiciados en 2001, tras ser arrestados en 1998.

Abogados estadounidenses aseguran que esos juicios fueron amañados, politizados e injustos. Por iguales delitos, nos aseguraba el Dr. Richard Klug, otros acusados no cubanos hubieran recibido penas infinitamente menores. De esa opinión se han hecho eco diez premios Nobel, artistas, intelectuales, parlamentarios y movimientos de derechos humanos de muchos lugares del mundo.

Hoy volví a constatar que este caso ya no es solo de Cuba, le ha dado la vuelta al mundo y muchos lo han convertido en su causa.

En las pocas horas que llevamos en Arizona nos hemos preguntado cuántos aquí conocerán de la historia de esos cinco cubanos. Pero la larga espera en los alrededores del Centro Correccional Federal nos impidió averiguarlo.

Las autoridades del penal sí estaban al tanto de quién era Fernando González Llort, aunque el cubano había entrado años atrás bajo el nombre de Rubén Campa, el mismo que usó para infiltrarse en los grupos extremistas y violentos que orquestaban y financiaban acciones terroristas contra Cuba. Lo conocían por ambas identidades tanto los alguaciles como los encargados de «relaciones públicas» que salieron a decirnos hoy que el «agente cubano» ya no estaba retenido en esa prisión, ubicada por cierto en medio de la nada, casi al final de una carretera por donde apenas algún que otro transporte pasa, y cercada a lo lejos por montañas y montañas de rocas que hacen más desolador el lugar.

Por los representantes del penal que nos recibieron no tardamos en saber que en las primeras horas de este jueves 27 de febrero, los del Centro de Control Migratorio (ICE) habían venido por Fernando González Llort. Poco después, la vocera de esa institución, Michelle Álvarez, declaraba que el cubano se encontraba bajo custodia del ICE.

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