Imposible olvidar

Este 5 de marzo de 2014, toda Venezuela vivió un día de solemnidad y a la vez de estruendo, meditación, compromiso, conmoción, recuerdo...

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS.—  Día inolvidable. Día de solemnidad y a la vez de estruendo, meditación, compromiso, conmoción… recuerdo. Eso fue el 5 de marzo de 2014 en el Paseo de los Próceres, en el íntimo Cuartel de la Montaña, en las calles de Caracas, en toda Venezuela.

¿Cómo olvidar el aplauso enérgico que recibió Raúl al llegar al lugar del desfile, cerca de las 11: 00 de la mañana o borrar los rostros iluminados y los gritos marciales de los 10 260 soldados que pasaron por la tribuna presidencial saludando a nuestro Presidente, a Maduro, Evo y otros líderes del continente reunidos en homenaje al eterno Hugo Chávez?

¿Cómo extraviar del cerebro las expresiones de millares de espectadores que desde la madrugada misma llegaron a Los Próceres para sentir en el aire el corazón del Comandante Eterno y no se movieron de las tribunas hasta después de las 2:00 de la tarde, bajo un sol que taladraba vísceras?

¿Cómo suprimir los gestos de amor de los abuelos en sillas de ruedas, los niños bailando joropo, los motorizados, deportistas y jóvenes, las Madres del barrio... ¡los doctores cubanos y otros misioneros saludando a su Presidente!?

¿Cómo tachar de los recuerdos las maniobras espectaculares de las 36 aeronaves que surcaron los cielos de Caracas en el desfile cívico militar, que impactó a toda la nación?

Tampoco es posible sacar de la memoria los sonidos de los fuegos artificiales que, por la tarde, inundaron los rincones de la ciudad; ni el cañonazo mágico de las 4:25 pm en el Cuartel de la Montaña.

¿Cómo apagar una jornada en la que los pulóveres rojos, los afiches de Chávez, las figuras artesanales que llevan su nombre, los ojos suyos en numerosos objetos, parecieron multiplicarse abruptamente?

Más difícil aún es olvidar el rostro estremecido de sus familiares, que se abrazaron en torno a su sepulcro en el Cuartel sagrado para decirle que la partida duele todavía, pero que el juramento continúa.

Un juramento que no es solo sanguíneo y que tampoco vive en una fecha específica. Habita en millones. Radica, como dijera Evo Morales por la tarde en el Cuartel de la Montaña, en el reto de mantener la unidad y en la lucha que sigue.

Vive, como expresara el Presidente Nicolás Maduro, en la emoción, el deseo, el anhelo de patria, en la lealtad sin límites.

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