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Los homeless como sujetos del arte

Todos somos homeless, un proyecto desde el corazón, llevará a partir de julio, de costa a costa de Estados Unidos, una visión documentada de lo que sucede en cualquier barrio y ciudad del gran país norteño, que deja atrás a los desfavorecidos de los capitales

Autor:

Juana Carrasco Martín

Casi resulta imposible de creer, pero los artistas de vez en cuando acostumbran a reflejar la realidad que los circunda, y parece una tendencia en Estados Unidos denunciar que los homeless, los sin techo, sus mendigos, se han convertido en sujetos del arte.

Toda una colección de letreros, carteles y mensajes escritos por los desafortunados pasaron a ser visibles, como una bofetada al rostro de la indiferencia, así lo quiso su creador, porque ahora no los levanta un menesteroso que «afea» la esquina de la elegante avenida, o sale de una caja de cartón, que primero fue continente del último equipo de refrigeración y ahora le sirve de lecho a Joe, o como sea que se llame ese hombre o esa mujer que pernocta en las calles…

Todos somos homeless, un proyecto desde el corazón, llevará a partir de julio, de costa a costa, una visión documentada de lo que sucede en cualquier barrio y ciudad del gran país norteño, que deja atrás a los desfavorecidos de los capitales que lo convirtieron en el más rico del planeta.

Willie Baronet, un artista y profesor que vive en Dallas, Texas, comenzó en 1993 su extraña colección de carteles, ahora en exhibición. Unos dicen la frase más habitual: I am a homeless (soy un sin techo o no tengo hogar —da igual cómo se traduzca la tragedia—).

Willie Baronet, artista y profesor que vive en Dallas, Texas, en 1993 comenzó a comprar y coleccionar las pintadas en pequeños trozos de cartón o cualquier otro material, que muestran, la mayor parte de las veces, desesperación y en otras hasta un humor irónico o el sarcasmo socarrón para mostrar su desventura a la indiferencia, más que a la compasión de quienes les pasan por delante.

Para Baronet, su objetivo era dar a conocer su disconformidad desde que  charlara con una mendiga en una esquina de la ciudad, y comprendió «cómo nos vemos y tratamos los unos a los otros como seres humanos».

«Sobre mi última pierna» (On My Last Leg), decía la mujer de pie en una intersección de Austin, Texas, que había perdido esa extremidad en un accidente en un bote; y Baronet la describe: «Pero ella era poderosa» y cuando tuvo la conversación «ella fue cómica, encantadora y segura». Le pagó 20 dólares por aquel letrero…

Con el pasar de los años, y con suficiente material, Baronet convirtió estos carteles en un proyecto artístico, produjo instalaciones digitales, hizo performances en la comunidad, videos, galerías fotográficas, y hasta vestiduras. También hizo un libro y un documental.

«De plus, me asocié con el Housing Crisis Center (Centro de Crisis en la Vivienda) de Dallas, para recoger dinero y advertir de su programa para ayudar a los veteranos sin casa», dijo Willie Baronet.

Durante 31 días de este verano de 2014, la exposición viajará por 24 ciudades, desde Seattle, a través de Los Ángeles, hasta Nueva York.

«No tengo trabajo»… «Cualquier cosa puede ayudar»… «Tengo hambre»… dicen los signos viscerales.

Y Jesús «se hizo» Homeless

En abril pasado, otra expresión artística vinculada a los desfavorecidos irrumpió en una rica comunidad de Davidson, Carolina del Norte, y en un lugar inusitado: un banco del tranquilo parque de la Iglesia Episcopal St. Albans.

Jesucristo «bajó» y se acostó en ese banco, como lo haría cualquier hombre sin techo sobre su cabeza, como en el pesebre en que, se afirma, nació en el pueblito palestino de Belén.

Está cubierto por una cobija y su cara y sus manos permanecen en la oscuridad; solo le identifican las heridas de la crucifixión en sus pies descubiertos…

Según las pocas notas de prensa locales que dieron fe del hecho artístico «la reacción fue inmediata». «Algunos lo amaron; otros no». Lo consideraron un «insulto al hijo de Dios». Una mujer llamó a la policía, para que se llevara al vagabundo…

El reverendo David Buck, rector de la iglesia donde una feligresa pagó 22 000 dólares por la estatua en bronce Jesus homeless, afirma que es la transcripción visual de lo que le dijo a sus discípulos: «Lo que le hagas al último de mis hermanos, me lo haces a mí».

Es la vida que Jesús tuvo; en esencia fue un homeless, aclaró; y su creador, el escultor canadiense Timothy Schmalz sabe que es provocativo. Pero ya se interesan en una imagen semejante en un centro católico de Chicago y la arquidiócesis de Washington D.C.

Carteles escritos con las manos de los más desposeídos y una imagen yacente de aquel pobre de hace dos milenios, constituyen un simbolismo profundo de una presente tragedia americana, de su población marginalizada, repudiada, desconocida por la indiferencia de una especie de darwinismo social e institucional.

 

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