Una boda: la esperanza para Gaza en escombros

Cientos de refugiados participaron del matrimonio de Omar e Hiba. En la Gaza en escombros, sus niños, hombres y mujeres tratan de reorganizar su vida, incluso los miles que ahora viven entre las ruinas de sus casas, que están dispuestos —una vez más— a volver a levantar

Autor:

Juana Carrasco Martín

Música, comida en abundancia y alegría se hicieron presentes en el campo de refugiados de Shati, en la escuela de Unrwa, el organismo de la ONU para los refugiados, cuando cientos de albergados allí participaron del matrimonio de Omar e Hiba.

Fue el miércoles, relata ANSA. Pocos días atrás, Omar Abu al-Nimr, de 35, e Hiba Fayad, de 25, estaban sumidos en la desesperación.

Residentes en Beit Hanun, planeaban desde hacía tiempo su matrimonio. Respetuosos de la tradición, no lo celebraron en julio, por la coincidencia con el Ramadán, mes de ayuno islámico. Por ello deseaban llevarlo a cabo a comienzos de este mes.

Pero la localidad donde vivían se encontró de repente en el centro de los combates. La casa de Hiba resultó dañada, incluyendo la habitación nupcial que los esperaba.

Omar había invertido sus pocos ahorros de años en ella. Ahora solo quedan cenizas.

De Beit Hanun, Hiba y Omar resultaron desplazados como otros cientos de personas que confluyeron en la escuela del Unrwa en Jabalya.

Los desplazados en la Franja de Gaza están estimados en la actualidad en cientos de miles. La mitad de ellos en condiciones de hacinamiento en escuelas públicas.

Pero en base a la tradición, un matrimonio en curso no puede ser suspendido. Y los lutos entonces deben ser aplazados para el día siguiente. La vida, como se dice, precede a la muerte.

Hoy, el futuro de Omar e Hiba es incierto. No saben cómo podrán reconstruir su vivienda. Su noche de bodas la pasaron en una habitación en un hotel de lujo puesto a disposición por la Unrwa. Una noche mágica, de luna llena, con vista al mar.

Una noche de fábula, en una Franja que no se creía ya capaz de soñar.

Hasta aquí estos fragmentos del reportaje de la agencia ANSA.

Esta boda y su celebración es la respuesta de un pueblo que resiste desde hace más de 60 años a la injusticia, al robo de sus tierras, al bloqueo, a un infame muro de contención, al estado de fuerza que les impide pescar en sus aguas y cultivar sus tierras, y que cíclicamente le hace víctima de genocidio mediante ataques militares desproporcionados que Israel llama «guerra», «combates» o «enfrentamientos».

En la Gaza en escombros, sus niños, hombres y mujeres tratan de reorganizar su vida, incluso los miles que ahora viven entre las ruinas de sus casas, que están dispuestos —una vez más— a volver a levantar.

Otra agencia, la española EFE, describía que la actividad en la Franja es palpable, con un movimiento constante de gente que iba y venía a los hospitales para pasar tiempo con sus familiares heridos o que recorrían las calles, rebuscando entre los escombros en busca de enseres aún servibles.

La tregua de cinco días rige en la Franja, pero en la plaza Rabin, miles de israelíes del Neguev protestaron. Quieren que la Operación Margen Protector que inició el Gobierno de Benjamín Netanyahu el 8 de julio termine con una victoria del ejército del sionismo, que ponga de rodillas al pueblo palestino y a la organización Hamas.

Las negociaciones en El Cairo —duras y difíciles— para lograr un alto el fuego permanente, caminan en una cuerda floja.

Sin embargo, si fracasan —y no es lo que quiere el pueblo palestino—, la batalla contra la ocupación tendrá la vigencia que le permite el derecho a la vida.

Si se logra un acuerdo de tregua permanente, también los gazatíes pondrán manos a la obra en su derecho a la reconstrucción de la Franja, devastada por los llamados «bombardeos de precisión milimétrica» en su estructura urbanística, pero totalmente inefectivo para arrodillar o aniquilar al pueblo de Omar e Hiba.

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