Cifras del dolor

Siria se desangra. El año 2014 solo vio desolación y muerte para un pueblo que sufre desde hace casi cuatro años una cruenta guerra fraticida a la que desde el exterior se le echa combustible. El año 2015 quisiera comenzar abriendo un resquicio a la esperanza

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

Difícil poder atestiguar que los datos resulten exactos, pero no hay dudas de que, sean más o sean menos, estas son cifras del dolor acaecido en 2014 en Siria y en Iraq, dos países golpeados por guerras, complicadas con la entrada en el escenario bélico de una agrupación terrorista que se autoproclamó como el Estado Islámico.

El llamado Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con base en el Reino Unido, estima que 76 021 personas murieron en la nación levantina, y de ellos 17 790 eran civiles, incluidos 3 501 niños.

Nadie puede confirmar o verificar estos datos, pero el Observatorio hasta los detalla con precisión: 22 627 eran soldados de las fuerzas armadas sirias y de las milicias gubernamentales, en 17 000 redondea a los extremistas del EI (Estado Islámico), ISIS (Estado Islámico para Iraq y el Levante) o Daesh* y 15 000 bajas en las que denominan facciones «rebeldes moderadas».

Prácticamente cuatro años de guerra y resistencia para el Gobierno de Bashar Al- Assad frente a la arremetida de grupos que respondían al programa subversivo de Occidente de las «primaveras árabes» han mostrado, junto al desangramiento y la destrucción económica y de la infraestructura del país, una transformación de esa «oposición» en multitud de facciones rivalizando entre sí y luego enfrentándose también al ISIS. En esa fragmentación destaca el Frente Nusra de al-Qaeda, que mantiene cierto control contra el noroeste sirio, mientras el ISIS domina en el este del territorio, y las otras facciones apenas un pequeño grupo de pueblos también en el noroeste y en el sur a lo largo de la frontera con Jordania.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos entraron abiertamente en el conflicto mediante los bombardeos a blancos muy bien «seleccionados», al punto de que centros de producción petrolíferos formaron parte de ellos, sin que afectara sustancialmente la presencia del Estado Islámico, cuyas filas han sido engrosadas por combatientes llegados desde muy diversas partes del mundo, en especial de Europa, para echar más combustible a esta guerra dentro de la guerra.

Definitivamente, desde que la «coalición» liderada por EE.UU. comenzara los bombardeos en septiembre de 2014 no ha podido presentar logros en el objetivo de «degradar y finalmente destruir» al EI como hiciera propósito anunciado la Casa Blanca. Sin embargo, esas fuerzas aliadas ya tienen presencia en Siria y los pronósticos más recientes aseguran que el Pentágono volverá a tener tropas de combate en tierra iraquí…

Un inicio de año en la violencia

El año 2015 abrió con nuevos golpes aéreos a 17 posiciones del extremismo islámico: Raqqa, Kobane y Deir al-Zour (en Siria) y otras 12 ciudades en Iraq, entre ellas Faluja, Mosul y Sinjar.

Precisamente en Iraq también se habla del 2014 como uno de los años de mayor mortalidad —15 538 muertos y más de 22 000 heridos—, según los datos publicados oficialmente por el Gobierno iraquí, al tiempo que otra organización no gubernamental con sede en la Gran Bretaña, la Iraq Body Count, da solo de civiles una cantidad de 17 073 muertos, y el portal antiwar.com incrementa dramáticamente esas cifras a 48 590 muertos y 26 516 heridos.

Civiles, militares, combatientes subversivos, es mucha la sangre ofrecida en aras de intereses ocultos que apuntan casi siempre a quienes desean controlar el petróleo u otras fuentes energéticas de las que esta región es bien rica.

Si 2014 finalizó con esos funestos números, la violencia abrió las puertas del año 2015 con similares trágicos acontecimientos. El mencionado OSDH informaba el 2 de enero que al menos 19 personas perdieron la vida, incluidos cinco niños y tres mujeres, en ataques lanzados por los grupos armados contra zonas bajo control del Gobierno sirio en la norteña ciudad de Aleppo. Otras 32 personas resultaban heridas en el ataque con proyectiles que aprovecharon la noche para impactar  con su carga mortal en los barrios de Nueva Aleppo, Maysaloun y Jam’eyyat al-Zahraa.

Otro tanto ocurría en Iraq, donde el Estado Islámico secuestraba ese mismo día a decenas de hombres de los pueblos norteños de Al Shajara y Gharib, en la provincia de Kirkuk, y los acusaban de haber quemado banderas del grupo extremista.

Represión, cruentos castigos corporales, ejecuciones y decapitaciones publicadas en Internet forman parte de las crueldades impuestas por los también llamados yijadistas del EI, tanto en los territorios que ocupa en Siria como en Iraq.

En el conflicto sirio son muchos más los datos que agregan sufrimiento a la tragedia bélica: unos diez millones están desplazados, 3,2 millones se han refugiado en países vecinos, fundamentalmente en Líbano, Jordania y Turquía.

Unos 10,8 millones padecen un sin fin de necesidades dentro de Siria, lo que representa más de la mitad de la población del país, y ello implica carencia de cuidados médicos, alimentos, agua y vivienda o refugios. También más del 50 por ciento vive en extrema pobreza y la mitad de los niños del país no están asistiendo a la escuela.

Los datos son de OSDH y las Naciones Unidas, que incluyen no solo el costo en vidas humanas y sus sufrimientos, también están los daños al legado cultural de la humanidad. Aleppo, por ejemplo, ciudad donde se combate desde hace casi cuatro años, es uno de los sitios históricos de mayor significación no solo para Siria sino para todo el Medio Oriente y el mundo porque suma 7 000 años de historia.

Aleppo es una de las 290 áreas importantes culturalmente que han sido seriamente dañadas o totalmente destruidas en el conflicto, como la Gran Mezquita de Umayyad, que data del año 715, uno de los templos del Islam más antiguos del mundo.

La Unesco considera que pueden ser muchos más, porque porciones sustanciales del país son inaccesibles para los observadores pues están bajo el control de los grupos terroristas; sin embargo, se está utilizando información suministrada por tecnología satelital para ayudar a investigar los perjuicios históricos, arqueológicos, arquitectónicos y religiosos de esta crisis geopolítica.

A las afectaciones provocadas por los bombardeos se une, además, el saqueo de invaluables sitios históricos, lo que llevó a que académicos de todo el mundo urgieran al Consejo de Seguridad de la ONU a que prohibiera el comercio de antigüedades sirias.

Son muchos los sufrimientos y las pérdidas en las catástrofes bélicas, y en este caso es una guerra prolongada en el tiempo que no parece tener atisbos de cesar.

La situación extrema en la arena guerrera ha complicado las condiciones en el campo político, donde pugnan fuerzas y grupos por obtener la supremacía aunque sin obtener el objetivo de doblegar al Gobierno de Bashar al-Assad.

Al mismo tiempo que la región se desangra, también hay fuerzas que buscan una salida de paz.

¿Podrá lograrse una paz necesaria?

Los intentos de la Liga Árabe y de las Naciones Unidas para llegar a una solución política no han tenido resultados y está lejos aún la posibilidad de un diálogo entre las numerosas partes en este conflicto, uno más de la llamada «primavera árabe», que en  realidad abrió la Caja de Pandora con todos sus males.

A comienzos de 2014 Rusia, Estados Unidos y la ONU también lo pretendieron, pero la conferencia convenida para Ginebra, Suiza, se vio frustrada, pues no hubo consenso para el establecimiento de un gobierno transicional. Hasta el enviado especial de la ONU para este conflicto, Lakhdar Brahimi, renunció.

El nuevo representante del secretario general Ban Ki-moon para moderar en el conflicto y establecer objetivos estratégicos en busca de una luz al final del túnel, Staffan de Mistura, ha visto un valladar a su propuesta de establecer «áreas congeladas» y ceses al fuego locales para permitir al menos la llegada de ayuda a las zonas sitiadas.

Rusia lo pretende nuevamente y está convocando a una mesa de diálogo en Moscú para este mes de enero de 2015 que pudiera poner fin a la guerra en Siria.

El principal grupo de oposición, la Coalición Nacional Siria, no se ha pronunciado y debe tener una reunión a puertas cerradas en Estambul, Turquía, donde proclamará un nuevo presidente para esa alianza, así que todavía no decide si estará presente o no en la capital rusa, o si mantiene la exigencia de que el presidente Assad debe apartarse del Gobierno.

El enviado de la ONU ya ha hecho explícita su disposición a estar presente en el encuentro que incluiría a grupos de la oposición interna aceptada por el Gobierno sirio y a grupos de la oposición con base en el extranjero.

Por su parte, el ministro sirio de Información, Omran al Zoubi, acaba de decir en Damasco que la soberanía nacional y la voluntad popular están fuera de cualquier debate en el posible inicio de contactos en Moscú con la oposición de su país.

Al Zoubi rechazó cualquier injerencia extranjera porque la agresión externa contra su país busca destruir al Estado; pero alabó la intención del Gobierno ruso de buscar una salida pacífica, aclarando que el objetivo del encuentro en Moscú sería establecer puentes para un posterior proceso de diálogo entre los sirios.

Los nubarrones del infortunio siguen oscureciendo el cielo sirio y en general del Oriente Medio, donde se escucha mucho más el estruendo de las armas que los clamores de paz; pero se ha de seguir insistiendo en lo que el pueblo sirio necesita y el mundo reclama para que no continúen creciendo las cifras del dolor.

* Daesh es el acrónimo en árabe para el Estado Islámico de Iraq y el Levante o Sham (término arábigo que significa Siria, y que abarca una región mayor que esa nación, pues incluye parte de Líbano, Israel y territorios palestinos).

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