La línea torcida que iluminó a Guatemala

Una nación por décadas carcomida por la corrupción y la impunidad ha dado una lección al mundo

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Un cambio de época, de Historia, de realidades. Eso podría estár viviendo hoy Guatemala. El pueblo lleva varios meses en las calles pidiendo justicia, pero la batalla iniciada el 16 de abril logró su objetivo. Hoy todo un país festeja victorioso. Cansado de décadas de corrupción e impunidad, logró derrocar un Gobierno.

Los medios ya le pusieron nombre a esta nueva época de lucha guatemalteca: «La primavera del descontento». Desde que salían a la luz los primeros vestigios del caso La Línea, que sacó del carril al Gobierno de mano dura del binomio presidencial Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, la lucha fue in crescendo y llegó hasta la renuncia primero de la segunda al mando y, posteriormente y no exenta de reticencias, del mandatario. Hoy, incluso, ambos guardan prisión.

Señalados de codirigir una red dedicada al desvío de millones de dólares en Guatemala, ambos fueron protagonistas de la mayor crisis de ingobernabilidad vivida en los últimos meses en esa nación, que llevó antes a la renuncia de varios ministros.

Claro que La Línea no es el único caso de corrupción en Guatemala y quizá tampoco sea el mayor, pero sin dudas se recordará como la cúspide del hartazgo de una generación que cambió el país y provocó el derrumbe de un Gobierno.

¿El uno, el mero o el dueño de la finca?

Las pesquisas se iniciaron en mayo de 2014, con la sospecha de que un grupo de importadores estaban involucrados en acciones de contrabando a través de una red de tramitadores aduaneros que les ayudaban a evadir el pago real de impuestos.

Para ello la red proporcionaba a los importadores un número telefónico conocido como La Línea. A través del análisis e interpretación de la información recolectada en más de 66 000 interceptaciones telefónicas, se estableció que parte de la estructura estaba integrada por funcionarios de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).

Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti comandaban, según las investigaciones hasta el momento, el ejecutivo de La Línea. El Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), encargados de las investigaciones, revelaron en abril pasado que, tras bambalinas, ambos dirigían una red criminal que socavó los ingresos que el Estado debía captar en las principales aduanas de la nación.

La red tenía como objetivo cobrar sobornos a empresarios y usuarios de distintas aduanas del país a cambio de modificar lo que los importadores debían pagar al fisco. Aunque se desconoce hasta el momento la cifra exacta que generó el esquema, la investigación demostró que en solo dos semanas lograron «recaudar» 330 000 dólares.

Los vínculos de la dupla gubernamental salieron a la luz durante la segunda etapa de las pesquisas y se sustentan con escuchas telefónicas y documentación incautada.

El jefe de la Comisión investigadora, Iván Velásquez, califica como «altamente probable» que al ya ex presidente le correspondan los sobrenombres de «El Uno, El Mero Mero o El Dueño de la Finca», mencionados en las conversaciones telefónicas que sacaron a la luz también evidencias que revelan la relación cercana entre el ex mandatario y la ex vicepresidenta con integrantes de la organización.

En inmuebles del ex secretario privado de Baldetti y cabecilla de la red, Juan Carlos Monzón —aún prófugo y por cuya captura se ofrece una alta recompensa—, se incautaron recibos de compra de vehículos dirigidos a Pérez y otros relacionados con la adquisición de inmuebles y boletos aéreos de viajes de los representantes gubernamentales antes de ser electos.

A otros incautados, como Salvador Estuardo González Álvarez, alias Eco y señalado como el líder de la estructura externa de La Línea, se les confiscaron seis cheques girados a nombre de Baldetti que en conjunto suman varios miles de dólares.

Las pesquisas revelaron, incluso, que la relación de Pérez y Baldetti con la red se originó mucho antes de 2012, como pretenden hacer ver, por lo que —se desprende— con el negocio se habría sustentado la campaña electoral de ambos en 2011.

Despertar popular

«¡Guatemala es tu patrón, y Guatemala te despide, Otto Pérez Molina!», fue una de las principales consignas que se escucharon en unas protestas nacionales en las que convergieron prácticamente todos los sectores del país, en la capital y cabeceras departamentales.

Fue un simple evento en Facebook el que encendió la chispa con un llamado a manifestarse el 25 de abril pasado luego de que se revelara el escándalo de corrupción que alcanzaba al Gobierno. Unas 30 000 personas participaron en la primera manifestación, a la que asistieron familias, estudiantes, jubilados e indígenas.

Las marchas de protesta se fueron esparciendo tanto y tan rápido como las revelaciones de corrupción. Un objetivo común y un grito unánime unió a más de 100 000 guatemaltecos, según cálculos conservadores, en un pedido sin precedentes que resonó en todo el mundo: la renuncia del presidente Pérez Molina, quien, ignorando todo el tiempo el clamor del pueblo, se negaba a renunciar.

Universitarios, médicos, campesinos, estudiantes, maestros, religiosos, indígenas, comerciantes, niños, ancianos, familias y hasta policías fueron protagonistas.

Esa convulsión social no es más que el despertar consciente de una población indignada frente a la corrupción estatal, de acuerdo con la Premio Nobel de la Paz y líder indígena guatemalteca, Rigoberta Menchú. «Es un ejemplo cívico. Este país ha sido dividido por la violencia, por la tragedia, por el engaño; hoy se unió».

A las urnas

En medio de todo este ambiente nacional, hoy domingo los guatemaltecos deben elegir quién será el próximo Presidente que deberá dirigir el país a partir del 14 de enero próximo.

Más de 7,5 millones de guatemaltecos escogerán a 158 diputados, 20 legisladores al Parlamento Centroamericano y 338 gobiernos locales.

Sin embargo, analistas consultados anticipan que la abstención marcará un antes y un después en ese país. En total, 14 candidatos compiten por la máxima dirigencia, aunque, de acuerdo con las encuestas, solo tres tienen posibilidades de triunfo.

Liderando los conteos, con un 24,9 por ciento, aparece Manuel Baldizón, el empresario que creó su propio partido —Libertad Democrática Renovada (Lider)—, aunque también su candidatura ha ido en picada luego de que varios compañeros de fórmula, entre ellos su candidato a la vicepresidencia, Edgar Baltazar Barquin Durán, fueran acusados de lavado de dinero.

Detrás del empresario, que además ha rebasado por mucho el tope de gastos de campaña, se encuentran dos peculiares aspirantes a la presidencia. Son Jimmy Morales —Frente de Convergencia Nacional (FCN)— y Sandra Torres, ambos con una intención de voto cercana al 15 por ciento.

Morales, considerado como un «candidato sorpresa», es un comediante de televisión de 46 años, con estudios en Administración de Empresas y un doctorado en Seguridad Estratégica. Tiene a su favor que es visto ajeno a la clase política tradicional, pero en contra está que es impulsado por los sectores más conservadores del Ejército.

Por su parte, Torres, de 60 años, licenciada en Ciencias de la Comunicación y ex esposa del ex presidente Álvaro Colom (2008-2012), ve en su aceptación por la gente del campo, su mayor fortaleza. No obstante, su debilidad está en las áreas urbanas, donde no es muy bien identificada.

El resto de los candidatos, advierten los expertos, son tan dispersos como carentes de propuestas, sin embargo, algunos podrían sobresalir como Zury Ríos, hija del ex dictador Efraín Ríos Montt, sujeto a proceso judicial. También el economista, Lizardo Sosa, ex presidente del Banco de Guatemala que propone cambios positivos para el país.

Lo cierto es que, en consonancia con la realidad, estos comicios que decidirán el futuro del país para el período 2016-2020,  serán marcandas por el alto número de abstencionismo —cercano al 30 por ciento, auguran expertos—  y por el voto nulo. Y es que estas elecciones están consideradas, por propios y extraños, como las más atípicas de la Historia guatemalteca por la falta de credibilidad política que reina en la nación.

Para alcanzar el poder en una primera ronda electoral, el ganador debe obtener más del 50 por ciento de los votos válidos. Podría haber una segunda ronda para el 25 de octubre. Nadie ha ganado en una primera convocatoria en las siete elecciones que se han celebrado desde el fin de las dictaduras militares, en 1985.

El principio del cambio

Podría, sin dudas, cambiar la realidad guatemalteca a partir de este suceso. Pero el cambio necesita un tiempo que no vendrá con estas elecciones. Lo que se ha visto en las últimas semanas en esa nación, ni más ni menos, son los primeros pasos hacia una madurez política, hacia la solidez de una democracia.

Un movimiento social que emergió y cuyo líder no es otro que la indignación de tantos miles de seres humanos cansados de añejas corrupciones e incapacidades del sistema para corregir ese y otros defectos. Unas protestas sociales que ya cambiaron la Historia del país y se expanden hacia otras naciones centroamericanas, sumidas también en ese excusado corruptivo.

Le tocó a este Gobierno enfrentar el momento de detonación del descontento gestado en los últimos años. Al próximo, le tocará tener bien claro que no gobernará en circunstancias normales, sino en pleno proceso de cambios. La Guatemala de hoy podría estar comenzando a transitar por «la línea justa».

Manuel Baldizón.

Jimy Morales.

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