¿Héroes en la Muralla?

Un grupo de profesionales de la prensa, invitados por el Gobierno chino al Seminario para directivos y editores de América Latina y el Caribe, llegó hasta la Gran Muralla China, una red de fortificaciones de 21 196 kilómetros que se extiende por el norte del país, desde la provincia de Xinjiang a la de Hebei

Autor:

Juventud Rebelde

Un grupo de profesionales de la prensa de Suriname, Bahamas, Panamá, Ecuador, Brasil, Argentina, Perú y Cuba, invitados por el Gobierno chino al Seminario para directivos y editores de América Latina y el Caribe, llegó hasta la Gran Muralla China, una red de fortificaciones de 21 196 kilómetros que se extiende por el norte del país, desde la provincia de Xinjiang a la de Hebei.

Badaling es el tramo más visitado de los 44 000 que posee la también denominada Larga fortaleza, construida principalmente durante la dinastía Ming (1368–1644).

En el sitio es posible constatar muchas de las cualidades que destacan del pueblo chino. Resalta entre todas, la capacidad impresionante de resistir adversidades, esa que los colocó ante la disyuntiva de erigir hace unos 2 500 años este muro de contención a las invasiones de los reinos y las tribus nómadas del norte.

Aseguran los historiadores que en torno a aquellas paredes subyace el mayor cementerio del mundo, habida cuenta de que murieron en su edificación unas diez millones de personas, cuyos cuerpos, contrario a lo que se afirma, jamás se mezclaron con los materiales de la construcción, según se ha demostrado en estudios recientes.

Una célebre frase del líder Mao Zedong, «no serás un héroe hasta que subas a la Gran Muralla», pende sobre nuestras expectativas mientras iniciamos el titánico ascenso, acompañados por una impresionante multiculturalidad de rostros, idiomas, idiosincrasias e intereses de personas de todo el mundo que vienen al sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad y una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Unos la escalan por motivos religiosos, cumpliendo la promesa contraída con alguna deidad; otros simplemente quieren verla, tocarla y tomarse fotos, dejar sus firmas o grafitis, o quizá colocar un candado aprisionado a una cadena en cualquiera de los tramos del trayecto, tradición con la que se perpetúa la presencia en esos muros legendarios.

Sin embargo, la mayoría de las personas parece sometida por la curiosidad de medir sus propias fuerzas en el empeño cuesta arriba, tal vez inspirados por quienes ascienden hasta los 5 146 escalones durante el maratón para profesionales que cada año tiene lugar en este trecho de la Muralla.

Si bien la encomienda es como coser y cantar para muchos, otros aceptamos, tras dos horas de marcha agónica hacia la cúspide, que no todos los días nacen héroes en el sentido en que nos desafió la frase del camarada Mao Zedong.

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