La cuestión catalana

Los líderes secesionistas dicen que con el triunfo en las elecciones parlamentarias del día 27 de septiembre han obtenido el mandato popular para llevar hacia delante el proceso de independencia del Estado español

Autor:

Javier Alberto Piloto Rodríguez

Hoy los catalanes están más cerca que nunca de lograr su añorada independencia. Con el triunfo de las fuerzas secesionistas en las elecciones parlamentarias del día 27 de septiembre se inicia un proceso de separación en busca de la total soberanía. Sin embargo, un análisis más detallado de las estadísticas electorales nos muestra que el asunto es más complejo de lo que parece.

Si bien la agrupación Juntspel Sí logró alcanzar 62 escaños en el parlamento autonómico, lo cual representa un 45 por ciento del total, solo podrá actuar disponiendo de una mayoría con la alianza del partido radical de izquierda Candidatura d Unitat Popular (CUP), que también apuesta por la independencia.

Los líderes secesionistas dicen que con este resultado han logrado una mayoría y que han obtenido el mandato popular para llevar hacia delante el proceso de independencia del Estado español. Una conclusión totalmente opuesta la esgrime el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, quien declaró que «Lo que comienza en Cataluña es una nueva legislatura autonómica. Un Gobierno que debe tener como misión trabajar para todos los catalanes. Hay que superar la fractura, la tensión y los enfrentamientos de estos últimos años. Ayer se constató que Cataluña es muy plural».

Si bien los independentistas han ganado una mayoría de escaños en el parlamento, es decir, asientos para sus delegados, ello no quiere decir que exista una relación directa con el número de votantes.

Este sistema democrático otorga a cada una de las regiones que conforman a Cataluña un número determinado de escaños, sin que ello tenga que determinarse por el número total de sus habitantes. Así, un voto en Lleida vale 2,4 veces más que uno de Barcelona.

El área metropolitana de Barcelona concentra las tres cuartas partes del núcleo poblacional de toda la autonomía, aunque solo el 10 por ciento del territorio, ello le otorga solo un 60 por ciento de los escaños que puede emitir al parlamento local.

De este modo, podemos ver en un mapa electoral un color homogéneo en las áreas más extensas pero menos densamente pobladas. En tanto Barcelona, cuenta con un cromatismo más fragmentado, aunque la gran sorpresa de estos comicios fue el predominio en su territorio de la formación opositora Ciutadans, que se convirtió en la segunda fuerza, con 25 escaños, y que se niega a la separación.

Con un sistema como este se hace difícil determinar cuánta gente votó verdaderamente por el Sí a la independencia. A esto se suma el hecho de que en muchos casos solo se produjo un voto de castigo contra los representantes del gubernamental Partido Popular, dada la insatisfacción por su gestión. Tengamos en cuenta que perdió nada menos que ocho escaños en comparación con los comicios de hace tres años atrás.

El hecho es que los independentistas, con un respaldo verdaderamente popular o no, cuentan con la victoria según las propias reglas del juego. Si logran la alianza con el CUP llevarán adelante el proceso prometido que le dará a los catalanes la independencia en 18 meses.

Solo resta ver cuánto apoyo obtendrá Juntspel Sí por parte de CUP, en tanto ya esta de antemano se negó a formar parte de dicha coalición y, entre otras diferencias, se opone a que el líder, el conservador Arthur Mas, sea elegido presidente del gobierno local.

Se abre así un intenso período de diálogo, tanto a lo interno de esta agrupación, la cual está compuesta por un espectro político muy variado que va desde la izquierda hasta la derecha más conservadora, como un diálogo con las restante fuerzas políticas y el Gobierno central.

A su favor, los independentistas cuentan con una población muy decepcionada de los últimos años de crisis y crónico desempleo, lo que desembocó en un fortalecimiento del sentimiento independentista, y la convicción de que Cataluña, como Estado independiente, podría distribuir sus abundantes riquezas a favor de sus propios ciudadanos.

Téngase en cuenta que hoy ellos producen casi el 19 por ciento del PIB de toda España, pero que deben entregar la mayor parte a Madrid, quien se encarga después de hacer una redistribución nacional.

Entre las tantas dificultades que pueden encontrarse, a lo interno tienen los escollos legales y la resistencia que le hará el centro; y en lo externo habría que esperar la respuesta definitiva que la comunidad internacional daría al respecto. Pese a que la Unión Europea no se ha declarado oficialmente sobre el asunto, muchos de sus líderes ya se adelantan a decir que no lo apoyarán y, por tanto, una Cataluña independiente no tendría cabida en el seno de la Unión.

Respecto a esto último tal vez pueda decir que se convierta en el factor de más peso en el momento final. Si bien las trabas y ambigüedades de la legalidad española podrían ser evadidas, el ámbito económico no, y es eso lo que podría determinar el giro independentista.

Resulta muy improbable creer que la aplastante mayoría de los catalanes apoye intransigentemente el nacimiento de un Estado independiente a sabiendas de que al día siguiente no tendrán socios con quienes comerciar de un lado y un bloque de todo tipo por el otro. Es justamente el móvil económico el que ha llevado a tantas personas a manifestarse por la independencia en los últimos años, y de saber que no obtendrán la deseada mejoría…

Pero de producirse la efectiva escisión de Cataluña, el mayor miedo de Madrid sería el de ver cómo se inicia un proceso de desmembramiento de su unidad nacional, en tanto que dicho éxito se convertiría en un ejemplo para otras regiones que también tienen aspiraciones similares. Lo mismo ocurriría en el resto de Europa, donde los conflictos y viejos reclamos independentistas están a la orden del día.

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