Un importante (¿definitivo?) primer paso en Libia

Del acto simbólico de firmar la paz en esa nación, surge la esperanza de que en el futuro, un conflicto menos integre el mapa político mundial

Autor:

Marylín Luis Grillo

Llegó la paz en Libia, o al menos el acto simbólico de firmarla, y surge la esperanza de que, en el futuro, un conflicto menos integre el mapa político mundial. Sin embargo, el acuerdo recién adoptado entre los parlamentos contrarios —asentados uno en Trípoli y otro en Tobruk— enfrenta desde su aparición numerosos retos y las primeras declaraciones apuntan al complicado proceso que antecederá la posibilidad de instaurar un Gobierno de unidad nacional.

A tan solo un día de la rúbrica, se inició el cuestionamiento al carácter mismo del acuerdo. Tanto Nouri Abu Sahmain, del Congreso Nacional de Trípoli (GNC), como Aguila Saleh, de la Cámara de Representantes de Tobruk (HOR), anunciaron que será necesario que ambas cámaras ratifiquen el documento, firmado solo a título personal por los dos ejecutivos, quienes carecen del mandato de sus respectivos parlamentos.

Al respecto, los observadores internacionales alertan que la confirmación será compleja, ya que en el interior de ambos grupos existen diversas élites de poder opuestas a la reunificación tal como fue planteada.

Sin duda, el entendimiento alcanzado es «el primer paso de un largo camino», como señalara el representante de las Naciones Unidas para Libia, Martin Kobler.

El funcionario abogó a favor de que se incluyeran aquellos que no asistieron a Shkirat —la ciudad marroquí donde se refrendó el acuerdo—, y recomendó al futuro Gobierno que actuara con rapidez para atender las preocupaciones de los que se sienten marginados del proceso.

Un despacho de la agencia Prensa Latina se refirió al descontento de Awad Abdel Malek, jefe del equipo negociador del autoproclamado Gobierno de Trípoli, y del comandante del Ejército libio, Jalifa Hartar.

El pueblo libio, dijo Malek, «rechaza el Gobierno impuesto por Occidente y la tutela de la comunidad internacional».

Paralelamente,  Ahmed Maiteeq, uno de los vicepresidentes del nuevo Gobierno libio de transición, nacido el jueves en Marruecos, anunció que tanto el Congreso Nacional como la Cámara de Representantes carecían de legitimidad.

«Fue una gran jornada, de unidad de los libios para salir de esta crisis y hacer un Gobierno que represente a todos», fueron las palabras de Maiteeq publicadas por ANSA.

Lo cierto es que la situación de la nación norteafricana ha resultado ser un «nudo gordiano» difícil de desatar, en cuyo inicio se encuentran la intervención de la OTAN y el asesinato de Muammar al-Gaddafi; que se complicó con el surgimiento de milicias terroristas y una grave situación humanitaria, pero en el núcleo están los intereses económicos de Occidente. Es imposible olvidar que Libia es un país rico en petróleo —que, por cierto, ahora está siendo utilizado por esos diversos grupos y vendido ilegalmente por compradores aprovechados de ese mismo Occidente.

De lograrse un consenso mayoritario favorable, el Gobierno, compuesto por un presidente, dos vicepresidentes y seis miembros más —provenientes del GNC y del HOR—, deberá encargar la redacción de una nueva Constitución que se validará en referendo nacional. El proceso apenas comienza. La esperanza de paz pervive, pero con cautela.

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