El dinero ensangrentado

Son diez las mayores compañías que sacan sus multimillonarias ganancias de las guerras. Ellas, bajo la sombrilla del Pentágono, quieren más, mucho más, aunque rieguen muerte y destrucción

Autor:

Juana Carrasco Martín

De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Estados Unidos gasta —para lo que llama su defensa— más que estos países combinados: China, Arabia Saudita, Rusia, Reino Unido, India, Francia, Japón y Alemania, y a pesar de que su deuda pública supera los 21 millones de millones de dólares, el Pentágono sigue pidiendo un presupuesto mayor.

La guerra de Irak ha costado hasta ahora tres millones de millones. Afganistán no se queda atrás con un millón de millones, según datos del Financial Times, que afirma que todavía las cifras pueden ser más altas. Ninguna de las dos ha concluido y mucho menos la han ganado, solo dejan destrucción extrema, ingobernabilidad práctica, campo fértil para el terrorismo, millones de víctimas, ya sean muertas, discapacitadas, huérfanas, desplazadas, o sin medios ni recursos de vida. Sin embargo, las industrias bélicas siguen siendo las vencedoras.

En esas dos confrontaciones no se queda la búsqueda de ganancias y de dominio geopolítico. Primero a hurtadillas y desde hace dos años a la vista pública, Estados Unidos entró en un tercer gran conflicto que lleva ya cinco años, el de Siria, y no contemos los muchos otros a los que aporta la gasolina y el fuego de las armas…

El martes pasado, en una conferencia en el Aspen Ideas Festival, el secretario de Estado, John Kerry, decía: «El mundo no está siendo testigo de un estancamiento global. No estamos congelados en una pesadilla. En la mayoría de los lugares donde estamos comprometidos con una estrategia clara, utilizando nuestro poder cuidadosamente, estamos haciendo progresos».

Consideró tres retos para Estados Unidos: «Contener a los violentos actores no-Estados» (léase también terrorismo), al «inminente cambio climático» y a «la crisis global de gobernanza», que —dijo— requiere líderes para combatir la corrupción y tomar duras decisiones.

Se refirió entonces a los desafíos geopolíticos en Irak, Siria, Libia, Afganistán y Nigeria, y otros más, y aseguró que «es simplemente documentable e innegable» que «los Estados Unidos de América está comprometido más y en más lugares con mayor impacto que en cualquier otro momento de la historia estadounidense».

Simplemente se trata de la guerra infinita que fue anunciada por George W. Bush, el hijo, y que su sucesor, a pesar de decir y prometer lo contrario, ha continuado. Con razón, el portal digital antiwar.com aseguraba no hace mucho que es hora ya de llamar a la detención de esta orgía de gastos bélicos y a cambiar la política exterior que hace perpetua a la guerra.

Sin embargo, la visión pentagoniana del mundo dista mucho de prestarle oídos a ese clamor, y si en el año 2012 el mundo vio una disminución de los dineros empleados en la compra de armamentos, los años subsiguientes están contemplando el renacer impetuoso de lo que en su tiempo el general Dwight Eisenhower llamó el complejo militar-industrial.

En estos momentos, Washington presiona a los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a que incrementen sus gastos militares y es ostensible la vinculación de no pocos miembros de la alianza en las guerras mencionadas, declaradas o no, con el uso de drones y con fuerzas especiales en los escenarios bélicos, presentadas en casi todas las ocasiones como «asesores», «consejeros» o «entrenadores».

Por otro lado, despierta el monstruo de la Guerra Fría en un intento de evitar la multipolaridad mundial, y en una vieja Europa llena de problemas y divergencias (con una crisis de refugiados provocada precisamente por las guerras, la crisis económica, las vicisitudes naturales a consecuencia del cambio climático, y las secuelas de la explotación de los ricos recursos de los países más pobres) se propicia el enfrentamiento y caldean las situaciones para lograr el incremento de los presupuestos militares.

Recién se desarrollaron en la región del mar Báltico y en territorio polaco los ejercicios militares Anaconda 2016, dirigidos contra Rusia, en los que participaron más de una veintena de países, con el propósito de mantener cercado y hacerle «cosquillas» al oso euroasiático.

Para la Cumbre de verano de la OTAN, a celebrarse los días 8 y 9 de julio en Varsovia, el tema de los presupuestos militares europeos estará como punto esencial en la agenda, como también refrendarán los Jefes de Estado la decisión tomada ya a mediados de junio por los ministros de Defensa de emplazar cuatro batallones de combate y reforzar batallones independientes de mil soldados cada uno en Polonia y los Estados bálticos. Ello implica también garantizarles el armamento.

En términos reales, ya desde 2015, gastan más en defensa 16 de los Estados aliados y Polonia decidió aumentar en un cuarto su presupuesto en ese acápite, aunque hubo reducciones menores en Gran Bretaña, Bélgica y Francia.

El empuje del Pentágono a sus socios ha llegado a tal punto que Hakan Bushke, presidente ejecutivo del consorcio Saab, uno de los mayores productores de aviones de combate, de submarinos y otras armas en el Viejo Continente, aseguraba en mayo pasado que las industrias del ramo de la región no tenían capacidad de apoyar esa construcción. Por supuesto, la industria bélica estadounidense sí le puede dar respuesta a las pretensiones, y la moraleja no se hace esperar: Aumenten los gastos bélicos y las empresas estadounidenses se llevarán la plata a sus bolsillos.

Hace unas semanas, Reuters afirmaba que ya algunos fabricantes de armas de Estados Unidos se esfuerzan para satisfacer la creciente demanda de misiles de precisión y otras armas que se utilizan contra el autoproclamado Estado Islámico y distintos conflictos en el Medio Oriente.

Los arsenales menguan durante las guerras, por tanto, hay que reponerlos y hasta modernizarlos, y para eso está la lucrativa industria y los contratistas de la defensa.

En abril, Ashton Carter, secretario de Defensa de EE. UU., viajó a Bagdad con el objetivo de anunciar más «ayuda militar» a Irak, y poco después se informaba también por el presidente Barack Obama que aumentaría los hombres y mujeres de servicio en el país mesopotámico, a pesar de su promesa de «no más botas en el terreno».

Pero el enfrentamiento al Daesh o Estado Islámico y otros grupos terroristas le ha proporcionado el pretexto perfecto para seguir fomentando el ganancioso negocio de las empresas armamentistas, tengan o no tropas de combate en los múltiples escenarios bélicos.

El mundo se ha ido transformando en un barril de pólvora, para utilizar la frase tradicional, solo que ahora armas y armamentos son mucho más destructivos y se reparten por igual entre los Estados dispuestos a enfrentar las disputas en el peligroso terreno militar y entre los grupos terroristas que van sembrando la sinrazón y el caos.

Los diez grandes de la industria de la muerte

De acuerdo con el más reciente informe anual del Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo (Sipri), dado a conocer el 5 de abril de 2016, los gastos militares del planeta totalizaron 1,7 billones de dólares, con un incremento real del uno por ciento respecto a 2014, y las ventas de armas y de servicios militares de los cien mayores productores alcanzaron una cifra récord de 395 000 millones de dólares en 2012, y estas han crecido mucho más desde entonces.

De ese centenar de industrias diez se llevan las palmas, o mejor dicho, las más abultadas bolsas de ganancias.

1— Lockheed Martin, fabricante de aviones de combate de avanzada como el F-16, el F-22 y el F-35, utilizados profusamente en los bombardeos contra el Daesh, y del más grande avión de transporte militar del mundo, el C-5 Galaxy, sumó 36 000 millones de dólares en ganancias en 2012, y desde hace 19 años ocupa el número uno como el mayor contratista del Pentágono.

2— Boeing obtuvo el 34 por ciento de sus ganancias de la venta de armas (27 600 millones) y se mantuvo como el segundo mayor contratista del Departamento de Defensa.

3— BAE Systems, el contratista mayor del Pentágono que no es estadounidense. Sus 26 900 millones de dólares en venta de armas representaron el 95 por ciento de todas las ventas de esta compañía británica. Por supuesto, es la más grande contratista del Ministerio de Defensa del Reino Unido.

4— Raytheon provee servicios de muy diversa índole, fundamentalmente en defensa aérea y misilística, radares y ciberseguridad y ha sido pivote de múltiples guerras estadounidenses y también de su carrera espacial. Sus ventas de armas alcanzaron 22 500 millones de dólares.

5— General Dynamics Corp., especializada en aeronáutica, construcción de barcos y vehículos de combate terrestre, totalizó ventas por 20 900 millones de dólares en el año 2012.

6— Northrop Grumman, con ventas por 19 400 millones de dólares (el 77 por ciento de sus ingresos totales), es la gran productora de sistemas no tripulados, radares de defensa de misiles y sistemas de respuesta a incidentes críticos. La Marina está utilizando sus drones de gran altitud para labores de monitoreo, espionaje y vigilancia.

7— EADS, tampoco es estadounidense, con esas siglas se conocía a la European Aeronautic Defence and Space Company, que en 2014 se cambió el nombre por el de Airbus Group, repunta con 15 400 millones de dólares en venta de armas, el 21 por ciento de sus ventas totales.

8— United Technologies es la gran constructora de helicópteros de combate, los famosos Black Hawk y Seahawk, y de los motores de aviones producidos por su división Pratt&Whitney. Sumó en 2012 ventas militares por 13 500 millones de dólares de un total de 62 200 millones, y sigue expandiéndose en el sector de las piezas de repuesto de la aviación.

9— Finmeccanica es la tercera europea en el grupo de las diez mayores empresas armamentistas, en este caso italiana, con su subsidiaria en EE. UU., la DRS Technologies, fabricante de unidades electrónicas para la defensa. Vendió 12 500 millones de dólares en armamentos, pero también fue expuesta con cargos de fraudes por parte del Gobierno de la India respecto a un contrato por helicópteros militares.

10— L-3 Communications Holdings Inc. tiene en las ventas de armas el 82 por ciento de sus negocios y con ellas logró contratos por 10 800 millones de dólares en comunicaciones, sistemas electrónicos, plataformas y soluciones logísticas y soluciones de seguridad nacional.

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