Pedagogía para la paz

La tan añorada armonía para la nación colombiana, va más allá de acuerdos y de firmas

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Desde que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anunciara al mundo la histórica decisión política de adelantar un proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), rápidamente saltaron detractores de la ultraderecha que no pocos daños le han hecho a este proceso que ya cumplió más de tres años y que ha resultado el más esperanzador en la historia del conflicto colombiano.

El pasado 23 de junio, en La Habana, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP pactaron implantar un alto al fuego de manera bilateral y garantizar la reinserción de la guerrilla en la vida política, una vez que se firme el definitivo acuerdo de paz. La medida supone el paso más importante en el proceso que busca poner fin a casi 60 años de conflicto armado interno que cobró la vida de más de 220 000 personas —según cifras discretas— y más de seis millones de desplazados por la violencia.

Y entonces no han faltado desconfiados. En días recientes se conoció de un comunicado del Frente Primero, que declina desmovilizarse y anuncia que continuará «la lucha por la toma del poder por el pueblo y para el pueblo. Independientemente de la decisión que tomen el resto de los integrantes de la organización guerrillera. Respetamos la decisión de quienes desistan de la lucha armada, dejen las armas y se reincorporen a la vida civil, no los consideramos nuestros enemigos», afirmaron.

La respuesta de la alta dirigencia insurgente fue clara: «si los mandos y combatientes involucrados tienen el deseo de lanzarse a una aventura incierta, les corresponde hacerlo tomando un nombre distinto al de las verdaderas estructuras».

La nota señala que los combatientes del Frente Primero «no solo adoptan un temerario comportamiento, contrario a las determinaciones de la Dirección Nacional de las FARC-EP, sino que chocan frontalmente con los anhelos de paz que anidan en el corazón del pueblo colombiano».

Sobre ellos, el negociador guerrillero Pastor Alape subrayó que los inadaptados son del Frente Primero, y no representan a las FARC-EP».

El presidente Santos fue más enfático. Les advirtió que los guerrilleros que no se acojan al proceso de paz perderán «su última» oportunidad para cambiar su modo de vida porque de otra forma terminarán en una «tumba» o en una «cárcel».

A renglón seguido, advirtió que «cuando se firme la paz, los soldados y policías del gobierno (…) se concentrarán en quienes se queden por fuera del proceso».

El Frente Primero Armando Ríos es uno de los más importantes con que cuenta la insurgencia y opera principalmente en la zona del Guaviare. Según la prensa colombiana, es una especie de campo de entrenamiento para guerrilleros que luego son enviados a otras columnas.

Este podría ser un nuevo tropiezo con el proceso que le genere una notable pérdida de credibilidad entre los colombianos.

Si bien se trata de algunos elementos aislados dentro de la guerrilla, como aseguran los altos mandos insurgentes, es elemento clave entender que el cese al fuego no solo implica el silenciamiento de los fusiles, sino también poner fin a la lucha armada como un medio para conseguir las transformaciones a que aspiran.

La dirigencia guerrillera cuenta con herramientas suficientes para hacer frente a las facciones que no acaten los acuerdos, pero se hace imprescindible una pedagogía donde se expliquen detalladamente los beneficios del proceso de paz y, en especial, que genere tranquilidad ante los temores por falta de garantías.

Los recelos no son ficticios: muchos guerrilleros tienen recuerdos frescos de anteriores intentos de paz que terminaron con masacres dentro de sus filas y en partidos políticos afines.

Para resolver inteligentemente la situación creada, las FARC-EP pidieron al Gobierno la autorización para que una comisión especial de comandantes vaya al sitio, hable con los guerrilleros de ese Frente, hagan pedagogía sobre los acuerdos alcanzados, discutan y les muestren lo que se tiene preparado para el posconflicto, detalles que aún desconocen algunos y que podrían hacer cambiar de parecer a los del Frente Primero y a muchos otros.

Al respecto, el senador Iván Cepeda —fuerte defensor del proceso de paz— consideró que ese encuentro será ideal para que las discrepancias sean superadas.

Aunque no se conoce de una fecha, se ha rumorado que el encuentro se daría antes de finalizar el actual mes de julio.

Hilar fino y con sapiencia es tarea indispensable para la insurgencia, que tiene la oportunidad de demostrar, una vez más, su interés en la paz y su capacidad de maniobra.

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