Que renazca la esperanza

Al habla con JR, uno de los médicos cubanos que ayuda a borrar las huellas dejadas por Matthew en los pobladores de Haití, y a restituirles su derecho a la vida

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El doctor Enmanuel Vigil Fonseca es un amoroso papá, como puede deducirse de las fotos de su pequeña y los mensajes que le deja a cada rato en su página de Facebook; por eso no debe extrañar que, más allá del humanismo característico de nuestros médicos, lo impacten los niños haitianos.

Está en Haití junto a otros 37 colaboradores hace ya más de 45 días, como parte de la brigada número 24 del Contingente Internacional de Médicos Especializados en el Enfrentamiento de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, que partió hacia la hermana isla luego de los daños causados por Matthew, y se ha ocupado de dejar noticias de su trabajo en las redes sociales, con historias tan estremecedoras como la que escribió el pasado día 17:

«Seguimos trabajando en la montaña un equipo de la Brigada Médica Cubana Henry Reeve y encontramos a Nijana Jackson, una bebé de cuatro años, con quemaduras de tercer grado en su torso que nunca había recibido atención médica por la lejanía de su vivienda; a Dakmian Cart, otro bebé, pero de dos meses y medio, con una gran escabiosis, y a Usan Ternen, un niño de cuatro años con un hidrocele, el cual remitimos exitosamente a consulta con nuestro cirujano.

«Se mantienen controles de focos, fumigación y cloración de depósitos de agua. ¡La alegría por ambas partes es inmensa!!!».

Las fotos muestran a los cubanos siempre activos. Seguro ya en la noche será que llegue el descanso. Para algunos, en cuartos de la casa que ocupa la Misión médica cubana en Haití, que entre todos recuperaron después del huracán. Otros, en las dos casas de campaña que fueron con ellos, o en algunos de los dos cuartos que brindó un magistrado de la localidad de Ansed’Hainault, «quien nos apoya incondicionalmente».

«Nosotros vivimos donde sea, la falta de algún techo no nos impide trabajar», dijo cuando le pregunté dónde comen y pernoctan.

Sí, porque el contacto vía correo electrónico con el doctor Enmanuel Vigil permitió a JR obtener más detalles, como la presencia en el colectivo de doctores en Medicina General Integral (MGI), epidemiólogos, enfermeros y licenciados en Higiene y Técnica de vectores.

Siete de los compañeros, incluido él, son jóvenes menores de 35 años, y para 14 esta es su primera misión, sobre todo en el área de atención a vectores. Pero Haití no constituye un estreno para Vigil, quien ya brindó sus servicios solidarios en Venezuela, la República Árabe Saharaui Democrática, en Ecuador y en Sierra Leona, en la arriesgada y heroica tarea de combatir la epidemia del ébola.

Lo puedo adivinar frente al teclado, sacando tiempo del escaso espacio libre para responder, atento y conciso, a las preguntas del diario.

—Leo en sus reportes que no solo brindan atención médica directa, también fumigan y dan charlas, y atienden casos extremos que hallan a su paso. ¿Cuál es la estrategia?

—El trabajo es pesquisa activa con técnica de barrido; somos cinco equipos, cada uno con dos MGI, enfermero, epidemiólogo y licenciado de higiene y de vectores.

—¿Qué entendemos por pesquisa activa? ¿Qué es la técnica de barrido?

—La pesquisa activa significa que usamos termometría en todos los casos febriles o sospecha de ellos, y realizamos tests de cólera y malaria a todo el que esté sintomático de cualquiera de las dos enfermedades. Técnica de barrido es cuando nos trazamos una meta y, por ejemplo, si decidimos entrar en un barrio de 25 casas, que no se quede ninguna sin revisar, y así consecutivamente. La idea es no dejar espacio a las dudas.

—¿Qué es lo que más los ha impactado?

—Las enfermedades diarreicas, las respiratorias y la desnutrición.

—¿Se puede hablar de un trabajo integral de salud?

—Sí. Hasta el día 19 de este mes ya habíamos pesquisado a 65 654 pacientes, y 9 015 viviendas ya habían sido visitadas, con la entrega de quimioprofilaxis a 34 607 personas. 28 282 depósitos de agua de la población ya habían recibido tratamiento con cloro y habíamos realizado 4 479 determinaciones de cloro residual (…) Realizamos hasta entonces también 595 controles de focos y 3 907 actividades educativas.

«Ello, felizmente, nos ha llevado a un control de las enfermedades infectocontagiosas, de modo que prácticamente no hay diarreas; el cólera está controlado —quedan solo cuatro casos en el hospital— y ninguno tiene manifestaciones clínicas de la enfermedad o sus complicaciones».

—¿Cómo se comportaba el cólera al llegar la brigada?

—Cuando llegamos había 86 casos; hoy solo tenemos cuatro ingresados, y desde hace una semana ya no se reportan casos nuevos.

—¿En cuántas localidades han estado?

—Hemos trabajado en Napoli, Grandúa, Gala, Variadelege, Labouchy, Lilet y Gabrielle, todos poblados de Ansed’Hainault. Siempre nos reciben con muchísimo cariño.

—¿Se han topado con otros médicos u otro tipo de ayuda internacional?

—Hemos visto carros de Médicos del mundo y Médicos sin fronteras, pero no trabajamos juntos; hay ayuda de organizaciones no gubernamentales como Plan Internacional; la WFP (Canadá) y brigadas de rescatistas de Holanda, Francia y Aruba; están la Cruz Roja haitiana y la dominicana. Principalmente entregan alimentos, agua y equipos para reconstruir las viviendas.

«Pero la parte médica es nuestra, uniendo fuerzas con la brigada médica cubana permanente aquí, que se mantuvo activa durante el paso del huracán».

—¿Cómo se sienten ustedes?

—Nos sentimos bien, estamos muy unidos y tenemos muchísimas ganas de ver nacer de nuevo las esperanzas en cada uno de los pobladores.

En un país asolado, además de Matthew, por siglos de abandono y pobreza, nuestros médicos, de algún modo, ayudan a restituir a los pobladores su amenazado derecho a la vida.

Además de esta brigada del Contingente Henry Reeve, más de 600 colaboradores cubanos de la salud prestan servicios en ese país como parte de la Misión Médica Cubana.

La presencia cubana en esa nación se remonta a diciembre de 1998, cuando llegó un colectivo de doctores para aliviar las secuelas del huracán George.

Desde entonces la cooperación se mantuvo ininterrumpidamente y se profundizó luego del terremoto de magnitud siete en la escala de Richter que destruyó a Puerto Príncipe y dejó más de 300 000 fallecidos en 2010.

Cuba ha contribuido a elevar los indicadores sanitarios y a salvar innumerables vidas en el mundo, desde hace más de cinco décadas, mediante la colaboración médica internacional.

El parasitismo, las diarreas y la desnutrición están entre las enfermedades más recurrentes, narra el doctor Enmanuel Vigil Fonseca.

Los pequeños haitianos están entre las principales víctimas no solo de Matthew, sino del ancestral olvido del país más pobre del hemisferio.

El trabajo es integral y busca dejar «todo seguro» a la salida de la Brigada de cada pequeña localidad.

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