Se hace justicia a los buenos: conmutan prisión a Oscar López Rivera

Tras casi 36 años de encierro, desde el próximo 17 de mayo gozará de libertad

Autor:

Juventud Rebelde

Oscar López Rivera podrá volver a saborear su plato favorito: el arroz con gandules (frijoles). Recordará, después de casi 36 años de encierro en cárceles de Estados Unidos, ese gustito de la comida boricua. Acaba de serle conmutada su pena de 70 años y el 17 de mayo gozará de la libertad.

Como afirma el diario El Nuevo Día en una semblanza del independentista, donde daba a conocer 33 datos interesantes de su vida, ahora, cuando salga de la prisión, irá directo a Chicago y cuando regrese a su familia —a su hija Claribel y a su nieta Karina Valentín López, que solo ha conocido a través de sus visitas a la cárcel—, tendrá otro deleite que tanto extraña de su amada isla: contemplar su mar caribeño, el de sus costas, y cumplirá un compromiso: dedicarse a trabajar con la juventud.

Nacido el 6 de enero de 1943 en el municipio de San Sebastián, como miles de sus compatriotas emigró junto a su familia a Estados Unidos cuando tenía 14 años, exactamente a Chicago, una de las ciudades con mayor población de la pequeña isla caribeña.

La guerra de Vietnam lo vio como soldado, le hizo ganar la Estrella de Bronce, pero sobre todo selló sus ideales independentistas, por lo que al regresar de ella fue organizador comunal y defensor de la comunidad latina en Chicago contra la brutalidad policiaca, en la lucha por obtener vivienda, educación adecuada y justicia económica y social. Oscar participó en actos de desobediencia civil y de militancia pacífica.

Fue arrestado el 29 de mayo de 1981 y se le acusó de conspiración sediciosa, que en su caso significa querer derrocar el poder de Estados Unidos sobre Puerto Rico, por estar relacionado a la lucha por la independencia. La sentencia no se hizo esperar y fue especialmente dura: 55 años de cárcel, a los que le añadieron otros 15 en 1988 tras ser imputado de intento de fuga.

Dos de las prisiones con los controles más punitivos en Estados Unidos —USP Marion y ADX Florence— le dieron celda en condiciones muchas veces tortuosas de aislamiento y privación sensorial. En total estuvo encerrado 12 años en solitaria. Actualmente está encarcelado en la prisión de Terre Haute, en el estado de Indiana y ocupa celda junto a otros tres prisioneros de origen puertorriqueño.

Entre 1980 y 1983 otros luchadores puertorriqueños de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) fueron arrestados, y en 1999 el entonces presidente Bill Clinton les conmutó las sentencias desproporcionadas, luego de una campaña de solidaridad internacional, pero Oscar quedó tras las rejas, a pesar de que nunca se le ha vinculado a los hechos armados de las FALN.

A él Clinton también le ofreció clemencia, lo que le hubiese permitido salir de prisión en 2009, pero López Rivera la rechazó porque entonces todavía dos de sus compañeros quedarían en prisión y, por su experiencia, temió se le fabricara algún caso, dijo El Nuevo Día.

Durante el Gobierno de Barack Obama, su abogada Jan Susler presentó en más de una ocasión petición de clemencia que, hasta ahora, no recibió respuesta. De acuerdo con las regulaciones penales estadounidenses, si no se le hubiera conmutado la pena, como sucedió este martes 17 de enero, tendría que haber permanecido en prisión hasta junio de 2023, cuando tendría 80 años y habría cumplido 42 años de cárcel.

La solidaridad de su pueblo le ha abierto las puertas de la prisión, su excarcelación ha tenido el respaldo de líderes mundiales, de algunos Premios Nobel, del ALBA-TCP, y otros organismos latinoamericanos y caribeños.

El 18 de junio de 2012, el Comité de Descolonización de la ONU aprobó una resolución, promovida por Cuba, en la que pedía que se reconozca el derecho a la independencia y autodeterminación de Puerto Rico e instaba a la liberación de los independentistas prisioneros en Estados Unidos. El proyecto de resolución había sido apoyado por Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, y fue adoptado por consenso por el Comité, pero entonces el Gobierno de Estados Unidos hizo caso omiso a la resolución.

El reclamo de su liberación para el prisionero político puertorriqueño que más tiempo ha estado encarcelado en nuestro continente atravesó todos los segmentos poblacionales y las más diversas organizaciones políticas de Puerto Rico, y el clamor ha sido escuchado.

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