Trump y su idea del «cuento chino»

Entre los primeros blancos del «desconocimiento» del nuevo presidente estadounidense hay uno que nos concierne a todos: el cambio climático. En esta esfera, un «muro» que él levante en EE. UU. nos cercaría a todos

Autor:

Haroldo M. Luis Castro

Si de algo no se puede culpar, al menos por ahora, a Donald Trump es de no cumplir sus promesas electorales y de no ejercer su poder como mandatario (aunque tanta «disciplina» sea una desgracia). A menos de 72 horas de haber sido investido como presidente 45 de Estados Unidos de América no se había conformado con retirar a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) ni con eliminar el idioma español de la página oficial de la Casa Blanca.

También ha hecho desaparecer del ya citado medio cientos de documentos, fotografías, videos y documentos sonoros acumulados por años sobre los problemas más graves del medio ambiente en Estados Unidos y en el mundo.

Esta acción pudiera ser el detonante de toda una gama de medidas reaccionarias  prometidas durante su camino a la presidencia y que horrorizaron a más de uno. «Es verdaderamente inquietante que una de las primeras acciones del nuevo presidente sea eliminar casi todas las referencias al cambio climático del sitio web de la Casa Blanca», afirmó Sam Adams, director en Estados Unidos del Instituto de Recursos Mundiales, en declaraciones publicadas por el diario español La Vanguardia.

El imperio del humo creciente

En campaña, Trump se burló de manera reiterada del cambio climático, despreció a la comunidad internacional e insultó a quienes, junto con Obama, facilitaron al menos una era de entendimiento en asuntos ambientales. Su osadía llegó al punto de acusar a China de inventar lo que él llama «la farsa del cambio climático» para perjudicar la competitividad de los mercados estadounidenses.

En contraste, el gigante asiático instó al nuevo Gobierno a continuar la lucha contra el cambio climático. «China está dispuesta a trabajar con todas las partes, incluyendo la nueva administración de Estados Unidos, para continuar con el diálogo y la cooperación práctica sobre la cuestión del cambio climático», aseguró Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, según publicó el sitio web de Telesur.

Trump no cree que la contaminación del hombre sobre el planeta sea un factor determinante que perjudique la vida en la Tierra y por lo tanto se propone erradicar cuanta medida regulatoria —innecesaria, según él— haya dejado la administración de Barack Obama, quien demostró estar al tanto de la peligrosa situación y mucho antes de conocer su sucesor en la presidencia alertaba que «ningún país, ni siquiera uno tan poderoso como Estados Unidos, es inmune al cambio climático».

Aunque en una entrevista reciente dijo «ver alguna conectividad» entre el cambio climático y el ser humano, el actual mandatario prometió que en los primeros cien días de su Gobierno retiraría a su nación —¡la que más contamina la atmósfera!— del histórico Acuerdo de París.

¿No se acuerda del acuerdo?

Dicho acuerdo no es para nada poca cosa y mucho menos una responsabilidad exclusiva de París. Científicos, políticos y diplomáticos de todo el mundo discutieron durante años y llegaron, en diciembre de 2015, a la Conferencia de la ONU sobre cambio climático en la cual más de un centenar de naciones se comprometieron a combatir los efectos de este daño e impulsar acciones e inversiones para un futuro bajo en emisiones de carbono. Pero Trump, que seguramente estaba haciendo millones cuando los científicos hacían estudios, parece no acordarse de ese acuerdo.

El pacto universal del acuerdo apunta a mantener por debajo de los dos grados centígrados el aumento de la temperatura en relación con los índices preindustriales, así como a establecer métodos eficientes para hacer frente a los impactos del cambio climático, iniciativa que pudo ser consensuada, entre otras cosas, gracias a la firma de grandes naciones contaminantes como China, India y Estados Unidos… pese a que Trump no lo admita.

Sin embargo, el mandatario republicano se comprometió a hacer lo que esté a su alcance para revertir en su totalidad las regulaciones sobre cambio climático introducidas por Obama. Para ello, se ha asegurado de contar con un equipo con ideas tan ¿¡innovadoras!? como las suyas y ha elegido como nuevo responsable de la política ambiental al veterano fiscal de Oklahoma Scott Pruitt, conocido amigo del sector petrolero y escéptico sobre la influencia del hombre en el cambio climático. Pruitt ha dedicado sus últimos años a bloquear en los tribunales las regulaciones del ahora expresidente.

Las aspiraciones de Trump parecen representar una realidad contraria a la de una nación cada vez más afectada por largas sequías, incendios, cambios de temperaturas y otros fenómenos naturales.

Ceguera e impopularidad

Desde su llegada a la Casa Blanca e incluso antes, en plena campaña electoral, al Presidente se le ha exigido una real toma de conciencia sobre el tema.

El rechazo parece contagioso. De la misma forma que reconocidas figuras de la cultura estadounidense como Meryl Streep, Robert de Niro, George Clooney, Leonardo Di Caprio y Madonna han expresado a las claras el rechazo a su Jefe de Estado, un grupo de 375 científicos encabezados por 30 premios Nobel, entre los que se encuentran Stephen Hawkings, Thomas D. Albrigh y Martha P. Haynes expresaron, mucho antes de las elecciones presidenciales, igual inconformidad frente a las intenciones de Trump de recortar el presupuesto para el desarrollo de investigaciones y a su ignorancia sobre la existencia del cambio climático.

En días recientes, más de 360 empresas estadounidenses, entre las que se encuentran gigantes como Nike, Levi’s o Starbucks —en cuyos pronunciamientos siempre se juega dinero— le pidieron, a través de una carta abierta, que respete y mantenga el Acuerdo de París. «Implementar el acuerdo alentará a empresas e inversores a orientar miles de millones de dólares hacia el sector de energías limpias para lograr la prosperidad para todos», afirmaron los empresarios, de acuerdo con el sitio ambientalista Semana Sostenible.

Desmontar lo montado tiene su dificultad, incluso para Trump. En una guerra entre «legado» y «llegada», Obama trabajó para que el Congreso aprobara a inicios del año pasado el Acuerdo de París, cuyo artículo 28 obliga a las naciones firmantes a esperar al menos tres años de aprobado el documento para pedir la salida, que sería formalizada otro año después.

Sin embargo, varios expertos en temas judiciales consideran que Trump podría optar por tomar un atajo y salirse de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, lo que podría completarse en un año, en lugar de cuatro, e implicaría también el abandono del Acuerdo de París.

Su administración podría enviar observadores para monitorear las negociaciones, pero no participar en ellas, y negarse a honrar la promesa de Obama de reducir las emisiones de dióxido de carbono, dicen algunos analistas.

Un proteccionismo que mata

Sin duda, la salida de Estados Unidos no solo pudiera representar la rotura de un compromiso moral e histórico con la humanidad, o una clara disminución de sus contribuciones financieras en materia de clima a países en desarrollo, sino que sacudiría la cooperación internacional, lograda tras años de incansables gestiones.

Por el momento, todo parece indicar que la política del actual presidente será facilitar la inversión en la actividad petrolera y en la industria minera, dos sectores que no pueden vivir sin humo y que han incorporado a su arsenal a otro lento «matador»: el fracking, técnica altamente contaminante de los suelos para aumentar la extracción de gas y petróleo.

Así lo demuestra la aprobación el 24 de enero, a solo cuatro días de haber asumido, de la construcción de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, que transportarán, el primero petróleo canadiense, y el segundo desde Montana, hasta refinerías de EE. UU.

Las reformas proteccionistas y aislacionistas de Trump —cuyo beneficio interno aún está por verse— atacan, desde muy temprano, a un planeta que no es propiedad exclusiva de Estados Unidos. Mientras él hace muros, rompe puentes, deporta gente… la humanidad tiene que mejorar sus acuerdos para cuidar la casa colectiva. Desde cualquier sitio del mundo, hay que luchar para que al cambio climático no lleguen sus promesas.

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