Juventud: el corazón de todo cambio

Recientemente el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hablaba de la necesidad de que sea la juventud la que tome el poder en sus riendas y no la oligarquía. Pero para eso, desde luego, hay que prepararse, fortalecerse, estar presente en todos los espacios

Autor:

Alina Perera Robbio

Caracas.— Los jóvenes son los artífices de las revoluciones. En ellos habita por naturaleza la posibilidad del cambio. No por gusto aquí la dirigencia de la Revolución Bolivariana les habla de hacer Política —política con p mayúscula, como dice el presidente Nicolás Maduro, lo cual significa entender que esa ejecutoria es un arte, una premisa digna que todo lo atraviesa.

Recientemente Maduro hablaba de la necesidad de que sea la juventud la que tome el poder en sus riendas y no la oligarquía. Pero para eso, desde luego, hay que prepararse, fortalecerse, estar presente en todos los espacios. Debería multiplicarse al infinito, por ejemplo, la imagen de los muchachos sentados en largas mesas el pasado 20 de enero, en la Plaza Simón Bolívar de la capital, cuando comenzó en el país el proceso de entrega del Carné de la Patria.

Levantaba esperanzas aquel encuentro inicial entre los jóvenes tabuladores manejando la mejor tecnología, y el pueblo, lleno también de jóvenes, que iba a registrarse en gesto de apoyo y aprovechando la oportunidad de hacer más clara la relación entre las necesidades populares y las misiones sociales. A modo de paréntesis digamos que hasta el presente cerca del 30 por ciento de las personas registradas tienen entre 20 y 35 años, lo cual habla del valor que tiene la entrega del Carné de la Patria —iniciativa de inclusión por excelencia— para los más jóvenes tanto en condición de protagonistas como de beneficiarios.

Las nuevas generaciones siguen estando en todas partes: sentadas detrás de las mesas de «carnetización» que se abren en disímiles puntos del país, convertidas en vórtice de las misiones que el país lleva adelante. Si ellas están despiertas y realizadas, la Revolución se salva. Por eso, este 9 de febrero, desde el Salón Ayacucho del Palacio Presidencial de Miraflores, Nicolás Maduro entregó financiamiento a la juventud con el fin de respaldar proyectos de carácter social y productivo.

Son créditos para que jóvenes trabajadores salgan adelante, por ejemplo, en la fabricación y venta de productos de higiene personal y de limpieza, o en el cultivo de hortalizas y frutos; o en la siembra de yuca amarga, con la cual ayudarán a los procesadores de casabe, o en la consolidación de un proyecto de repostería y dulcería, o en el diseño y confección de ropa urbana, o en proyectos para la salud.

Se trata del programa Soy Joven Productivo, que busca incentivar el espíritu de trabajo de la juventud venezolana y por cuenta del cual el Presidente del país declaró este 9 de febrero que la Banca Pública y los Fondos de Financiamiento del Estado deberán dedicar el 30 por ciento de la cartera de crédito a experiencias de emprendimiento como las ya mencionadas.

El propósito —ha explicado el mandatario— «es elevar los créditos para miles de muchachos y muchachas, para emprendimientos económicos, productivos, de desarrollo, individual, cooperativo, colectivo, de las distintas modalidades que pueda haber».

Los medios aquí han hablado de «espaldarazo» a ese estratégico sector poblacional, y han amplificado la definición hecha por el Presidente: la juventud es presente y futuro, representa el pilar más importante para el desarrollo productivo e industrial del país.

Hay una rica agenda destinada a potenciar el protagonismo juvenil: el 16 de febrero tendrá lugar una asamblea nacional del Congreso de la Juventud, donde los participantes podrán hacer múltiples propuestas de emprendimiento productivo que abarcarán incluso los ámbitos de la cultura y del desarrollo social. No se dejará de la mano el plan de residencias estudiantiles, y la construcción de viviendas para esos fines; y ya Maduro ha hecho el anuncio de la creación de 10 000 panaderías comunitarias que estarán bajo la responsabilidad de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), para los cuales la juventud ha sido convocada a ser protagonista en acabar la guerra económica que impulsan sectores privados contra el pan y sus derivados.

Maduro ha hablado de que el pueblo haga el pan para el pueblo y de que se acabe la guerra de las panaderías. Y ha dicho: «Vamos con la juventud». El Gobierno dará el financiamiento y el trigo para dicho propósito.

El otro tópico que engrosa la agenda tiene que ver con este 12 de febrero, domingo para celebrar aquí el Día de la juventud: las nuevas generaciones habrán sido protagonistas de una marcha revolucionaria. El mandatario ha recordado que cuando Chávez llegó al poder, solo entonces, la juventud contó con un Presidente que la protegiera, que la apoyara, que la impulsara.

Él, como con tantas otras directrices, ha declarado sus intenciones de dar continuidad a ese legado. Entonces hay claridad sobre la trascendencia que entraña la participación de los jóvenes: ese es el único camino real para que, quienes tienen el mundo por delante, aprendan a hacer política con p mayúscula.

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