Michael Flynn y su renuncia forzada

El Asesor de Seguridad Nacional colaborador del presidente Donald Trump se ha visto obligado a renunciar a su cargo por escándalo político

Autor:

Juana Carrasco Martín

EL teniente general retirado Michael Flynn, considerado uno de los más estrechos colaboradores del presidente Donald Trump, se ha visto obligado a renunciar como Asesor de Seguridad Nacional, y no pocos estiman la retirada como un round ganado por los demócratas y los medios que le son adversos al nuevo mandatario y no le dejan ni un minuto de respiro en sus continuos ataques.

La controversia emergió desde el mismo anuncio del nombramiento, el 17 de noviembre de 2016,—aunque no necesitaba de la aprobación del Senado como ocurre con los miembros del Gabinete.

Quien fuera Director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA), se dio a conocer por sus escandalosas críticas al Islam y por flirtear con teorías de la conspiración esgrimidas en las críticas a la administración del demócrata Barack Obama, cuando Flynn clamaba falsamente que las leyes de la Sharia se expandían por Estados Unidos y la nación estaba en una guerra mundial contra los islamistas radicales. «El temor a los musulmanes es RACIONAL» tuiteó, en una ocasión. Mientras, su hijo fue sacado del entonces equipo de transición de Trump luego de tuitear falsas noticias.

Pero el aguacero no empapó a Flynn en esos temas, sino en su falso testimonio al propio Gobierno de Trump y al público, cuando aseguró no haber hablado con Rusia de las sanciones ordenadas por Obama contra el gigante euroasiático, y ahora reconoce varias llamadas telefónicas con el Embajador del Kremlin para hablar del asunto, justo después de las elecciones ganadas por el republicano y antes de la asunción del pasado 20 de enero.

Si bien Flynn sale del juego, el problema mayor para Trump estriba en los cuestionamientos agregados por no pocos, y que pudieran resumirse en lo planteado en una declaración conjunta formulada por los influyentes representantes demócratas John Conyers y Elijah Cummings, quienes aseguran que el Congreso «necesita saber quien autorizó estas acciones, las permitió y continua permitiendo su acceso (el de Flynn) a nuestra más sensitiva información de seguridad nacional a pesar de conocer estos riesgos».

Está claro que la mirilla apunta al propio Presidente respecto a las cinco llamadas telefónicas, y el griterío crece porque el Departamento de Justicia, dirigido entonces por Sally Yates como Fiscal General, había advertido a Trump —dijo el diario The New York Times—, de que Flynn era vulnerable «a un chantaje ruso». Por cierto, Yates fue despedida por Trump cuando se calzó las botas presidenciales por rehusarse a defender sus órdenes migratorias ante las cortes que las han rechazado y revocado.

Por demás, ya se menciona que el dimitente pudiera haber violado la Ley Logan, y esto serían palabras mayores, pues el estatuto de 1799, previene que ciudadanos privados manipulen asuntos de política exterior sin el permiso o el involucramiento del Gobierno. George Logan fue un legislador de Pennsylvania que en 1798 viajó a Francia e intentó negociar la paz en medio de fuertes tensiones por deudas entre ambos países, y aunque tuvo éxito, al año siguiente se aprobó la ley, porque el entonces Partido Federalista empujaba a la guerra contra Francia, y por ella cualquiera que tuviera correspondencia o intercambio con gobiernos extranjeros sería multado y condenado a tres años de prisión.

El caso Flynn se une a una continua intención de vincular a Trump con Rusia, recordemos las acusaciones de interferencia de Moscú en el proceso electoral y la indagatoria sobre las buenas relaciones de negocios del ya aprobado secretario de Estado, Rex Tillerman, como presidente ejecutivo de Exxon Mobil.

Las aguas turbulentas de la alta política estadounidense no dejan ver con claridad todos los intereses que se están moviendo en esta sorpresiva y controvertida era Trump. Pero en las redes ya quedó atrapado uno de los pejes gordos….

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