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Otro «rastro de mentiras»

La campaña sucia contra Alianza PAÍS marca las elecciones de hoy en Ecuador. No pocos opinan que habrá que acudir a segunda vuelta

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Futilidades aparte, lo acontecido en las últimas semanas en Ecuador bien podría denominarse como la novela brasileña de turno que transmite ahora la Televisión cubana. Ambas manipulan de algún modo las mentes. Solo que mientras la saga de O Globo busca apenas entretener, la campaña mentirosa que ha precedido a las elecciones ecuatorianas podría resultar en la torcedura del rumbo para todo un país, y ayudar a seguir instaurando otra falacia: el presunto quiebre de la ejecutoria izquierdista latinoamericana.

Pudiera parecer un lugar manido, pero lo repetitivo es la estrategia oscura de la derecha hemisférica, en su afán de recuperar el terreno perdido en las dos últimas décadas.

Sean golpes parlamentarios como en el caso de Fernando Lugo en Paraguay, en el año 2012, o la reciente asonada contra Dilma Rousseff en Brasil; trátese de la guerra continuada y no declarada contra Nicolás Maduro en Venezuela, la mentira ha sido, es el arma recurrida por la derecha, pasando también, desde luego, por «batallas» de plazo menos inmediato, como la emprendida de cara al referendo constitucional de Bolivia en febrero de 2016, y las maniobras para que Evo no pueda aspirar a la reelección en 2019; o la manera en que se sataniza a Cristina Fernández en Argentina para convertirla en cadáver político; sin contar las falsas promesas de Mauricio Macri durante la campaña electoral que terminó con la derrota del candidato kirchnerista, Daniel Scioli, en la carrera a la presidencia de diciembre de 2015.

Y conste que no solo intervienen los grandes medios propalando falsedades y convertidos en protagonistas políticos, sino los propios actores partidistas y económicos, en un entramado donde unos y otros interactúan. Solo hay que contemplar la manera en que el gran empresariado venezolano usa el desabastecimiento para mostrar al Estado bolivariano como un ente «fallido», sumando problemas a la crisis de los precios del petróleo, mientras las televisoras y los periódicos de la derecha continental les apoyan. Y viceversa.

De igual manera, la manipulación y las maniobras sucias descollaron las últimas semanas en la campaña electoral con vista a la presidencia ecuatoriana, buscando no tanto la obtención de más votos por este o aquel aspirante opositor, sino restar respaldo a la candidatura de la izquierda, representada por Lenin Moreno y Jorge Glas como compañero de fórmula: los únicos capaces de dar continuidad al modelo de cambio instaurado por Rafael Correa, y quienes desde el inicio de la campaña proselitista van en la cabecera de las preferencias, según los sondeos.

Claro que hay mentiras grandes y chiquitas. Entre las primeras se cuenta presentar la desaceleración económica sufrida por Ecuador en los dos últimos años como una mala gestión del Gobierno de Alianza PAÍS, cuando ello se debe a la caída internacional de los precios del crudo, que es el principal rubro económico, y constituye realidad que está afectando a todos los países productores.

Entre las falsedades de pies más cortos se cuentan los variados escándalos creados alrededor de figuras cercanas al ejecutivo y que han convertido a la corrupción, según algunos de los analistas que pisan el terreno, como un tema de campaña que, sin embargo, no estaba en los programas electorales primigenios.

Se suman también otros disfraces, como el que han usado algunos de los aspirantes de la derecha prometiendo programas que ya han sido implementados por Alianza PAÍS en los diez años que Correa lleva en la presidencia…

De tal modo, la campaña no se desarrolló solo en las calles y tuvo mucho peso en las redes sociales, nuevo campo de batalla, y en las que los defensores de la Revolución Ciudadana —que es lo que la derecha busca detener— han salido al paso a las patrañas.

Un interesante video en YouTube y presentado por el sitio La Verdad, desnuda las que llama «las siete grandes mentiras» usadas por la oposición para engañar al electorado. Entre ellas, el audiovisual revela y refuta la que hizo ver que el país perdía dinero con la pre-venta del petróleo. También se lanzó al ruedo que el Gobierno ocultaba la existencia de funcionarios presuntamente vinculados con los escándalos de corrupción de la firma brasileña Odebrechet (donde hay tantos envueltos, que a veces parece un anzuelo lanzado ex profeso); y que entes del ejecutivo estaban involucrados en hechos sucios ligados a la empresa PetroEcuador, cuando el cabecilla de las trapisondas es un connotado dirigente socialcristiano… Hasta se ha hablado de manejos electorales turbios y de presunto fraude.

Este es el entorno que rodea las elecciones de hoy, en las que la dupla Moreno-Glas obtendría seguramente, a tenor con las veleidosas encuestas, la mayor cantidad de votos; pero ninguna certifica que lo hará con el 50 por ciento que significa la mayoría absoluta, o el 40 por ciento con diferencia de diez puntos porcentuales sobre su más cercano seguidor, estipulado por la ley electoral ecuatoriana para ser proclamado presidente. El último estudio de opinión arrojaba un promedio de 20 por ciento de indecisos que definiría su preferencia ante las urnas, y podría inclinar la balanza. Habría que ver el peso que las mentiras han tenido en ellos.

Si el escenario al anochecer de este domingo no arroja vencedor que cumpla los requisitos enunciados, ello obligaría a una segunda vuelta, el 4 de abril, entre los dos candidatos que más puntos obtengan: un panorama en el que los seguidores de Correa y de su heredero, Lenin Moreno, tendrán que trabajar fuerte frente a la muy probable unión de los hoy fragmentados representantes de la derecha.

Siete candidatos de fuerzas parecidas intentan hacerse de la presidencia que disputan a Alianza PAÍS, y poner contrapeso a una ejecutoria que arroja signos positivos de tanto relieve como la recuperación para Ecuador de las mejores partes en la explotación del petróleo, cuya tajada mayor se llevaban las transnacionales; la estabilidad política en una nación donde la protestas sociales subían y bajaban presidentes antes de concluir el mandato; los planes sociales que han logrado enflaquecer la brecha de la desigualdad… por solo mencionar algunos.

Claro que no es todo, y podrían pesar insuficiencias lógicas de un modelo que recién se diseña en Latinoamérica, y que pone rumbo al socialismo refundando en unos casos, y en otros, reformando el marco político heredado.

Solo la mentira monda y lironda podría opacar todo lo bueno que se ha logrado. Quizá sea mucho esperar que, frente a ella, los beneficiados por los cambios estén preparados.

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