Como una huella en el desierto

La RASD existe desde el 27 de febrero de 1976, cuando el pueblo saharaui, liderado por el Frente Polisario declaró su República

Autor:

Marylín Luis Grillo

Nombre, bandera e identidad tiene la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), cuyo pueblo resiste, aunque disperso y refugiado, fuera y dentro de su territorio. La RASD es un país pese a las insistencias de su agresor, Marruecos, que se niega a ver la innegable existencia de una nación en lo que ellos definen como sus «Provincias del Sur».

El debate shakesperiano de ser o no ser es también la cuestión del Sahara Occidental, uno de los 16 territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, y que aguarda desde 1991 por el cumplimiento de un referéndum que le otorgue, de forma definitiva e irrevocable, el reconocimiento mundial como estado independiente.

La RASD existe desde el 27 de febrero de 1976, cuando el pueblo saharaui, liderado por el Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguia al Hamra y Río de Oro), declaró su República. Hasta la fecha unos 80 países de todo el mundo la reconocen; en tanto, ni un solo Estado se ha proclamado a favor del Gobierno de facto marroquí, que en 1975 —ante la salida de España de su antigua colonia— había declarado que «no nos queda más que recuperar nuestro Sahara, cuyas puertas se nos han abierto».

Dentro del continente, las voces a favor de la RASD han sido, históricamente, más homogéneas. Desde 1984, la Organización para la Unidad Africana reconoció al Estado saharaui como miembro pleno del organismo, al tiempo que Hassan II, entonces monarca marroquí, declaraba su salida de la institución continental.

Pero en 2017, las condiciones han cambiado para la RASD. En el umbral de su 41 aniversario y mientras sigue estancada cualquier opción del referéndum, Marruecos abandona el autoexilio y se integra a la Unión Africana (UA), sucesora desde 1991 de la Organización.

La decisión de Rabat pudiera implicar un triunfo de la República Saharaui que podrá, por primera vez, sentarse como igual ante Marruecos en un organismo de relevancia internacional, que la reconoce —por demás— como nación con plenos derechos; sin embargo, no es posible cantar victoria tan pronto y habrá que esperar el camino tomado por el Reino y los primeros pasos en lo que parece ser una ruta planeada con antelación.

Para el pueblo y Gobierno marroquíes, el ingreso a la UA es un éxito de su rey Mohamed VI, quien en ningún momento ha renunciado a lo que considera sus derechos sobre el Sahara.

Ya desde el pasado julio, Marruecos le decía a la UA que «cuando un cuerpo está enfermo es mejor curarlo en el interior que en el exterior del organismo». No obstante, al aprobarse su inclusión, Mohamed VI pronunció un discurso menos agresivo ante los 54 jefes de Estado africanos reunidos en Etiopía, incluido el presidente de la RASD y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali.

«Lejos de nosotros la idea de suscitar un debate estéril —expresó el monarca—. No queremos en absoluto dividir, como algunos querrían insinuar».

La clara indirecta se dirigía, además de hacia la RASD, a Sudáfrica, Zimbabwe, Namibia, Mozambique, Botswana y Argelia, países todos liderados por sus movimientos de liberación, principales opositores de este retorno y defensores activos de los derechos del pueblo saharaui a una patria independiente.

Para el coordinador del Frente Polisario ante la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sahara Occidental (Minurso), Uld Jadad, es «muy probable» que Marruecos intente cambiar el acta constitutiva de la Unión Africana, que impide expulsar a un miembro, para luego intentar conseguir que dos tercios de los países aprueben la expulsión.

«Eso es un recorrido largo, de dos años como mínimo. Y mientras tanto, Marruecos tendrá que acostumbrarse a convivir con la RASD, con el desgaste que eso puede implicar ante la opinión pública marroquí, porque Marruecos siempre ha dicho que la RASD no existía», sentenció.

El enfrentamiento adquiere ahora, más que nunca, un cariz diplomático y continental. África podrá tener la oportunidad de alcanzar un objetivo que Naciones Unidas solo ha podido dejar correr.

De momento, la resistencia continúa y los saharauis celebrarán este lunes, donde sea que estén —en el campo de refugiados de Tindurf, en los aislados territorios libres del Frente Polisario, en las tierras ocupadas por Marruecos, en el exilio…— el 41 aniversario de su República, que como una huella en el desierto, les muestra a su pueblo que no están solos.

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