Forbes y sus afortunados

La brecha entre ricos y pobres nunca ha sido tan grande como en la actualidad

Autor:

Marylín Luis Grillo

Mientras la casa del hombre más rico del mundo está valorada en 123 000 000 de dólares, millones de niños no tienen donde vivir. Fotos: mediatrens y El Comercio

Recuerdo los inicios de las excentricidades de Bill Gates, cuando acumuló tanta fortuna que parecía una cifra mal dicha para muchos, mal calculada para otros. El brillante ingeniero progresó, poco a poco, en filántropo; otras fortunas igual de exorbitantes se hicieron también famosas y la industria de la informática, con sus nerd y frikies de Silicon Valley, reemplazó definitivamente a la moda y los cosméticos de los puestos cimeros de rentabilidad.

En 2008, la gran caída de la burbuja inmobiliaria y las crisis —concatenadas, derivadas, sistémicas y casi absolutas— pusieron en los titulares la pérdida de la clase media, la acumulación de las riquezas, el aumento de la pobreza: los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres.

Más de seis años después, ocho hombres acumulan la fortuna de los 3 600 millones de habitantes más pobres del planeta: Bill Gates sigue en la cima, aunque ahora ya casi ni sorprende; Amazon desplaza a Walmart, pues ya no se compra de la misma forma, ahora se usa pulsar el carrito en el ordenador y no empujarlo por los pasillos de la tienda; compañías como Facebook demuestran que se puede hacer dinero con los deseos más privados de las personas, el tener «amigos» y «compartir» nuestras experiencias para recibir «reacciones» salidas del corazón.

Forbes tiene a sus ocho afortunados, no necesita un top ten, el número diez también está pasado de moda. Ellos —porque todos son hombres—, han sabido sacar adelante compañías multimillonarias y ni temblores en la Bolsa, ni depresiones poscrisis han hecho tambalear sus fortunas, todo lo contrario.

Una economía al servicio del 0,00000001 porciento

La brecha entre ricos y pobres es «más grande de lo que se temía», concluyó el informe Una economía al servicio del 99 por ciento, de la organización Oxfam —cuyo lema es «trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento»—, que incluye datos de Forbes y del reporte anual Credit Suisse Global Wealth, y donde se muestra la distribución de la riqueza global desde el 2000.

El dato de los ocho millonarios, que ha circulado por los principales medios de comunicación del mundo desde su publicación, es solo el más llamativo de un texto que asegura que la desigualdad siguió creciendo en 2016, para crear una situación «indecente» de disparidad masiva, que no hace sino exacerbar aún más las diferencias.

Oxfam, que por cuarto año consecutivo publica documentos de este tipo, hizo un llamado a generar «una economía más humana» e instó a los Gobiernos a acabar con los pagos corporativos y la evasión fiscal, así como imponer mayores impuestos a las personas más ricas.

También pidió que las empresas ofrezcan un «salario digno», que sea más alto que el sueldo mínimo fijado por los Gobiernos.

«La gente está enojada y exige alternativas. Se sienten abandonados, porque, por mucho que trabajan, no pueden participar del crecimiento de su país», dijo Katy Wright, directora de asuntos externos globales de la ONG.

De acuerdo al texto, «las grandes empresas y los individuos más ricos exacerban las desigualdades eludiendo sus impuestos, reduciendo los salarios y maximizando los ingresos de los accionistas», es decir, «aligerando lo máximo posible su carga fiscal, privando así a los Estados de los recursos esenciales para financiar las políticas y servicios necesarios para reducir las desigualdades.

«Cuando los responsables políticos dejen de obsesionarse con el PIB y se focalicen en el interés del conjunto de sus ciudadanos y no solo de una élite, habrá un futuro mejor para todos», concluyó también el documento.

Cuestión de interpretación

No obstante, detalló la BBC, el informe ha encontrado múltiples detractores, que apuntan a que Oxfam se centra demasiado en las riquezas y muy poco en la manera de buscar el crecimiento económico de los menos afortunados.

«Como una organización benéfica “contra la pobreza”, Oxfam parece estar extrañamente preocupada por los ricos», ironizó Marcos Littlewood, director general del Instituto de Asuntos Economía, un centro británico de estudios sobre libre mercado.

En tanto, el director de investigación del Instituto Adam Smith, Ben Southwood, dijo que «cada año estamos engañados por las estadísticas de riqueza de Oxfam. Los datos están bien, pero la interpretación no».

Por su parte, el economista británico Gerard Lyons expresó que centrarse en la riqueza extrema «no siempre permite ver el cuadro completo», pero reconoció que Oxfam tiene razón al apuntar hacia las empresas, las cuales —a juicio de Lyons— alimentan la desigualdad con modelos de negocio que se «centran más en la entrega de rendimientos cada vez más altos para los propietarios ricos y altos directivos».

La verdadera ganancia reside en buscar el ideal punto medio y desarrollar una economía que esté, efectivamente, a disposición de la población en su absoluto ciento por ciento, y no en crear modelos de exitosos, cada vez más reducidos.

Empresas que ayuden a sus empleados, Gobiernos que generen políticas económicas favorecedoras para toda la población, afortunados que hagan con sus compañías un mundo mejor… sería la meta, que el verdadero número exorbitante —los 3 600 millones de habitantes sin apenas recursos para vivir— no se repita este año (ni nunca).

Datos y proyecciones

•Oxfam calculó, en 2016, que las 62 personas más ricas del mundo tenían tanta riqueza como la mitad de la población mundial más pobre. Sin embargo, el número se redujo a tan solo ocho este año por el refinamiento de datos, más precisos, con los que contó para este último informe, explicó la organización.

•Estados Unidos es uno de los casos más evidentes del aumento de la desigualdad. Mientras los ingresos reales de la mitad de la población llevan 30 años sin crecer, los del uno por ciento más rico aumentaron en esas tres décadas un 300 por ciento.

•Las diez mayores empresas del planeta facturaron en 2015 más que los ingresos totales de 180 países.

•Para eludir sus impuestos, las multinacionales usan paraísos fiscales (muchos de ellos en El Caribe), lo que le provoca a estos países en desarrollo pérdidas por conceptos de ingresos fiscales de al menos 100 000 000 000 de euros.

•Al ritmo actual de crecimiento de la desigualdad y la acumulación de riquezas en pocas manos, en 25 años el primer supermultimillonario del mundo tendría tanto dinero que podría gastar un millón de dólares diarios durante 2 738 años.

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