Los ojos de la sequía

En África no solo se huye por la guerra, los conflictos civiles o los grupos terroristas. El continente primigenio lleva de la mano las barbaries humanas y el cambio medioambiental

Autor:

Marylín Luis Grillo

Una niña observa la cámara. Su mirada es de esas que nunca se olvidan, porque la inocencia de los primeros años comienza a ceder ante la necesidad. La niña está a las puertas de la tienda de su familia en un campamento para desplazados internos a las afueras de Qardho, en la región semiautónoma somalí de Puntland, así describe El País la foto de EFE; pero la historia tras la instantánea continúa.

En África no solo se huye por la guerra, los conflictos civiles o los grupos terroristas. El continente primigenio lleva de la mano las barbaries humanas y el cambio medioambiental. Lluvias intensas y sequías extensas chocan en la región con la falta de infraestructura para enfrentarlas, con el hambre acumulada por siglos de explotación, con una agricultura todavía muy primitiva y extremadamente necesaria.

«El cambio climático en este continente es el más cruel y el más injusto», había asegurado en la Cumbre de Naciones Unidas sobre el tema en Makarech, celebrada en noviembre del año pasado, la entonces presidenta saliente de la cita, Ségolène Royal.

Las estadísticas de la fecha aseguraban que de los 50 países más afectados en el mundo por el calentamiento global, 36 eran africanos, a pesar de que no son ellos los mayores emisores de gases de efecto invernadero. Hoy, las cifras las ofrece el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el cual alertó que casi 1 400 000 niños están en riesgo de muerte por desnutrición en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen.

La noticia, replicada solo por algunas agencias, aseguraba que esos menores forman parte de los 22 000 000 de infantes desplazados, sometidos al hambre, las enfermedades y que abandonaron las escuelas por las inclemencias climáticas y/o por la violencia.

Allí conocemos a nuestra niña, la de la foto, una entre más de un millón, en medio de un campo de refugiados donde viven cientos de miles de personas que han debido dejar su hogar para no morir de hambre. Una desplazada interna que busca diariamente en el campamento lo que en su pueblo o ciudad natal probablemente no pudo encontrar: seguridad y comida ¿Las podrá hallar      ahora?

«Los niños no pueden esperar otra declaración de hambre para que tomemos medidas», afirmó el director de Emergencias del Fondo, Manuel Fontaine, en un comunicado –citado por PL— en el que solicitó ayuda para responder a las necesidades inmediatas de los cuatro países afectados por el hambre, la sequía y los conflictos armados.

«A medida que la violencia, el hambre y la sed fuerzan a la gente a moverse dentro y fuera de las fronteras, las tasas de desnutrición seguirán aumentando no solo en estos cuatro países, sino también en la cuenca del lago Chad y el Cuerno de África», destacó el mensaje.

De acuerdo con la Cruz Roja, son necesarios 13 800 000 dólares para facilitar alimentos a «decenas de miles de personas y mejorar el acceso a la sanidad y al agua potable» en el África Oriental, donde desde 2015 azota sistemáticamente el fenómeno El Niño.

Para la Unicef, son necesarios 81 000 000 de dólares para programas de nutrición y suministro de víveres terapéuticos, además de otros 47 000 000 más para agua, saneamiento e higiene.

Pero el dinero no llega a tiempo ni en las cantidades necesarias.

Mientras, una niña mira la cámara; sus ojos no se olvidan.

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