«¿Quién mató a Marielle Franco?»

Concluyó la cita izquierdista, que en esta edición estuvo marcada por el asesinato de la reconocida luchadora brasileña por los derechos humanos

Autor:

Juventud Rebelde

SALVADOR DE BAHÍA, marzo 17.— Tras casi una semana de intenso trabajo finalizó este sábado el 13er. Foro Social Mundial (FSM), en esta ciudad del nordeste brasileño, y deja una interrogante miles de veces reiterada en los últimos días: ¿Quién mató a Marielle Franco?, destacó PL.

El brutal asesinato, el miércoles último en Río de Janeiro, de la concejal por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y reconocida líder en la lucha por los derechos humanos marcó las sesiones del multitudinario encuentro de movimientos sociales, organizaciones sindicales y partidos políticos de izquierda.

Y dejó también sus huellas en el campus Ondina, de la Universidad Federal de Bahía, donde los grafitis en las paredes repiten el cuestionamiento, y en una instalación artística hecha con el propósito de denunciar el número creciente de feminicidios en Brasil fue clavada también una cruz con el nombre de la luchadora.

En un acto en defensa de las democracias, realizado el pasado jueves en el estadio Pituacú, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que «todos somos hoy un poco Marielle».

Para su jornada final, el Foro reservó la construcción, en el Ágora de los Futuros, de un programa de acción hasta fines de 2019 que, desarrollado a partir de las propuestas de los participantes, lleva el nombre de Calendario de Futuros del FSM.

Además del Ágora, se realizó en esta jornada un cortejo cultural de despedida, cuya última actividad fue la reunión de su Consejo Internacional.

En medio de una crítica coyuntura política planetaria, el evento deja como saldo la implantación de nuevas estrategias anticapitalistas, a tono con el plan global de aniquilación de las corrientes progresistas existentes y la ruina económica de millones de personas, reseñó Resumen Latinoamericano.

Para los presentes en Salvador, el mensaje de esta cita es claro: solo las protestas callejeras resultantes del poder de los movimientos populares y organizaciones y activistas sociales, los poderosos sindicatos —véase España y Argentina, por ejemplo—, podrán poner en jaque los propósitos de la única «narrativa» mundial que persigue Estados Unidos.

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