Abandono por insolvencia

Estados Unidos no cabe en el Consejo de Derechos Humanos. Lo paradójico es que le queda muy grande y la representante del régimen de Trump expresó su decepción con una sarta de epítetos que más bien parecían describir las pretensiones de cuanto hubieran querido hacer en el órgano de las Naciones Unidas

Autor:

Juana Carrasco Martín

Estados Unidos no cabe en el Consejo de Derechos Humanos. Lo paradójico es que le queda muy grande y la representante del régimen de Trump expresó su decepción con una sarta de epítetos que más bien parecían describir las pretensiones de cuanto hubieran querido hacer en el órgano de las Naciones Unidas, que tiene sede en Ginebra.

Nikki Haley, tan acerba como su jefe, lo calificó de «nido de motivaciones políticas» al anunciar este martes que se retiraban. «Tomamos este paso porque nuestro compromiso no nos permite seguir siendo parte de una organización hipócrita y centrada en sí misma que hace una burla de los derechos humanos», expresó.

En la decisión, como pesado fardo, afloraban varias verdades: el despecho, porque la cuestión de los derechos humanos en Palestina —con toda razón— se incluía sistemáticamente en la agenda para juzgar y condenar los terribles crímenes de Tel Aviv, a lo que llamó «parcialidad crónica contra Israel»; también la presencia entre los 47 países miembros del Consejo —escogidos de manera democrática por mayoría absoluta de la Asamblea General de la ONU—, de algunos a los que consideran sus enemigos jurados, incluidos varios de los que no hace mucho llamaron «países de mierda».

Trump y Haley preferían que las cosas fueran como antes, cuando desde la Casa Blanca se manejaban los hilos de la marioneta que fue hasta 2006 la Comisión de Derechos Humanos. Fue entonces cuando dejaron de tener agarrada la sartén por el mango y cocinaban a su antojo.

Aunque este paso se iba preparando desde hacía rato, ahora les dolió en especial que la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos criticara la separación de los niños de sus padres inmigrantes en la frontera de Estados Unidos y México, y exigiera que respeten los acuerdos de la Convención de Ginebra sobre los derechos de los niños.

Este abandono se suma a la retirada de Estados Unidos de varias organizaciones y acuerdos internacionales, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático, el acuerdo nuclear con Irán, y la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

De nuevo, el avestruz entierra su cabeza en la arena y deja el trasero al aire. 

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