Nuestros héroes de Carabobo

Cerca del campo donde en 1821 se selló en combate la independencia de Venezuela, cooperantes cubanos continúan de otras maneras el camino de El Libertador

Autor:

Enrique Milanés León

VALENCIA, Venezuela.— La doctora Heylen González Suárez, coordinadora de las misiones cubanas en el estado de Carabobo, comentó al reportero la valía de sus colaboradores: «mi gente es buena, unida», decía en un aparte refiriéndose no solo a los más de 1 600 cooperantes de la salud allí presentes, sino también a otros 150 internacionalistas de los sectores energético, deportivo, educación y educación superior, agroalimentario y cultural que se integran, bajo su mando, en nuestra misión de misiones: la de la solidaridad.

Luego, recorriendo instituciones de salud junto a Saida Williams, vicejefa de la Oficina de Atención a las Misiones (OAM) cubanas en Venezuela, la afirmación de Heylen se hizo visible en simples anécdotas de héroes inadvertidos. Estos son apenas flashazos del paisaje de trabajo cotidiano.     

Un joven como un resorte

Es la imagen que me hice del santiaguero Reinier Batlle Plumer, que en la parroquia de Morón está al frente de la brigada cubana en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) cuyo solo nombre es un llamado al cumplimiento: Antonio Maceo. Reinier y otros 35 maceístas de la salud ofrecen a 75 000 personas los servicios de oftalmología, medicina general, endoscopia, fisiatría, logopedia, podología, laboratorio clínico… pero quizá la consulta que más les interese brindar sea una especial: la de la calidad.

Con 29 años, el doctor se estrenó aquí en labores de dirección y no hace al periodista, por suerte, un relato idílico e increíble: «He tenido que aprender a vivir solo, a estar lejos de la familia, a hacer amigos nuevos, a pasar trabajo, a cuidarme y a cuidar de los míos. Las horas no son iguales en Venezuela. Siempre me caigo y siempre me levanto. Esa es mi misión».

El médico y la bicicleta

En Cuba, el doctor Florentino Ávila Ávila trabaja en el policlínico tunero de Majibacoa; pero en Venezuela este recién graduado, diplomado en Medicina Intensivista, labora en el carabobeño CDI Antonio Maceo, donde sus días están repletos de ingresos, visitas médicas, altas, consultas, nostalgias… «Todo eso me exige ser más organizado, precaver, planificarme mejor», comenta este joven maduro.

Al filo de sus vacaciones, aguardan por él en Las Tunas su esposa y su niña de seis años. «Se llama Jessica Daniela y está esperando la bicicleta que le prometí si salía bien en el curso. ¡Resultó destacada en el prescolar! ¿Qué debe hacer un papá cuando su niña es vanguardia?, provoca el reportero y el médico responde: «Destacarse también. Yo tengo que ser su ejemplo y no veo otra manera de hacerlo que con un servicio de excelencia que deje a todos los pacientes satisfechos con mi trabajo».  

Una boda y un bautizo

Andábamos por Puerto Cabello, el primer punto que tocó José Martí en su histórico viaje a este país, en 1881, y aunque no pudimos acariciar el busto querido del Maestro, conocimos a varios hijos suyos, hermanos nuestros, que con blanquísimo atuendo se apropian de la misión contenida en aquella honda frase: «Deme Venezuela en qué servirla».

En el CDI Rancho Grande, su coordinador, el doctor Ángel Leyva Leyva, explicó cómo los 33 miembros de la brigada —25 de ellos, mujeres— se sobreponen, para atender a 42 000 personas, a los obstáculos que la guerra económica ha puesto frente al pueblo venezolano: carencia de efectivo, problemas con el transporte, tensiones alimentarias, intermitencias puntuales en la cobertura telefónica… 

Dicho panorama ennoblece más ciertos pasajes del alma. El laboratorista guantanamero José Ignacio Samé, por ejemplo, arde en deseos de conocer a su pequeña de cuatro meses Karolin Sylyek y quisiera estar muy pronto en Cuba para hacerlo. Por el contrario, Nayra Cobas Esteris, joven diplomada en Terapia Intensiva, hizo una solicitud «extraña»: ella quiere retrasar sus vacaciones para estar en la boda de su hermano Eliades. ¿Qué mejor testigo pudiera tener ese cubano enamorado?

El carné de dos patrias

Yolanda Piña es una venezolana que en Rancho Grande no dejó pasar de largo al periodista cubano: «Trabajé siempre, por eso valoro lo que recibo. Estoy muy agradecida de ustedes», afirma. Como otros, ella espera que una validación médica de discapacidad la incluya en el programa de estipendio de ayuda del Gobierno Bolivariano a estas personas.

«Esto es de Maduro —dice mostrando el carné de la patria— y yo creo en él. Con Maduro llegaremos adonde queramos, porque a su lado el pueblo es la potencia». En torno a su cama de hospital, varios colaboradores cubanos confirman la doble nacionalidad que va en el carné del amor.

Cirugía fraterna y familia grande

Mientras Onelio León, coordinador del CDI quirúrgico Fraternidad, en Puerto Cabello, explica cómo los 42 integrantes de su brigada atienden a 26 000 porteños, el reportero recorre la instalación con el cirujano matancero Félix Molinet Reyes, quien suma, en varios puntos venezolanos, cuatro años de misión internacionalista.

Un equipo integrado por él, una anestesióloga, dos enfermeros instrumentistas y un licenciado en Anestesiología hacen unas 50 operaciones quirúrgicas por semana. «Realizamos gratuitamente —explica Molinet— cirugías de hernias, varicoceles, circuncisiones, vasectomías, hemorroides, esterilización… muy demandadas por una población de escasos recursos económicos».

Como pez en el agua, el cirujano presentó en la sala a varios pacientes. A sus 40 años, la venezolana Yulimar Parra decidió parar en siete hijos, con una esterilización quirúrgica, su «récord» de fertilidad familiar. «Me siento bien, me atienden chévere; nunca me imaginé que me iban a tratar mal, pero tampoco que iba a ser como hasta ahora, así de excelente», declara antes de agregar que tendrá que contarles a sus hijos la excelencia de estos médicos: «Ya los conocía: cuando parí al de seis años me atendieron ellos; mi hija estuvo hospitalizada con dengue y la cuidaron bien. Son huellas de cubanos en toda mi familia».

¡Bailando…!

Tales pinceladas son solo el asomo al inmenso cuadro de la misión. Al final del día, cuando el periodista se rompía la cabeza decidiendo cómo contar su recorrido, los entusiastas de la coordinación de Carabobo agregaron dos sorpresas.

La primera de ellas, un acto por el aniversario del asalto al Moncada. Los colaboradores acercaron a Fidel, en el recuerdo y la reflexión. Luego, cambiaron el vestuario y la música para comenzar un festival de aficionados en el que las voces, la trova y el poema hicieron reflexionar que, así como todo el que ayuda da salud, todo el que el que anima el espíritu ofrece cultura.

El cierre de la velada, con un Para bailar pleno de giros y risas, alimentó la certeza de que, a poca distancia del sitio en que en 1821 Bolívar selló en combate la independencia de Venezuela, Cuba ha puesto a disposición de los hijos de El Libertador nuevos héroes que vencen peleando, curando… bailando.

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