Washington ataca de nuevo a Irán

Las fuertes presiones sobre Teherán aspiran a debilitar su economía, generar descontento en los sectores menos favorecidos, provocar el derrocamiento del Gobierno y sustituirlo por uno obediente a Washington y sus corporaciones

Autor:

Leonel Nodal

Otra vez Estados Unidos recurre a la política de asfixia económica y financiera del pueblo iraní, para provocar una crisis social y el derrocamiento de la República Islámica, en su afán de recuperar una pieza clave de su estrategia de dominio en Oriente Medio, perdida en 1979.

El lunes 5 —curiosamente en vísperas de unas elecciones que podrían influir en el futuro político del presidente Donald Trump— la Casa Blanca restableció  las sanciones  en los sectores petrolero, bancario y de transporte.

Se afectan 50 bancos iraníes, 700 personas y embarcaciones; por primera vez, a la aerolínea Irán Air y más de 65 de sus aviones, y a proyectos civiles de energía nuclear.

Trump anunció en mayo el retiro de EE. UU. del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015, con el pretexto de que la nación persa desarrollaba en secreto un programa nuclear, pese a la negativa consistente del Organismo Internacional de Energía Atómica en 12 informes tras visitas e inspecciones de rigor.  En agosto firmó la reactivación de las sanciones.

Según dijo a la prensa el representante especial de EE. UU. para Irán, Brian Hook, las sanciones ya le han costado al país persa miles de millones de dólares en ingresos petroleros.

En un arranque de supremacía imperial, Trump desoye y contradice a aliados estratégicos, como Inglaterra y Francia —sus socios con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, o la influyente Alemania, que se negaron a seguirlo en su aventurera postura.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu apuntó a quién beneficia esa política: «Este es un gran día para el futuro de Israel», dijo.

Esta vez Trump esgrimió presuntos defectos y carencias del acuerdo nuclear firmado con Irán por el llamado Grupo 5+1 integrado por los cinco integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia, China, Francia, Inglaterra y EE. UU.)  más Alemania, firmado por Barack Obama, para descalificarlo y reclamar otro diseñado a su antojo.

Las fuertes presiones sobre Teherán aspiran a debilitar su economía, generar descontento en los sectores menos favorecidos, provocar el derrocamiento del Gobierno y sustituirlo por uno obediente a Washington y sus corporaciones.

Las medidas «son las más duras que se han implementado contra la República Islámica de Irán», afirmó el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo.

Trump quiere doblegar la revolución popular, islámica y patriótica, que sacó del poder hace cuatro décadas al corrupto y dictatorial  régimen monárquico del Shah Reza Pahlevi, un aliado llegado al poder tras un golpe de Estado, al que Washington entregó hasta armas atómicas.

Según Pompeo,«el régimen iraní puede hacer un giro de 180 grados (…) o puede ver cómo se desmorona su economía». El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, añadió que «la presión financiera sin precedentes  debe dejarle claro al régimen iraní que enfrentará un creciente aislamiento financiero y un estancamiento económico hasta que cambie de manera fundamental su conducta desestabilizadora».

El gran objetivo de Estados Unidos es reducir a cero sus exportaciones del crudo. En palabras de Pompeo: la meta es privar a Irán de los ingresos que según él utiliza para lo que llamó «financiar actividades violentas y desestabilizadoras en todo el Medio Oriente».

Lo que molesta a los grupos de poder gobernantes en Estados Unidos y en Israel —su principal aliado en la región de Oriente Medio— es el apoyo de Irán a las naciones agredidas por el estado sionista y el terrorismo armado y financiado desde el exterior. Se mortifican por la oposición iraní al intervencionismo y la injerencia neocolonial apoyada por la OTAN, tal como ocurrió en Irak y Libia, con el conocido destino de sus respectivos líderes: Sadam Husein y Muamar al Gadafi.

El respaldo de Teherán al gobierno del presidente sirio Bashar al Assad, al Movimiento político-militar libanés Hizbollah y la Resistencia Palestina enervan al estado sionista y motivan sus ataques.

Excepciones necesarias  ¿Temporales o inevitables?

A pesar del objetivo asfixiante de las sanciones, el Gobierno de EE. UU. afirmó que otorgará excepciones temporales de comercio a ocho países, sin entrar en detalles de las razones de fondo de esa concesión. Según informaron Pompeo y Mnuchin, China, India, Italia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Turquía podrán continuar comprando petróleo y otras mercancías a Irán. Al menos por un tiempo, dijeron.

Como si pudiera o estuviera autorizado a regir la política del resto del mundo, Washington afirma que solo estas naciones podrán mantener, por ahora, relaciones económicas con la nación persa.

Cinco de esos países son los mayores consumidores de petróleo de Irán, que cerró el año pasado como el quinto mayor productor del mundo, con una extracción estimada en más de cuatro millones de barriles diarios.

Según fuentes occidentales, la producción de petróleo iraní cayó en casi un millón de barriles este año, pero subrayaron que a pesar de sanciones en el pasado, las exportaciones nunca han caído a cero. Esa industria representa la mayor fuente de ingresos del país. 

El Gobierno de EE. UU. busca que en cuestión de «semanas» los gobiernos de esos países efectúen sus compras de petróleo a nuevas fuentes, para cerrar los ingresos de Irán. Y esa es una apuesta de dudoso éxito.

En tanto, según dijo a la BBC Brian Hook, Arabia Saudita —segunda productora de crudo del mundo,  con 11 millones de barriles por día— ha acordado con Washington incrementar su producción mientras consiguen retirar el petróleo iraní del mercado.

En una formulación tramposa que oculta los verdaderos objetivos de las sanciones, Pompeo alegó: «Nuestro enfoque es lograr que los precios se mantengan estables, con un precio de referencia del Brent justo en el lugar donde se encontraba en mayo de 2018, cuando nos retiramos del Acuerdo Nuclear», reportó Reuters.

La supuesta estabilidad defendida por Pompeo es el nivel deseado por los productores estadounidenses de petróleo con mayores costos.

En realidad, Washington trata de sacar del mercado el petróleo iraní y balancear la oferta y la demanda a su antojo con el petróleo saudita, controlado por empresas norteamericanas.

Tras una fuerte caída de cinco días, desde más de 80 dólares por barril, la cotización a futuro del crudo Brent volvió a subir para ubicarse en cerca de 70 dólares.

Los futuros brutos del West Texas Intermedio (WTI) de EE. UU. cayeron cuatro centavos para ubicarse en 63,10 dólares por barril.

Los precios habían subido a sus máximos niveles en casi cuatro años a principios de octubre, debido a las expectativas de que la imposición de sanciones crearía una escasez de suministro global. Sin embargo, la noticia de las exenciones hizo que los precios bajaran, ya que los principales compradores continuarían importando petróleo iraní.

Fracaso asegurado

Las primeras reacciones de importantes protagonistas de la comunidad internacional anticipan un nuevo descalabro de Washington en Irán.

La Unión Europea, Francia, Alemania y Gran Bretaña dijeron que lamentaban la decisión de Estados Unidos y buscarían proteger a las empresas europeas que hacen negocios legítimos con Teherán.

Rusia, menos expuesta a esas sanciones y aliada con Irán en Siria, declaró que continuará comprando y comercializando petróleo y gas iraní.

Por su lado, en un discurso ante los diputados de su partido en Ankara, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan afirmó: «Para nosotros estas sanciones buscan trastornar el equilibrio del mundo, son contrarias al derecho y a la diplomacia».

Las autoridades iraníes, en particular el presidente  Hassan Rouhani, aseguró que su país no cederá ante el peso de las nuevas sanciones de Trump.

Resulta de un alto valor simbólico que en vísperas de la aplicación por Trump de la nueva fase de su feroz campaña contra la revolución islámica, miles de iraníes protagonizaron una masiva  manifestación frente a la antigua Embajada de Estados Unidos en Teherán,  el 4 de noviembre, fecha que marca el aniversario de su ocupación en 1979 por los estudiantes que sacaron a la luz pública la complicidad del Gobierno estadounidense con el derrocado régimen dictatorial del Shah.

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