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Elecciones en Israel son otro perro, pero con el mismo collar

Tras no conseguir favoritismo hacia ningún partido en las elecciones, Israel se adentra en un tortuoso proceso para llegar a un nuevo Gobierno

Autor:

Leonel Nodal

Israel se adentra en un tortuoso proceso de negociaciones para dotarse de un nuevo Gobierno, después que ninguno de los partidos concurrentes a las elecciones realizadas el martes consiguiera sumar por lo menos la mitad más uno de los 120 diputados que integran el Parlamento (Knesset), encargado de nombrar al Primer Ministro o jefe del Ejecutivo.

El gobernante Partido Likud, del premier Benjamin  Netanyahu, al igual que su principal rival, el partido Azul y Blanco, dirigido por el exjefe del Estado Mayor del Ejército, Benny Gantz, quedaron empatados con 32 asientos  cada uno en la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, algo quedó claro. El fracaso del Likud de Netanyahu se vislumbra como una derrota a plazo fijo, que le impida continuar al frente del Gobierno.

Su descalabro político se acentúa debido a que desde la anterior consulta electoral, efectuada en abril pasado, que tampoco logró ganar, el belicoso Primer Ministro contó con un abierto apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien le extendió todo su sustento económico-diplomático y militar.

Tal alianza reflejó su identificación en el enconado acoso a Irán, al que Israel califica como su principal enemigo y amenaza para su propia existencia.

Por su parte, desde su entrada a la Casa Blanca Trump desplegó una ofensiva contra el Gobierno de la República Islámica, al que acusó de fomentar el       terrorismo y respaldar a grupos extremistas, y atacó por su respaldo a Siria.     

Netanyahu prometió a los colonos judíos la anexión de los asentamientos establecidos en el valle del Jordán, lo que de hecho significa un adiós a la tesis de los dos estados en Palestina, uno israelí y otro árabe. Asimismo, estuvo a punto de lanzar una guerra contra Gaza.

El resultado de la reciente consulta electoral arrojó una distribución de curules parlamentarios bastante difícil de manejar, para que alguno de los dos principales rivales logre sumar una mayoría, y ahora todo parece inclinarlos hacia una alianza, un llamado Gobierno de unidad con una conveniente repartición de cargos, pero sobre todo, sin Netanyahu como Primer Ministro.

Todo el mundo tiene presente que en pocas semanas será sometido a juicio por tres casos de corrupción, por fraude, cohecho y abuso de confianza.

A pesar de los matices que diferencian a sus líderes —tal vez los únicos visibles—, tanto el Likud de Netanyahu como el Azul y Blanco de Gantz son partidos sionistas de extrema derecha, que apoyan la colonización de los territorios palestinos ocupados militarmente, el punto clave para una distinción real.

Un gráfico publicado el martes, tras el conteo del 96,9 por ciento de los votos, ofrecía la imagen de un semicírculo con dos alas de 32 curules correspondientes al Likud y al partido Azul y Blanco, separados en el centro por los nueve diputados de la formación derechista Israel Beitenu, del ultraconservador Avigdor Lieberman.

El emigrante de Moldovia y exministro de Defensa de Netanyahu logró reunir en torno a su figura a un millón de electores procedentes de la ex Unión Soviética —el llamado voto ruso— rabiosos defensores de la política de anexión de los asentamientos judíos en Palestina.

El propio Lieberman, quien mejoró su rendimiento al pasar de cinco escaños en abril a nueve ahora, propuso la alternativa de una conveniente componenda llamada «gobierno de unidad nacional»,  en un mensaje al presidente Reuven Rivlin, quien debe convocar a alguno de los líderes a formar una coalición mayoritaria.

«La única opción es un Gobierno de unidad nacional-liberal (léase extrema derecha no religiosa) con Likud, Gantz e Israel Beiteinu. No hay posibilidad de formar una coalición con el partido árabe, no hay posibilidad de formar un Gobierno con los partidos ortodoxos como lo son ahora, tampoco hay posibilidad de celebrar una tercera vuelta de elecciones», dijo.

También es cierto, aunque le duela, que su abusivo ejercicio del poder contra los palestinos en Gaza y Cisjordania, como contra los residentes dentro de las fronteras del estado sionista, —que votan en los comicios israelíes— permitieron que la «Lista Conjunta Árabe» se alzara con 12 diputados, para convertirse en tercera fuerza política del Parlamento con derecho a ejercer el liderazgo de la oposición.

Una victoria inesperada, pero inspiradora, frente a la alternativa de tener en Israel un Gobierno semejante al anterior, pero con otra cara. Una versión del antiguo proverbio, pero al revés: el mismo perro con otro collar.

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