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No dejo de leerlo cada semana , tal parece un oasis dentro de lo que se lee hoy , con muy buen balance , pues no resulta largo , pero tampoco se queda en la superficie, es siempre motivador. Creo que tenemos par de amigos en común; el Ing Orestes Frias y el Dr Ismael ,por ellos he tenido cosas suyas con anterioridad y de ellos mismos ,pues son personas de élite intelectual y humana. Un saludo y mis mejores deseos para el año que comienza. Everardo Martinez Perez
No quiero ser reiterativo y por ello pesado, pero sepa que a pesar de no enviar comentarios, sus lectores asiduos, estamos ahí, al otro lado, esperando sus columnas. Gracias y feliz año.
Muy buenos sus apuntes y como ya escribia Everardo, un verdadero Oasis entre tantas cosas intrascendentes
Un saludo a usted, Ciro, que siempre trae una nueva historia acerca de la ciudad de La Habana. Pero le recomiendo a usted y otros lectores un libro titulado “Y llegó el comandante… y mandó a parar”, publicado en la Editorial Acana de Camagüey, donde se narran una serie de historias de los políticos, generales y doctores de la República de 1902 a 1959.
Hola, Don Ciro, soy fiel admiradora suya, le he escrito en dos ocasiones a su correo, pero parece ser que no le sobra el tiempo, ya que le solicité su ayuda, no se preocupe lo entiendo! En cualquier caso, feliz año, y siga con estas publicaciones que nos encantan. Gracias
Me alegra leer aquí que la Estatua de Neptuno fue colocada por primera vez en el parque Villalón, donde la recuerdo desde mi niñez y de donde fue removida cuando terminaron la reparación del Teatro Auditorium Amadeo Roldán y colocada en una pequeña fuentecita en la Avenida del puerto casi frente al Castillo de la Fuerza, con el argumento poco sostenido por mi corazón de que ese fue el primer lugar donde estuvo instalada. La imagen ausente de Neptuno, sustituida por algo pequeño e insignificante, deja una nostalgia permanente en todos aquellos que pasamos nuestra niñez bajo el cuidado permanente del Dios del Mar. Ojalá se rectifique el error y algún día sea restituida al lugar que nunca debió abandonar.