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Maikel Oliva ha recibido en tres ocasiones el sello de Vanguardia Nacional Juvenil Campesino.Autor: Héctor Carballo Hechavarría
Sin entrar en contradicción con las líneas cubanas de trabajo en la biotecnología aplicada a la agricultura, deberíamos valorar otorgar certificados orgánicos, por norma internacional, al mayor numero de fincas y granjas que podamos, esto pudiera extenderse a restaurantes y cafeterías, ciento por ciento orgánicos, lo digo, porque lo que más aprecia el turista de Cuba es el medioambiente orgánico, casi, completamente orgánico de la isla, lo cual es difícil de encontrar en otras partes del mundo. Sería un atractivo adicional para el turismo, no solamente para el ecológico que está de moda, sino como una opción más para el turismo normal, sin alteración de precios en los productos, lo cual haría de Cuba un destino mucho más atractivo. En este aspecto tendríamos cuatro objetivos: mantener el equilibrio del medio ambiente como principal tesoro nacional, el desarrollo de extensas áreas certificadas a nivel internacional como orgánicas para apoyar la producción y exportación de miel, derivados, y medicamentos de alta calidad y eficacia a partir de componentes naturales, y que por ejemplo, son de prescripción en Escuelas de Medicina de Europa en un por ciento elevadísimo de pacientes, optimizar la oferta turística cubana sin alterar el precio de estancia al turista, y, crear las condiciones para la exportación de alimentos orgánicos naturales y elaborados de manera tal que los productores de las fincas y granjas se vean estimulados ante la posibilidad de obtener una parte del dinero de ganancia e inversión en divisas por su gestión, como pasa con el tabaco, por ejemplo. La comida orgánica elaborada o natural con certificación valida internacional, es muy difícil de obtener hoy día debido a la contaminación de la industria y el cambio climático, pero Cuba, hasta ahora, presenta condiciones ideales medioambientales para exportar comida orgánica que se vende a precio elevado en el mercado internacional, siempre y cuando lograra un superavit de alimentos en el mercado interno. De momento, para iniciar el mercado, usando la inteligencia, es posible vender determinados renglones orgánicos a precio elevado en el mercado exterior y comprar con ese dinero renglones baratos no orgánicos para el mercado interno de manera que queda un dividendo con el cual pagarle al productor local en divisas, al menos una parte de su producción para que tenga un nivel de consumo adecuado a su esfuerzo. Incluso se pudiera dedicar una parte de la producción al mercado exterior orgánico, como norma. Debemos aplicar cuanta medida de inteligencia sea posible al cuidado del medioambiente cubano y la producción de alimentos cada día más caros en el mercado internacional. Para darles una idea, aquí en Sarasota, Florida, donde vivo, una libra de boniato vale 99 centavos, si tiene certificación orgánica, puede costar el doble. Aquí hay tiendas especiales donde todo es orgánico, y en esos lugares, una libra de boniato puede valer dos o tres dolares. O sea que si valoramos esta situación, en Cuba, nuestros productos agrícolas valen lo que pesan en oro, por su calidad, por su sabor, por su olor, todo depende de que nos valoremos a nosotros mismos y sepamos reconocer lo que somos capaces de hacer tal y como se muestra en este excelente reportaje de Héctor Carballo donde se muestra que el problema agrícola no está del lado de los jóvenes, como lo planteó Raúl, sino de las trabas de la burocracia y la falta de conocimientos sobre nuestras posibilidades y capacidades reales, más una cadena de errores que arrastramos. Podemos tener superavit en el mercado interno, y de paso, exportar alimentos, si queremos. Solo tenemos que pensar en la cantidad de gente que pasa hambre en el Caribe, los vecinos de Cuba, por no tener dinero ni para pagar una lata de sardinas importada. Podemos incluso, ayudar a nuestros vecinos con el precio de los alimentos y la canasta básica.
Yo no soy campesino, pero mi mujer es de procedencia campesina de Montana y llegue a convivir un año en la comunidad donde nació en constante comunicación con los dirigentes del PCC municipal, todos, campesinos, y sé por dentro que si nos quitamos las cadenas de los errores del paso, hoy más que nunca, como fuerzas productivas y comunidades científicas en Cuba, somos capaces no solo de llenar el mercado interno el año entero de productos comestibles, no solo de bajar los precios de los alimentos en la isla, sino que somos capaces de producir alimentos, además, para Haití, al menos, durante los diez años que Haití necesita para recobrarse, y me parece a mí, que por dignidad de cubanos, tenemos ese deber ante la nación caribeña que prendió la primera antorcha de igualdad racial y libertad en América. Sin Haití, los cubanos no seríamos como somos hoy.