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Argelia fue la sede del XV Festival, primero celebrado en el continente africano. Autor: Ernesto Mastrascusa
De la misma manera que fue noticia el terremoto que desbastó a Haití y se conocieron las promesas de apoyo financiero, hoy las agencias internacionales de noticias divulgan que solo el 2 % de la ayuda prometida se ha materializado. Miles de haitianos sobreviven en carpas y sufren hambre en todo el territorio. Me parece excelente la celebración del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Sudáfrica, para que la Humanidad, especialmente Hispanoamérica, propicie la participación de una nutrida representación de los jóvenes haitianos para que soliciten con sus bailes, sus cantos y su historia, el ejercicio del “internacionalismo de los oprimidos” que ellos mostraron al mundo con su Revolución victoriosa. La nación que Simón Bolívar denominó “el asilo de los hombres libres” necesita que la juventud del mundo exprese el deseo de libertad, fraternidad, humanismo, anticolonialismo, antirracismo y antiesclavismo que animó a los haitianos a ayudar a la región hispanoamericana en su lucha de liberación nacional. Toussant, Petion, Desaline, Miranda, Bolívar desde la gloria en que se encuentran, convocan a los jóvenes del mundo a reeditar la Ceremonia del Bosque Caimán de 1791 y junto a Mackandal reconstruir un Haití sin falsas promesas, sin afanes mercantilistas ni pretensiones hegemónicas. Devolvamos el gesto solidario, de trascendencia histórica que ofrendó Haití a la humanidad con su Revolución antiesclavista victoriosa. Se trata de una iniciativa que me gustaría fuera remitida a los organizadores del Festival