Enigma en la paletica

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

En una simple y ordinaria paletica de chocolate pueden ventilarse muchos misterios. Mientras uno la saborea siente que en vez de energía para el cuerpo le está entrando un torrente de preguntas al cerebro.

Es como si inconscientemente se protagonizara alguno de esos filmes en los que de un pequeño detalle inicial el personaje reconstruye una historia complicada, aunque en este caso el desenlace sea un suspenso, tan enigmático como las líneas de Nazca.

Si esto ocurre aquí, ¿por qué no allá y acullá? ¿Acaso este es un país aparte?... Pregunta tras pregunta el consumo de la golosina se va convirtiendo más en un ejercicio intelectual, en crucigrama lleno de cuadrados vacíos, necesitados de respuesta.

Lo sorprendente es que a tantos cuestionamientos el presidente del Gobierno en la provincia de Granma, ganadora de la sede del Día de la Rebeldía Nacional, da una respuesta escueta, clara, directa, aunque no por ello menos provocadora, desafiante.

«Aquí hemos defendido la política de que las empresas tienen que ser rentables, pero no puede ser a costa de tener precios exorbitantes. Tiene que ser el resultado de incrementar la cantidad y calidad de la oferta, en correspondencia con las posibilidades del salario, con márgenes de ingreso que cubran los costos y den ganancias, aunque evitando que estas sean desmesuradas. Por eso, entre otras cosas, mientras una paletica de chocolate cuesta tres pesos en esta provincia, en el resto del país vale cinco».

No hay demasiados artificios en la respuesta, ni teorizaciones acabadas, salidas de renombradas escuelas de economía. Y eso, incluso, les da mayor realce a los criterios de la dirección política y gubernamental de ese territorio.

Estos últimos llevan en su sencillez un sentido común y dimensión social formidables. Demuestran cuán inexplorado está aún darles a la economía y los servicios ese sentido político que tantas veces hemos defendido para el modelo socialista; pues si bien «satisfacer las necesidades del ser humano» es una estrategia general, a veces se derrite como una paletica su concreción en la vida cotidiana.

Nuestra historia reciente es abundante en casos y circunstancias en los que la búsqueda artificial de la rentabilidad y de mayores ingresos se convirtió en «El Dorado empresarial», bajo la filosofía de «ganarle lo más posible a lo poco vendible».

Hay quienes disfrutan navegar en una mar de bonanza mercantil, sobre olas millonarias de ganancias, mientras necesidades sociales claves andan a la deriva. Llevan mejor la cuenta de lo ingresado que la de lo resuelto.

Empresarios que rinden culto al «economicismo» como a un dios, en la creencia de que si la empresa y la macroeconomía van bien, igual le irá al común de la gente.

Lo curioso es que vender a precios asequibles productos con calidad, ofrecer un buen servicio, tener instalaciones agradables, no es sinónimo de irrentabilidad. En la provincia de Granma también se han encargado de demostrarlo.

Anteriormente formaba parte de esa extraña y voluminosa cofradía de territorios que debía recibir, por ejemplo, millonarios subsidios por pérdidas en la gastronomía. Ahora, cuando venden dulces a precios que algún colega llamó de la época brezhneviana —a 15 y 20 centavos en algunos lugares—; cuando tienen una red gastronómica loable, en vez de reclamar esos subsidios por pérdidas, pueden ufanarse de tener ganancias de 16 millones de pesos en los meses transcurridos de este año.

¿Asiste o no razón entonces para preguntarnos por lo extraño, lo misterioso, que tienen esas paleticas saboreadas por los granmenses? Al parecer esas capitas de chocolate cubren un mayor «valor» que su precio de venta.

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