Un regalo para nuestro pueblo

Autor:

Juventud Rebelde

Desde el 15 de julio, el pueblo cubano ha podido seguir, detalle a detalle, gracias a la radio y la televisión, las actuaciones de nuestros atletas en los XX Juegos Centroamericanos y del Caribe, directamente desde Cartagena de Indias.

Esto, en realidad, no es ya noticia en nuestro país, pues desde hace muchos años ha sido, prácticamente, una costumbre, y por lo reiterado se ha convertido también en una necesidad.

Para quienes no conocen los antecedentes históricos, puede parecer muy simple realizar transmisiones radiales o de televisión desde otro país, 12, 14 o más horas diarias con un equipo de trabajo compuesto por más de 30 especialistas, entre narradores, periodistas, ingenieros, camarógrafos, editores y técnicos.

En primer lugar se debe tomar en cuenta que los medios de difusión masiva en nuestro país no son comerciales, y por consiguiente todos los gastos que esta actividad origina son por cuenta del Estado, por considerar que, al igual que el deporte, la información es también un derecho del pueblo.

Antes del triunfo de la Revolución, en opinión de este comentarista, el único antecedente que se recuerda fue cuando en 1950, en ocasión de celebrarse los VI Juegos en la ciudad de Guatemala, una emisora capitalina, la CMBZ Radio Salas, transmitió algunos encuentros de béisbol en la voz del narrador Rafael Rubí, mientras en La Habana se le insertaban anuncios comerciales con un locutor en cabina.

Y a propósito, fue así como se dieron a conocer dos jóvenes figuras, que en breve tiempo se convirtieron en ídolos de la afición: Ángel Scull y Edmundo Amorós, que integraron por primera vez el equipo Cuba.

Luego de aquel esfuerzo de la Radio Salas, no volvió a transmitirse nada de los Centroamericanos hasta después del triunfo de la Revolución, cuando en 1962, en Jamaica, se brindaron por Radio Progreso los juegos de béisbol y el boxeo, desde Sabina Park; la inauguración y el fútbol en el Estadio Nacional y varios noticieros deportivos.

Durante una de aquellas transmisiones de béisbol, se produjo un serio incidente, cuando un grupo de apátridas, desde las gradas del estadio, pretendieron insultar a los atletas cubanos, y estos se enfrascaron en una batalla campal con los provocadores, que huyeron de la instalación.

Posteriormente, se hizo una segunda incursión en ocasión de los Centroamericanos de Puerto Rico. Allí se transmitieron los juegos de béisbol desde el estadio de Caguas, el boxeo en el estadio Hiram Bithorn y algunos encuentros de baloncesto.

En 1970, en Panamá, la situación fue distinta. El número de coberturas fue en aumento y ya no solo se transmitían el béisbol y el boxeo, sino que se añadieron otras disciplinas deportivas como atletismo y fútbol.

La radio ha continuado transmitiendo, ininterrumpidamente, todos los Juegos Centroamericanos: Santo Domingo 1974, Medellín 1978, La Habana 1982, y así sucesivamente, hasta los actuales Juegos de Cartagena de Indias.

Es a partir de los Juegos de Medellín, Colombia en 1978, que entra en escena la televisión. En aquella oportunidad se transmitieron juegos de béisbol, boxeo, atletismo y otros, aprovechando las escasas posibilidades técnicas que ofreció la Televisión Colombiana, pues solo existía una estación terrena y esta se hallaba en Bogotá, por lo que las señales de video viajarían hasta la capital por la única vía de microondas con que contaban, y ello impedía la realización de transmisiones.

Tres años antes de los Centroamericanos de Medellín se había realizado el primer experimento con la transmisión, desde Ciudad de México, de los Juegos Panamericanos, aunque en esa oportunidad todavía no se usó el satélite, pues la señal viajó por microondas desde el Distrito Federal por todo el territorio mexicano hasta Austin, Texas; desde allí por la misma vía hasta la Florida, y llegaba a Cuba utilizando el troposférico de Guanabo.

Todos los siguientes Juegos Centroamericanos se han transmitido para Cuba, con no pocas dificultades, sobre todo por la falta de recursos, posibilidades o interés de las televisoras de los países organizadores, como fueron los casos de Santiago de los Caballeros 1986; Ponce, Puerto Rico 1993 y Maracaibo-1998.

En estos mismos juegos que tienen lugar en Colombia, donde la televisión llena nuestras pantallas durante diez o doce horas diarias, la TV comercial del país organizador no cuenta con suficientes unidades de control remoto para satisfacer las necesidades de coberturas requeridas, y es por ello que en el grupo de trabajo del ICRT se incluyeron tres camarógrafos con cámaras portátiles, para poder captar imágenes de algunas disciplinas deportivas que allí no se están televisando, y así poder hacerlas llegar a nuestros televidentes.

A este refuerzo de los trabajadores de la televisión se une también el del grupo de compañeros que realizan las transmisiones de radio, que por facilidades que les permite ese medio, pueden estar presentes, teléfono o micrófono en mano, en lugares donde no puede llegar la televisión.

Los grandes eventos múltiples —como son los Centroamericanos, Panamericanos, Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales— forman parte ya de las necesidades recreativas de nuestra población. Su difusión, cuando ocurre en época de vacaciones, que es en la mayoría de los casos, posibilidades técnicas regalo y es por ello que el Estado cubano no escatima esfuerzos para el disfrute del pueblo trabajador.

Nuestros medios de difusión están haciendo historia. ¡Qué distinto a aquella época en la que estos eventos pasaban sin penas ni glorias, y nadie se enteraba de los triunfos de los esforzados atletas que asistían a los Juegos!

*Eddy Martin había escrito este comentario horas antes del accidente que lo mantiene hospitalizado en estado grave desde hace varios días.

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